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Canonicidad de los deuterocanónicos

La canonicidad de los deuterocanónicos designa la recepción de determinados libros y pasajes del Antiguo Testamento como inspirados por Dios y pertenecientes plenamente al canon de la Sagrada Escritura. La Iglesia católica reconoce como deuterocanónicos Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, el primero y el segundo libro de los Macabeos, además de determinados fragmentos griegos de Ester y Daniel. Aunque algunas comunidades judías y cristianas discutieron su autoridad en distintos períodos, la Iglesia católica los considera Escritura santa con la misma dignidad canónica que los demás libros bíblicos.

D. Abraham Calovii - Biblia illustrata Vet. Testamenti. - Tomus III., Completens Anotata - title page
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Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCanonicidad de los deuterocanónicos
CategoríaTérmino
DescripciónDesigna la aceptación eclesial de los libros deuterocanónicos como Escritura sagrada con la misma dignidad que los protocanónicos. Recepción de determinados libros del Antiguo Testamento como inspirados por Dios y plenamente integrantes del canon de la Sagrada Escritura. La Iglesia católica reconoce como deuterocanónicos Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, los dos libros de los Macabeos y partes griegas de Ester y Daniel, considerándolos inspirados y canónicos pese a controversias históricas
Contexto HistóricoDiscusión patrística en los siglos IV-V, influencia de la Septuaginta, decretos de Inocencio I (405), concilios de Toledo (400), Florencia (1442) y definición definitiva en el Concilio de Trento (8-abr-1546).
Enseñanzas PrincipalesProvidencia divina, fidelidad a la ley, oración y limosna, esperanza en la resurrección, intercesión por los difuntos, valor redentor del sufrimiento, sabiduría como don de Dios, moralidad y vida familiar.
Fecha de Definición8 de abril de 1546
Importancia EclesialFundamenta el canon católico de 73 libros, respalda doctrinas como la oración por los difuntos y la resurrección, y confirma la autoridad conjunta de Escritura y Tradición.
Lugar de DefiniciónConcilio de Trento
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Terminología

La palabra canon procede del griego kanṓn, cuyo sentido originario era «caña», «regla» o «medida». En el ámbito cristiano pasó a designar la lista normativa de los libros escritos bajo inspiración divina y destinados a la vida de la Iglesia. La canonicidad constituye la autoridad externa y pública que corresponde a los escritos inspirados.1

Los términos protocanónico y deuterocanónico pertenecen a la terminología teológica moderna. El dominico Sixto de Siena introdujo esta distinción en el siglo XVI. La diferencia no afecta al grado de inspiración ni a la autoridad de los libros, sino al momento y al proceso mediante los cuales toda la Iglesia reconoció públicamente su carácter inspirado.2

Protocanónicos son los libros cuya condición sagrada recibió aceptación general y continua en la tradición cristiana. Deuterocanónicos son aquellos cuya autoridad bíblica encontró oposición o dudas en algunos autores y comunidades durante determinados períodos, pero que la Iglesia acabó recibiendo de manera firme dentro del canon. La expresión «segundo canon» no implica un canon de rango inferior ni una segunda categoría de inspiración.1

Libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento

La Iglesia católica reconoce como deuterocanónicos los siguientes libros:

  • Tobías.
  • Judit.
  • Sabiduría.
  • Eclesiástico, también llamado Sirácida.
  • Baruc.
  • Primer libro de los Macabeos.
  • Segundo libro de los Macabeos.
  • Las partes griegas añadidas al libro de Ester.
  • Las partes griegas añadidas al libro de Daniel:

    • La oración de Azarías y el cántico de los tres jóvenes.

    • La historia de Susana.
    • La historia de Bel y el Dragón.

La lista tridentina incluye expresamente Tobías, Judit, Ester, Sabiduría, Eclesiástico, Jeremías con Baruc, Daniel y los dos libros de los Macabeos dentro del conjunto de los libros del Antiguo Testamento.3

Las adiciones a Ester y Daniel no forman libros independientes en la Biblia católica, sino partes integrantes de esas obras. La Iglesia recibe los libros bíblicos «íntegros, con todas sus partes», principio que también protege la unidad interna de los escritos canónicos.4

Diferencia respecto del canon hebreo y protestante

El canon católico del Antiguo Testamento contiene los libros deuterocanónicos. La Biblia hebrea posterior al período apostólico no los incorporó en su colección normativa, y las comunidades protestantes suelen colocarlos bajo la denominación de apócrifos, fuera del canon o en una sección separada sin la misma autoridad doctrinal.

