Visiones y éxtasis
Desde la infancia, Catalina practicó la oración y la penitencia, y tuvo experiencias visionarias. Más adelante vivió prolongados estados de éxtasis. Una tradición biográfica describe, por ejemplo, episodios en los que quedaba absorta durante muchas horas y reproducía corporalmente algunos gestos relacionados con la Pasión de Cristo.
Durante esos estados, Catalina podía perder la conciencia ordinaria del entorno y, en ocasiones, dirigir exhortaciones a quienes la rodeaban. Estas experiencias pertenecen al ámbito de la contemplación mística y no equivalen a una presencia corporal simultánea en otro lugar.
En 1370 recibió, según la tradición hagiográfica, manifestaciones espirituales que la impulsaron a abandonar una vida más retirada para dedicarse a la actividad apostólica y pública. A partir de entonces escribió cartas, intervino en conflictos políticos y trabajó por la paz entre ciudades y autoridades eclesiásticas.
Conocimiento de personas ausentes
Los biógrafos atribuyen a Catalina un conocimiento extraordinario de las tentaciones y dificultades de algunos discípulos que no estaban presentes. Ese tipo de conocimiento pertenece a los llamados dones de discernimiento o de conocimiento sobrenatural, pero no prueba por sí mismo la bilocación.
La capacidad de aconsejar a distancia mediante cartas tampoco constituye bilocación. Catalina ejerció una actividad epistolar muy amplia: todavía se conservan alrededor de cuatrocientas cartas atribuidas a ella, dirigidas a personas de muy diversa condición.
Éxtasis en público
La tradición de sus primeros biógrafos afirma que Catalina entraba en éxtasis no solo cuando estaba sola, sino también en iglesias y en presencia de familiares o discípulos. Algunos testigos la vieron elevada del suelo durante la oración.
Aunque estos relatos describen fenómenos extraordinarios, no narran que Catalina apareciera simultáneamente en otra ciudad o comunidad. Una levitación, un trance o una pérdida de conciencia no son sinónimos de bilocación.
Los estigmas
En 1375, mientras estaba en Pisa, Catalina recibió los estigmas, aunque pidió que las marcas no fueran visibles exteriormente durante su vida. Esta tradición forma parte de la historia espiritual de la santa, pero tampoco guarda relación necesaria con la bilocación.