La teología católica afirma que solo Dios es bueno1. Jesucristo mismo lo indicó al joven rico, señalando que Dios es el Bien absoluto que nos atrae1. La naturaleza divina es la fuente y el modelo de toda ley moral y virtud1. La bondad de la criatura, ya sea en el orden de la naturaleza, la gracia o la gloria, es siempre una participación en la bondad única, eterna y perfecta de Dios1. En este sentido, la bondad de Dios no es algo accidental, sino que es una con su ser2.
Para Santo Tomás de Aquino, el ser y el bien son objetivamente lo mismo2. El bien es el ser concebido como deseable, mientras que la verdad es el ser como objeto del intelecto2. Dios, al ser el Ser Supremo y la fuente de todo otro ser, es consecuentemente el Bien Supremo, y la bondad de las criaturas surge de la difusión de Su bondad2. La bondad de Dios es infinita y difusiva de sí misma, lo que significa que Su naturaleza se inclina a comunicarse y manifestarse3.
