Raíces en la tradición litúrgica de la Epifanía
La Cabalgata de Reyes Magos tiene sus fundamentos en la celebración de la Epifanía, fiesta que desde los primeros siglos del cristianismo conmemora la adoración de Jesús por los Magos, su bautismo en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná. Ya en el siglo IV, en regiones como España y Tracia, se observaba como solemnidad mayor, con suspensión de actividades civiles.3 La Iglesia primitiva veía en los Magos los primeros frutos de las naciones paganas que acogen la Buena Nueva, representando la universalidad de la salvación.1
En la Edad Media, las representaciones teatrales de los Magos se popularizaron en Europa, evolucionando hacia procesiones que evocaban su viaje guiados por la estrella. En España, estas prácticas se vincularon a la devoción navideña, influida por la liturgia que une el pesebre con la venida de los gentiles.4
Desarrollo en la España contemporánea
La cabalgata moderna surge en el siglo XIX, con las primeras procesiones documentadas en ciudades como Madrid y Alcoy (Alicante), donde en 1885 se organizó una de las más antiguas. Se consolidó en el XX como tradición familiar y municipal, regulada por ayuntamientos pero impregnada de simbolismo católico. La Congregación para el Culto Divino destaca su armonía con la liturgia, al acompañar costumbres como la bendición de hogares, a menudo con procesiones de niños escoltados por sus padres, que expresan la bendición de Cristo por intercesión de los Reyes.2
Hoy, las cabalgatas más destacadas se celebran en Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, atrayendo a miles de participantes y espectadores, con un énfasis en la inclusión de inmigrantes como símbolo de los «gentiles» que acuden al Salvador.5
