La Iglesia Católica ha abordado la cuestión de la predestinación de manera diferente al calvinismo, enfatizando el libre albedrío humano y la voluntad salvífica universal de Dios.
Libre Albedrío y Gracia
Mientras que el calvinismo postula la depravación total y la gracia irresistible, la enseñanza católica, aunque reconoce la grave herida del pecado original, afirma que el libre albedrío humano no fue destruido, sino debilitado. Santo Tomás de Aquino explica que la salvación del predestinado depende de sus acciones, y que estas acciones se realizan libremente. Aunque la salvación depende de la ayuda divina, el hombre usa esa ayuda libremente y tiene el poder de consentir o no consentir a la gracia. La gracia de Dios es eficaz para inclinar la voluntad, pero no «bloquea totalmente el poder de retener el consentimiento».
La Iglesia Católica condena la noción de gracia irresistible, que fue un punto clave en el jansenismo, una doctrina que comparte características principales con el calvinismo,.
Voluntad Salvífica Universal de Dios
La Iglesia Católica enseña que Dios desea la salvación de todos los hombres (1 Tim 2,4). Sin embargo, Agustín de Hipona, en su lucha contra el pelagianismo, a veces interpretó la expresión «todos los hombres» de maneras distintas a su significado literal, sugiriendo que se refería a muchos hombres, a hombres de todas las razas, o a los predestinados. No obstante, la posición católica predominante es que la condenación de los que se pierden se debe a sus propios deméritos y no a una predestinación divina positiva al pecado o al infierno,.
Los concilios católicos han rechazado explícitamente la «doble predestinación» tal como la entendía Calvino. El Concilio de Orange (529 d.C.) y el Concilio de Quiercy (849 d.C.) confirmaron la condena de una doble predestinación. El Concilio de Valence (855 d.C.), aunque usó la frase «doble predestinación», la interpretó en el sentido de que «en la elección de los que se salvan, la misericordia de Dios precede a sus méritos; mientras que, en la condenación de los que se damnifican, los deméritos preceden al justo juicio de Dios». Además, se afirma que «Cristo no murió por los condenados» solo en el sentido de que los condenados hacen vana la acción redentora de Cristo, y que nadie es condenado sin quererlo libremente.
Comparación con Agustín de Hipona
Mientras que los defensores del predestinacionismo herético, desde Lucidus y Gottschalk hasta Calvino, han apelado a Agustín como testigo clave, los teólogos católicos ven en la enseñanza de Agustín a lo sumo solo una predestinación a la gloria, paralela a una «reprobación negativa» al infierno. Agustín, sin embargo, está «enteramente libre de la idea de Calvino de que Dios predestinó positivamente a los condenados al infierno o al pecado». Algunos historiadores de dogma han señalado que Agustín, con el aumento de su rigorismo, expresó la noción de «gracia irresistible» (gratia irresistibilis), sobre la cual el jansenismo construyó su sistema herético de gracia.
Perspectiva Tomista
La perspectiva tomista, defendida por teólogos como Reginald Garrigou-Lagrange, distingue la causalidad universal de Dios de la predestinación calvinista. Según Garrigou-Lagrange, la sabiduría y el amor eternos de Dios deciden sin ninguna razón externa a su voluntad soberana proporcionar solo a algunos hombres («los elegidos») las gracias eficaces necesarias para merecer la salvación. Las gracias «suficientes» son intrínsecamente eficaces, pero predeterminadas a no dar fruto debido a una resistencia previa a su eficacia, la cual es permitida por un decreto divino antecedente. Esta distinción busca afirmar la soberanía divina sin caer en la depravación total o la negación del libre albedrío tal como lo concibe Calvino.