Herida de la inteligencia y de la voluntad
El pecado original oscurece la inteligencia y debilita la voluntad. La persona puede conocer bienes verdaderos y realizar acciones buenas, pero experimenta dificultad para orientar de manera estable toda su vida hacia Dios. La voluntad conserva su libertad, aunque ya no posee la integridad y facilidad para el bien propias de la justicia original.,
Esta herida explica la experiencia universal de la inclinación al mal. La existencia humana presenta una contradicción interior: la persona reconoce el bien, pero encuentra resistencia dentro de sí; desea la justicia, pero puede actuar contra ella. La revelación cristiana interpreta esta experiencia como consecuencia de la ruptura originaria con Dios.,
Concupiscencia
La concupiscencia es la inclinación desordenada que permanece en el ser humano después del bautismo. No equivale por sí misma a un pecado personal, porque no constituye una decisión voluntaria. Sin embargo, inclina hacia el pecado y dificulta el dominio de la voluntad sobre los deseos y las pasiones.
La caída alteró también la relación entre el alma y el cuerpo. El dominio ordenado de las facultades espirituales sobre el cuerpo quedó quebrantado, y la relación entre el hombre y la mujer pasó a estar marcada por la tensión, la lujuria y la dominación.
Muerte y sufrimiento
La muerte, tal como la experimenta la humanidad, entró en la historia como consecuencia del pecado. La tradición doctrinal relaciona la pérdida de la gracia con la pérdida de la santidad y la justicia originales y con la sujeción al poder de la muerte.,
El sufrimiento, el trabajo penoso y la fragilidad corporal forman parte de esta condición caída. La fe católica no concluye que cada sufrimiento concreto constituya un castigo personal por un pecado particular. La doctrina afirma, más ampliamente, que toda la condición humana quedó afectada por la ruptura originaria.
Desorden de las relaciones humanas
La caída hiere las relaciones entre las personas. El Génesis muestra esta fractura mediante la vergüenza, la acusación y la dominación. La historia posterior de la humanidad prolonga ese desorden en formas de violencia, injusticia, rivalidad y opresión.,
El fratricidio de Caín y Abel aparece como una primera manifestación de la expansión del pecado. Más adelante, el Génesis describe una corrupción extendida entre los hombres y presenta la torre de Babel como imagen de una humanidad que pretende alcanzar su grandeza sin Dios y termina dividida.