La diferencia no consiste únicamente en la existencia de traducciones distintas. Afecta a la lista de escritos que cada tradición reconoce como inspirados y normativos. La Iglesia católica considera que la autoridad de la Escritura no depende exclusivamente de una colección judía fijada posteriormente, sino también de la recepción litúrgica, doctrinal y eclesial que acompañó a los libros desde la antigüedad cristiana.

La cuestión de la lengua griega

Muchos de los deuterocanónicos llegaron a la Iglesia antigua principalmente en lengua griega. La traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como Septuaginta, desempeñó un papel decisivo en el cristianismo primitivo. La Iglesia apostólica utilizó ampliamente las Escrituras griegas, y la tradición cristiana latina recibió de ellas numerosos libros y formas textuales.

La presencia de textos griegos no constituye, por sí misma, una razón para negar su inspiración. La Iglesia no identifica la inspiración bíblica con una lengua concreta ni con la conservación de una única forma textual. La recepción eclesial reconoce la acción providente de Dios en la transmisión de la Escritura y en la custodia de su sentido auténtico.

La recepción en la Iglesia antigua

Variedad de opiniones patrísticas

Durante los primeros siglos existieron diferencias entre autores cristianos acerca de la extensión exacta del canon del Antiguo Testamento. Algunos escritores distinguieron entre los libros destinados a fundamentar la doctrina y otros utilizados para la lectura espiritual o la instrucción moral. También hubo autores que expresaron dudas sobre la autoridad de determinados libros.

Estas diferencias no equivalen automáticamente a una exclusión universal de los deuterocanónicos. La historia muestra una recepción progresiva y desigual: algunas Iglesias los leían en la liturgia, ciertos Padres los citaban como Escritura y otros autores discutían su lugar preciso dentro de las listas canónicas.

San Roberto Belarmino distinguió entre una duda general de la Iglesia y la existencia de dudas particulares entre algunos autores. A su juicio, la presencia de opiniones discordantes no demostraba que la Iglesia antigua hubiese rechazado colectivamente estos libros. También recordó que algunos autores considerados importantes para la cuestión canónica reconocían la recepción eclesial de determinados deuterocanónicos.5

San Jerónimo

San Jerónimo ejerció una influencia notable en la historia del canon latino. En ciertos prólogos expresó reservas sobre los libros que no formaban parte del canon hebreo que él tomaba como referencia. Sin embargo, la tradición posterior no redujo la Biblia de la Iglesia a las preferencias particulares de un Padre, por eminente que fuera.

La distinción entre autoridad del autor humano y autoridad canónica resulta especialmente útil. La Iglesia puede recibir un libro como inspirado aunque persistan dudas sobre su autor humano exacto, su fecha precisa o las circunstancias concretas de su composición. La canonicidad no depende de una atribución tradicional que la investigación histórica pueda confirmar en todos sus detalles.

San Agustín y la tradición africana

San Agustín defendió un canon amplio del Antiguo Testamento y otorgó un papel decisivo a la recepción de la Iglesia. Los sínodos africanos de Hipona y Cartago incluyeron los libros deuterocanónicos en sus listas de las Escrituras recibidas para la lectura eclesial.

La tradición africana contribuyó así a consolidar la práctica litúrgica y doctrinal que posteriormente asumiría la Iglesia latina. La autoridad de estos sínodos no debe aislarse de la comunión con la Sede Apostólica y de la recepción más amplia de la Iglesia.

La autoridad de la Iglesia y el canon

La Iglesia católica entiende la canonicidad como una realidad vinculada a la inspiración divina, pero distingue ambas cuestiones. La inspiración constituye la acción de Dios por la cual un escrito tiene a Dios como autor principal; la canonicidad expresa su reconocimiento eclesial como libro sagrado y normativo. Ambas propiedades corresponden al mismo conjunto de libros, aunque conceptualmente no sean idénticas.4

La Iglesia no crea la inspiración de un libro mediante una decisión conciliar. El acto eclesial reconoce y proclama una realidad recibida en la tradición apostólica y en la vida de la Iglesia. El discernimiento del canon incluye la lectura litúrgica, el uso doctrinal, el testimonio de los Padres y la continuidad de la tradición eclesial.

La doctrina católica atribuye a la Iglesia una autoridad decisiva para identificar el número de los libros inspirados. La tradición católica sostiene que la Iglesia, como depositaria e intérprete auténtica de la tradición, proporciona certeza sobre la extensión del canon del Antiguo y del Nuevo Testamento.2

Testimonios anteriores al Concilio de Trento

La aceptación de los deuterocanónicos no comenzó en el siglo XVI. Antes del Concilio de Trento aparecen listas y fórmulas eclesiales que los incluyen dentro de los libros recibidos y venerados por la Iglesia.

