La calumnia (del latín calvor, que significa usar artilugio o engañar) se define como el acto de dañar injustamente la buena fama de otro atribuyéndole un delito o una falta que no ha cometido1. A diferencia de la detracción, donde se revelan faltas reales de una persona, la calumnia implica la difusión de falsedades a sabiendas2. El Catecismo de la Iglesia Católica establece que quien es culpable de calumnia, a través de comentarios contrarios a la verdad, daña la reputación de otros y da pie a juicios falsos sobre ellos3.
Este pecado es una violación de la verdad y va en contra del respeto debido a la reputación de las personas, el cual prohíbe toda actitud y palabra que pueda causarles un daño injusto3. La calumnia destruye el honor y la buena fama del prójimo, que son testigos sociales de la dignidad humana y un derecho natural de todo individuo. Por lo tanto, ofende tanto a la virtud de la justicia como a la caridad4,5.
