Orígenes y primeros siglos
Los primeros documentos papales aparecen en forma de pergaminos con sellos de plomo ya en el siglo VIII, aunque el término bulla no se aplicó hasta el siglo XIII. En la época de Adriano I (772‑795) se introdujo la práctica de la «doble fecha» y el uso más sistemático del sello papal.
Desarrollo medieval
Durante la Edad Media la bula adquirió una estructura formalizada: superscripción con el título papal, cláusula de perpetuidad (in perpetuam memoriam), y, a partir del siglo XII, la suscripción del papa y de varios cardenales. La distinción entre grandes y pequeñas bulas se hizo evidente; las primeras contenían cláusulas de perpetuidad y eran firmadas por la curia, mientras que las segundas empezaban directamente con la salutación y la bendición apostólica.
Reforma de los siglos XVI‑XIX
El siglo XVI mantuvo la escritura arcaica scrittura bollatica y el sello de plomo, pero el papa León XIII, mediante un motu proprio, simplificó la forma: las bulas pasaron a redactarse en una letra romana clara, similar a la de los breves, y el sello de plomo fue sustituido en muchos casos por un sello rojo de tinta. Desde 1878 la redacción y el sellado se modernizaron, aunque la complejidad del proceso permaneció.