Todo ente es uno, verdadero y bueno
La doctrina de la convertibilidad afirma que ens et unum convertuntur, ens et verum convertuntur y ens et bonum convertuntur: el ser y la unidad, el ser y la verdad, el ser y el bien son convertibles.
Esto significa que todo lo que existe es, por el mismo hecho de existir:
- Uno, porque posee una determinada identidad y no constituye una pura dispersión.
- Verdadero, porque resulta inteligible y corresponde a la idea divina que lo funda.
- Bueno, porque posee una perfección y puede convenir a algún apetito.
- Bello, en cuanto manifiesta una forma, un orden y una perfección capaces de suscitar conocimiento y complacencia.
La convertibilidad no sostiene que todas las criaturas posean idéntico grado de unidad, verdad, bondad o belleza. Cada ente participa de estas perfecciones según su naturaleza y su grado de ser. Una persona, un animal, una planta y un objeto inerte son verdaderos y buenos en sentidos proporcionados a su modo de existir.
Convertibilidad y diferencia conceptual
La convertibilidad tampoco elimina las diferencias conceptuales. «Verdadero» no significa exactamente lo mismo que «bueno», aunque ambos se predican del mismo ente. La verdad mira principalmente a la relación con el intelecto; el bien, a la relación con la voluntad o el apetito; la belleza integra ambas dimensiones.
Una formulación clásica ordena los trascendentales así: después del ser viene la unidad; después de la unidad, la verdad; y después de la verdad, el bien. El intelecto necesita captar algo como uno para comprenderlo; al comprenderlo, lo reconoce como verdadero; y, al descubrir su perfección, puede amarlo como bueno.
Fundamento divino
En las criaturas, la verdad y la bondad tienen su fundamento último en Dios. Una cosa es verdadera porque procede del intelecto divino y puede adecuarse al conocimiento humano; es buena porque recibe del acto creador una perfección que la orienta a su fin. La metafísica tomista distingue así entre el ser participado de las criaturas y la plenitud del ser divino.
Dios no posee la verdad, el bien y la belleza como perfecciones recibidas. Dios es la Verdad, el Bien y la Belleza subsistentes. En Él, esencia y existencia son idénticas; en las criaturas, la existencia es recibida y limitada por la esencia.