Naturaleza del triple oficio de Cristo
La expresión latina munus triplex significa triple oficio o triple misión. Designa la participación del Pueblo de Dios en las funciones de Cristo como Sacerdote, Profeta y Rey. Cristo posee estos oficios de manera plena y única; la Iglesia participa de ellos por gracia, según la condición propia de cada bautizado y, de modo específico, según el sacramento del Orden en el caso de los ministros sagrados.
La participación del laico en el munus triplex procede de su incorporación sacramental a Cristo. No convierte al laico en sacerdote ministerial ni le atribuye las funciones reservadas al sacramento del Orden. El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial difieren esencialmente, aunque ambos participan del único sacerdocio de Cristo y están ordenados el uno al otro.
Oficio sacerdotal
El fiel participa en el oficio sacerdotal de Cristo ofreciendo a Dios su propia vida. El trabajo, las responsabilidades familiares, la oración, el descanso, los sufrimientos aceptados con paciencia y las iniciativas apostólicas pueden convertirse en sacrificios espirituales cuando la persona los vive unida a Cristo.
Esta dimensión impide reducir el camino activo a la eficacia exterior. El apostolado nace de la ofrenda interior, de la unión con la cruz de Cristo y de la participación en la liturgia. La Eucaristía constituye la fuente y el centro de la vida apostólica, porque une la entrega del bautizado al sacrificio de Cristo.
Oficio profético
El oficio profético consiste en acoger, custodiar, vivir y anunciar la verdad del Evangelio. El laico lo ejerce mediante:
- La coherencia entre la fe y la vida.
- La educación cristiana de los hijos.
- La catequesis y la formación doctrinal.
- La defensa de la dignidad humana.
- El testimonio de la verdad en la vida profesional y social.
- El anuncio explícito de Jesucristo cuando las circunstancias lo permiten.
La familia cristiana posee un ámbito profético de especial importancia. Los padres transmiten inicialmente la fe a sus hijos mediante la palabra, el ejemplo, la oración familiar y la participación en la vida de la Iglesia.
Oficio real
El oficio real expresa la participación en la realeza de Cristo, que no consiste en dominar, sino en servir y ordenar la vida conforme al amor. El cristiano ejerce este oficio cuando vence el pecado, gobierna rectamente su propia vida, sirve a los demás y trabaja por una sociedad más justa.
En los laicos, esta dimensión posee un carácter particularmente secular. Su vocación propia consiste en gestionar los asuntos temporales y ordenarlos según Dios. La política, la economía, la cultura, la ciencia, las artes, la comunicación, la educación, el trabajo, la familia y la vida internacional constituyen ámbitos propios de su responsabilidad apostólica.