La composición exacta varió según la época, el tipo de documento y la práctica de la Cancillería Apostólica. Con frecuencia incluía los siguientes elementos:
Invocación y encabezamiento
El documento comenzaba con el nombre del papa y su título solemne. La fórmula tradicional «obispo, siervo de los siervos de Dios» expresaba la autoridad episcopal del pontífice y, al mismo tiempo, su concepción ministerial del gobierno eclesial.
Destinatario
La bula podía dirigirse a toda la Iglesia, a una provincia eclesiástica, a una diócesis, a una comunidad religiosa, a una autoridad civil o a una persona concreta.
Exposición
La parte expositiva presentaba los motivos de la intervención pontificia: una petición, una necesidad pastoral, una controversia, una cuestión disciplinar o la conveniencia de confirmar una situación jurídica.
Disposición
La disposición contenía la decisión pontificia. Allí aparecían la concesión, la norma, la confirmación, la condena o la definición que otorgaba al documento su efecto jurídico o doctrinal.
Cláusulas finales
Las cláusulas finales podían incluir prohibiciones, penas, mandatos de publicación, disposiciones sobre la ejecución del documento y fórmulas destinadas a protegerlo contra alteraciones.
Datación y autenticación
La fecha, el lugar de expedición, las firmas, las suscripciones y el sello formaban parte de los elementos esenciales para estudiar la autenticidad y el valor jurídico del documento. La diplomática pontificia examina también el material, el plegado, la escritura, los testigos y la forma de unir el sello al pergamino.