El Canon Romano posee una composición compleja, formada por acciones de gracias, peticiones, conmemoraciones de santos, súplicas por los vivos y oraciones por los difuntos.
Diálogo inicial y prefacio
La Plegaria Eucarística comienza con el diálogo entre el sacerdote y el pueblo:
- «El Señor esté con vosotros».
- «Y con tu espíritu».
- «Levantemos el corazón».
- «Lo tenemos levantado hacia el Señor».
- «Demos gracias al Señor, nuestro Dios».
- «Es justo y necesario».
El sacerdote pronuncia después el prefacio propio del día o del tiempo litúrgico. El prefacio conduce a la aclamación del Santo, mediante la cual la Iglesia terrena se une a la alabanza de los ángeles y de los santos.
Te igitur
El Canon Romano continúa con la petición:
«Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro».
La oración ofrece el sacrificio por la Iglesia, pide su paz, unidad y protección, y menciona al papa, al obispo diocesano y a quienes custodian la fe católica transmitida por los apóstoles.
El sacerdote presenta así la Eucaristía en comunión con toda la Iglesia. La mención del papa y del obispo manifiesta la naturaleza visible y jerárquica de la comunión eclesial.
Memento, Domine
El sacerdote recuerda a los fieles por quienes ofrece la celebración. La oración incluye a los presentes y a todos aquellos que participan en la Misa con fe y devoción.
Esta conmemoración expresa que la Eucaristía posee una dimensión universal. Cada celebración pertenece a toda la Iglesia, aunque tenga lugar en una comunidad concreta.
Communicantes
El Canon Romano menciona a la Virgen María, a san José, a los apóstoles y a numerosos mártires de la Iglesia primitiva. La Iglesia peregrina celebra unida a la Iglesia celestial.
La invocación de los santos no pretende añadir mediadores al único mediador, Jesucristo. La Iglesia pide la intercesión de aquellos que viven ya en la gloria de Dios y reconoce que la Eucaristía une a la comunidad terrena con la asamblea celestial.
Hanc igitur
Esta oración pide a Dios que acepte la ofrenda y conceda a la Iglesia paz, protección y unidad. En determinadas celebraciones, el Misal permite emplear textos propios, especialmente en la Vigilia Pascual, durante la iniciación cristiana y en algunas circunstancias particulares.
En la concelebración, el celebrante principal pronuncia esta oración con las manos extendidas.
Quam oblationem
El sacerdote pide que Dios bendiga la ofrenda para que llegue a ser:
«Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor».
Esta súplica prepara inmediatamente el relato de la institución. En el Canon Romano, la epíclesis aparece integrada en la propia trama de la plegaria, antes de las palabras de la consagración.
Relato de la institución y consagración
El sacerdote recuerda la institución de la Eucaristía en la noche en que Cristo fue entregado. Toma el pan, da gracias, lo parte y pronuncia las palabras del Señor. Después toma el cáliz y proclama las palabras relativas a la Sangre de Cristo, «sangre de la alianza nueva y eterna», derramada «por muchos para el perdón de los pecados».
La Iglesia enseña que, mediante las palabras y acciones sacramentales de Cristo pronunciadas por el sacerdote, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. La presencia de Cristo resulta verdadera, real y sustancial.
El sacerdote muestra la hostia consagrada y el cáliz al pueblo, y realiza después la genuflexión en adoración. En la concelebración, todos los concelebrantes pronuncian conjuntamente el relato de la institución, mientras el celebrante principal realiza los gestos litúrgicos previstos.
Mysterium fidei
Después de la consagración, el sacerdote introduce la aclamación:
«Éste es el Sacramento de nuestra fe».
El pueblo responde con una de las fórmulas aprobadas, proclamando la muerte del Señor, su resurrección y su venida gloriosa.
La aclamación pertenece a la asamblea. Su contenido posee carácter anamnético, porque proclama el misterio pascual que la Iglesia celebra y espera en su consumación definitiva.
Unde et memores
La Iglesia obedece el mandato de Cristo y celebra el memorial de su pasión gloriosa, resurrección de entre los muertos y ascensión a los cielos. El memorial litúrgico no equivale a un recuerdo meramente psicológico: hace presente sacramentalmente el único sacrificio de Cristo.
La Eucaristía no repite el sacrificio del Calvario. Presenta sacramentalmente el mismo sacrificio de Cristo, que vive eternamente ante el Padre.
Supra quae
El Canon Romano recuerda los sacrificios de Abel, Abrahán y Melquisedec. Estas figuras bíblicas anticipan la ofrenda perfecta de Cristo:
La Iglesia interpreta estas ofrendas como prefiguraciones del sacrificio eucarístico.
Supplices te rogamus
Esta súplica pide que el sacrificio llegue ante el altar celestial de Dios. El lenguaje litúrgico expresa la comunión entre el altar visible y la liturgia celestial.
La oración no implica que Cristo necesite abandonar el cielo para volver a sacrificarse. La liturgia participa sacramentalmente en la única ofrenda eterna del Señor resucitado.
Conmemoración de los difuntos
El Canon Romano pide por los fieles difuntos:
«Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz».
La Iglesia ofrece sufragios por quienes murieron en la amistad de Dios y todavía necesitan purificación. Esta oración manifiesta la comunión de los santos: los vivos pueden interceder por los difuntos y ofrecer por ellos la Eucaristía.
Nobis quoque peccatoribus
El sacerdote pide también la gracia de participar en la comunión de los santos, reconociendo humildemente la condición pecadora de los miembros de la Iglesia. El Canon menciona a san Juan Bautista, san Esteban, san Bernabé, san Ignacio de Antioquía, san Alejandro, san Marcelino, san Pedro, santa Felicidad, santa Perpetua, santa Águeda, santa Lucía, santa Inés, santa Cecilia y santa Anastasia.
La enumeración enlaza la Iglesia peregrina con los mártires que dieron testimonio de Cristo. La santidad cristiana aparece como don de la gracia y como camino hacia la plena comunión con Dios.
En la concelebración, la conmemoración de los difuntos y la oración Nobis quoque peccatoribus pueden asignarse a uno de los concelebrantes, que las pronuncia solo y con las manos extendidas.
Per quem haec omnia
El sacerdote reconoce que todos los bienes proceden de Dios. La alabanza enlaza la Eucaristía con la providencia divina y con la santificación de la creación.
Doxología final
El Canon concluye con la doxología:
«Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».
El pueblo responde: «Amén».
Este Amén recibe tradicionalmente el nombre de Amén solemne o Amén de la asamblea. La respuesta ratifica la oración sacerdotal y expresa la participación de todo el pueblo en la ofrenda de Cristo.