Wikitólica

La enciclopedia y wiki católica en español

Cruz

Bilocación de Santa Liduvina de Schiedam

La bilocación de Santa Liduvina de Schiedam se refiere al fenómeno místico por el cual esta santa holandesa del siglo XV parecía estar presente en dos lugares simultáneamente durante sus éxtasis, con su espíritu viajando a sitios lejanos como Roma, Palestina o el Calvario mientras su cuerpo permanecía inmóvil en Schiedam. Este carisma, documentado en biografías contemporáneas y hagiografías católicas, subraya su unión profunda con Cristo y su participación espiritual en los misterios de la Redención, convirtiéndola en un ejemplo de santidad victimada y mística contemplativa. Aunque no oficialmente canonizada, su culto fue confirmado por el papa León XIII en 1890, y sus experiencias han sido estudiadas como testimonios de la gracia divina en la tradición católica.1,2,3

Tabla de contenido

Vida de Santa Liduvina de Schiedam

Santa Liduvina nació el 18 de abril de 1380 en Schiedam, Holanda, en el seno de una familia humilde: su padre Pedro provenía de linaje noble pero empobrecido, y su madre Petronella era una campesina de Kethel. Desde niña mostró una devoción especial hacia la Virgen María, orando ante la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Schiedam.1

A los 15 años, durante el invierno de 1395, sufrió un grave accidente mientras patinaba sobre hielo con amigas: una caída violenta le fracturó una costilla, desencadenando un martirio de 38 años. La herida se gangrenó, extendiéndose por todo su cuerpo, causándole dolores intensos, hinchazón, hidropesía y úlceras purulentas. A pesar de tratamientos médicos fallidos, Liduvina aceptó su sufrimiento como cruz ofrecida por la salvación de las almas, rechazando cualquier alivio que no viniera de Dios.1,2

Su habitación, aunque oscura para protegerla de la luz, emanaba a veces un perfume celestial y se iluminaba con brillo sobrenatural, atrayendo multitudes. Reducida a alimentarse solo de la Eucaristía durante sus últimos 19 años —según testimonios jurados—, desarrolló dones proféticos, de curación y discernimiento. Discernió un huésped no consagrado que le presentó su párroco escéptico, Andries, quien inicialmente la acusó de posesión diabólica.1,2

Visitada por místicos como Wermbold de Roskoop, Arnold de Schoonhoven y Hendrik Mande, Liduvina consoló a muchos con sus visiones divinas. Murió el 14 de abril de 1433, y su cuerpo incorrupto exhaló fragancias milagrosas. Es patrona de los patinadores por su accidente.4,3

El concepto de bilocación en la tradición católica

La bilocación, o multiplicación de presencia, es un carisma extraordinario reconocido por la Iglesia católica, mediante el cual una persona se hace visible y tangible en un lugar distinto al de su cuerpo físico. Difiere de la visión o el éxtasis simple, ya que implica una presencia real y verificable por testigos externos. Ejemplos clásicos incluyen a San Antonio de Padua, visto predicando en otro pueblo mientras oraba en Padua, o San Pío de Pietrelcina, documentado en múltiples sitios simultáneamente.2

En el caso de Liduvina, la bilocación se manifiesta principalmente como viajes espirituales durante trances catalépticos, donde su alma se desplaza a lugares remotos mientras el cuerpo queda rígido e insensible. Aunque no siempre física (como presenciarla corporalmente en otro sitio), estos fenómenos equivalen a bilocaciones en la hagiografía, enfatizando la primacía del espíritu sobre la materia. La Iglesia examina tales casos con rigor para descartar ilusiones o fraudes, valorando testimonios oculares y frutos espirituales.2

Las experiencias místicas de bilocación de Santa Liduvina

Éxtasis y trances catalépticos

Desde alrededor de 1407, Liduvina entró en frecuentes éxtasis prolongados, durante los cuales su cuerpo yacía en estado cataléptico: rígido, frío e insensible al dolor o pinchazos. Testigos jurados describen cómo, en estos estados, su espíritu se elevaba para comunar con Jesucristo, los santos y su ángel custodio.2

Sus biógrafos destacan que nunca perdía de vista su vocación victimista: los éxtasis intensificaban su sufrimiento físico al regreso, reforzando su unión con la Pasión de Cristo. En uno de estos, ayudó a Jesús a llevar la cruz en el Calvario; en otros, contempló las penas del purgatorio o gozó de antemano las alegrías del Cielo.2

Viajes espirituales a lugares santos

Lo más notable son los desplazamientos bilocantes de su alma:

Wermbold de Roskoop, visionario, la vio en espíritu antes de visitarla físicamente, confirmando recíprocamente sus experiencias místicas.1 Estos viajes no eran meras visiones imaginarias, sino presencias reales, ya que Liduvina describía detalles verificables por testigos, como eventos ocurridos simultáneamente en otros lugares.2

Testimonios contemporáneos

Varios autores documentaron estos fenómenos:

A pesar de calumnias del párroco Andries —quien la privó temporalmente de la Comunión—, una investigación eclesiástica vindicó su santidad, permitiéndole recibirla quincenalmente.2

Milagros y signos asociados a la bilocación

Durante éxtasis bilocantes, Liduvina obraba curaciones milagrosas a distancia: enfermos sanaban al tocar reliquias suyas o al ser invocados en sus viajes espirituales. Su habitación se llenaba de luz celestial, interpretada como reflejo de su alma en comunión con lo divino.2

Su sobrina Petronilla murió protegiéndola de soldados, y Liduvina añadió penitencias por su alma, incluyendo un cíngulo de crin. La muerte sucesiva de familiares intensificó su inmolación espiritual.2

Post mortem, su cuerpo incorrupto y fragante atrajo peregrinaciones, con curaciones atribuidas a su intercesión bilocante desde el Cielo.3

Significado teológico y devocional

La bilocación de Liduvina ilustra la doctrina católica de la preeminencia del alma y la posible transfiguración del cuerpo por la gracia (cf. 1 Cor 15, 42-44). Como víctima unida a Cristo, sus desplazamientos espirituales prefiguran la resurrección gloriosa, donde el alma y cuerpo se reunirán en perfecta movilidad divina.2

En la tradición mística, recuerda a Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz, enfatizando la oración contemplativa como vía para tales carismas. Su patronazgo de patinadores une lo cotidiano al milagro: el hielo de su caída se convirtió en pista para su santidad.4

Aunque no canonizada formalmente, León XIII confirmó su culto en 1890, y biografías como las de Butler (1990) la presentan como modelo de paciencia.2,3 Devotos la invocan para enfermedades crónicas y fortaleza en pruebas.

Biografías y fuentes históricas

Las principales fuentes son:

Estudios modernos, como Sainte Lydwine de Hubert Meuffels (1925), corrigen exageraciones literarias, priorizando testimonios primarios.3

Citas

  1. Santa Lidwina, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Santa Lidwina (1913). 2 3 4 5 6 7

  2. Alban Butler. Vidas de los santos de Butler: Volumen II, § 101 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14

  3. B15: Santas Basilissa y Anastasia, mártires (c. d.C. 65 ?), Alban Butler. Vidas de los santos de Butler: Volumen II, § 102 (1990). 2 3 4 5 6 7

  4. Patinadores sobre hielo – Lidwina, Magisterium IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Patinadores sobre hielo. 2