La bioética puede entenderse como una disciplina interdisciplinar: interroga las decisiones en el ámbito sanitario y biomédico a la luz de criterios éticos. El punto de partida no es únicamente el progreso técnico, sino la pregunta moral: ¿qué es correcto hacer con la persona humana cuando entran en juego procedimientos médicos, investigación científica y políticas de salud? En este sentido, la bioética posee una dimensión cultural y también política y jurídica, porque las respuestas éticas repercuten en normas, instituciones y prácticas sociales.3
Desde la perspectiva católica, la bioética no se reduce a una «ética aplicada» sin raíces, sino que hunde su fundamento en una visión coherente del ser humano. Por eso, la Iglesia sostiene que la ética no es un adorno externo a la ciencia: el uso responsable del conocimiento científico exige criterios morales, criterios que la ciencia, por sí sola, no puede proporcionar.3
