Los orígenes del calendario cristiano se remontan a las prácticas judías de computación del tiempo, que se basaban en el mes lunar3. Sin embargo, la Iglesia primitiva comenzó a desarrollar su propio sistema, centrado principalmente en la celebración de la Pascua3,4. Con el tiempo, se añadieron otras festividades importantes, como la Natividad de Cristo y los días de los santos3.
Uno de los hitos más significativos en la historia del calendario fue la reforma gregoriana de 1582, promulgada por el Papa Gregorio XIII mediante la bula Inter Gravissimas5,6. Esta reforma ajustó el calendario para corregir desajustes acumulados a lo largo de los siglos, especialmente en lo que respecta al cálculo de la fecha de la Pascua5,7. El Papa Gregorio XIII abolió el calendario antiguo y ordenó el uso del nuevo calendario reformado, que incluía un martirologio adaptado6,8.
