La campanilla de altar es un instrumento manual de percusión, de tamaño reducido y sonido agudo. No debe confundirse con las campanas de la iglesia, instaladas habitualmente en una torre o campanario y destinadas, entre otros usos, a convocar a la comunidad y acompañar procesiones. En las tradiciones litúrgicas cristianas, distintos instrumentos sonoros han servido para convocar a los fieles y señalar momentos de oración.2
En la misa, la campanilla cumple una función de señal: ayuda a que la asamblea advierta un momento significativo y pueda participar en él con atención y reverencia. Su sonido no constituye un rito sacramental ni añade eficacia a la consagración. La centralidad corresponde a la acción eucarística; la campanilla es un recurso auxiliar al servicio de la celebración. La instrucción litúrgica romana encomienda su uso al servidor y lo vincula expresamente con una señal dirigida a los fieles antes de la consagración.1



