El calendario romano general organiza la celebración del año litúrgico para el conjunto del rito romano. No es solo una relación de fechas conmemorativas: establece qué celebraciones corresponden a cada día y permite que las comunidades ordenen la liturgia en torno a los acontecimientos de la salvación y a la memoria de los santos. Las normas litúrgicas distinguen entre un calendario general, destinado a todo el rito romano, y calendarios particulares, preparados para una Iglesia local o una familia religiosa.2
El calendario general integra dos grandes conjuntos. El Propio del Tiempo contiene el ciclo de celebraciones relacionado con el misterio de la salvación; el Propio de los Santos recoge las celebraciones de santos de importancia universal y de otros santos que manifiestan la amplitud y la continuidad de la santidad en el pueblo de Dios. Así, el calendario presenta conjuntamente la celebración de la obra salvadora de Cristo y la memoria de quienes vivieron la fe de manera ejemplar.1
La presencia de los santos no constituye un ciclo independiente del misterio cristiano. La presentación oficial del calendario vincula sus fiestas con la obra de Cristo: recuerda que proclaman sus maravillas en los santos y ofrecen ejemplos de vida cristiana. La celebración de los santos, por tanto, acompaña el año litúrgico sin sustituir su centro, que es el misterio de la salvación.3

