Fundamento bíblico y patrístico
El término apóstol proviene del griego apostolos, «el que es enviado». En los Evangelios Jesús envía a sus doce a proclamar el Evangelio (Jn 20, 21‑22) y, por extensión, la Iglesia reconoce que todos los bautizados comparten esa misión de ser enviados al mundo2. Los Padres de la Iglesia ya hablaban de la misión apostólica del pueblo de Dios, pero fue el Concilio Vaticano II quien formuló de modo explícito la dimensión apostólica del laicado.
Desarrollo en el Concilio Vaticano II
El decreto Apostolicam Actuositatem declara que «la vocación cristiana por su propia naturaleza es también una vocación al apostolado»2. En su artículo 5 se subraya que el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros tiene como objetivo manifestar el mensaje de Cristo mediante la palabra y la obra, y que los laicos son «co‑trabajadores de la verdad»3. Así, el camino activo se entiende como la vivencia cotidiana del llamado apostólico, integrando fe y acción.
