Orígenes y contexto cultural
Alejandría, como centro intelectual del mundo helenístico, albergaba una gran biblioteca y una comunidad judía que utilizaba la Septuaginta, la traducción griega de las Escrituras hebreas. Esta tradición facilitó la circulación de textos que, más tarde, serían objeto de debate canónico.
La contribución de Orígenes
Orígenes, uno de los primeros grandes exegetas cristianos, clasificó los escritos con autoridad apostólica en tres grupos: los homologoumena (unánimemente aceptados), los antilegomena (cuestionados) y los apócrifos. En su esquema, los Evangelios, las trece epístolas paulinas, Hechos y Apocalipsis estaban entre los homologoumena, mientras que Hebreos y las epístolas católicas estaban aún en disputa, aunque su presencia en la tradición alejandrina comenzó a consolidarse bajo su influencia1.
Eusebio de Cesarea y la sistematización
Eusebio, discípulo de Orígenes, adoptó una clasificación similar y afirmó que los libros que hoy forman el Nuevo Testamento estaban ya reconocidos en la comunidad alejandrina, aunque algunas cartas aún generaban dudas. Su obra consolidó la idea de un canon alejandrino que incluía los cuatro Evangelios, los Hechos, la mayoría de las epístolas paulinas y, gradualmente, las epístolas católicas y Hebreos1.