Entre los testimonios latinos anteriores a Trento figuran:

  • La carta del papa Inocencio I a Exuperio de Toulouse, del año 405.
  • Los sínodos africanos de los siglos IV y V.
  • El llamado Decreto Gelasiano, asociado tradicionalmente al papa Dámaso.
  • El primer Concilio de Toledo, celebrado en el año 400.
  • La bula Cantate Domino, promulgada en el Concilio de Florencia en 1442.

Estos documentos expresan la recepción de los libros sagrados por parte de la Iglesia y su uso en la lectura eclesial. La fórmula tridentina prolonga esa tradición anterior, aunque la formula con mayor precisión frente a las controversias del siglo XVI.6

El Concilio de Florencia

El Concilio de Florencia incluyó los libros deuterocanónicos en su enumeración de las Escrituras recibidas por la Iglesia. La bula Cantate Domino, promulgada en 1442, menciona la tradición eclesial de recibir y venerar los libros de ambos Testamentos.6

El Concilio de Florencia constituye un antecedente inmediato de la definición tridentina. Su lista manifiesta que la Iglesia latina poseía ya una conciencia canónica amplia antes de la Reforma protestante.

El Concilio de Trento

La definición dogmática

El Concilio de Trento definió solemnemente el canon de la Sagrada Escritura en la cuarta sesión, celebrada el 8 de abril de 1546. La asamblea recibió y veneró con igual reverencia los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, junto con las tradiciones apostólicas relativas a la fe y a las costumbres.7

El decreto conciliar enumera los libros del Antiguo Testamento e incluye expresamente Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, las partes correspondientes de Ester y Daniel, y los dos libros de los Macabeos.3

Trento no presentó los deuterocanónicos como una adición reciente. El concilio respondió a una controversia doctrinal definiendo con autoridad universal una lista que la tradición católica había recibido durante siglos.

Integridad de los libros

El Concilio de Trento declaró que la Iglesia debe recibir los libros sagrados íntegros y con todas sus partes. Esta precisión posee especial importancia para Ester y Daniel, cuyos textos griegos contienen secciones ausentes de las formas hebreas conservadas en el canon judío posterior.

La definición excluye una aceptación parcial de los deuterocanónicos. La Iglesia no recibe Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc o los Macabeos como simples obras edificantes, sino como libros sagrados inspirados. Del mismo modo, recibe las adiciones de Ester y Daniel como partes auténticas del texto bíblico canónico.4

Igual autoridad canónica

La clasificación «deuterocanónico» no establece una diferencia de autoridad entre estos libros y los llamados protocanónicos. Todos pertenecen al canon y todos participan de la misma inspiración divina. La distinción describe una historia más compleja de reconocimiento, no una inferioridad doctrinal.

El estudio teológico posterior insistió en que la inspiración afecta a todo el conjunto canónico, «con todas sus partes». La Iglesia protege así la unidad de la Escritura y rechaza la división del canon en libros plenamente inspirados y libros inspirados sólo de manera secundaria.8

La posición de Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino incluyó expresamente los deuterocanónicos en el canon bíblico. Desde su primera actividad docente, en el discurso académico pronunciado en 1252, adoptó una división de los libros sagrados que incorporaba estos escritos. También distinguió entre la autenticidad literaria de un libro y su canonicidad.9

La autenticidad puede referirse a la identidad del autor humano tradicional; la canonicidad, en cambio, designa la recepción de un escrito como inspirado y normativo por parte de la Iglesia. Esta distinción permite comprender por qué las dudas sobre la autoría de algunos libros no destruyen su autoridad bíblica.

Algunas interpretaciones medievales limitaron el uso de los deuterocanónicos a la instrucción moral. Sin embargo, la interpretación teológica presentada en el estudio tomista sostiene que la Iglesia recibe estos libros como Escritura y que, por tanto, pueden emplearse legítimamente en la argumentación teológica.10

Valor doctrinal y espiritual

Los deuterocanónicos forman parte de la única Sagrada Escritura y ofrecen enseñanza doctrinal, moral, histórica y sapiencial. Entre sus temas principales figuran:

El segundo libro de los Macabeos proporciona un testimonio particularmente relevante sobre la oración por los difuntos y la esperanza en la resurrección. La Iglesia lee este libro dentro del conjunto de la revelación bíblica y lo utiliza en la formulación de su doctrina sobre la comunión entre los vivos y los difuntos.

El libro de la Sabiduría desarrolla la doctrina de la justicia divina, la inmortalidad y la recompensa de los justos. Eclesiástico ofrece una extensa enseñanza sobre la vida moral, la educación, la amistad, la familia, la responsabilidad en el uso de la lengua y el temor de Dios.

La relación entre Escritura y Tradición

La canonicidad de los deuterocanónicos manifiesta la relación inseparable entre Sagrada Escritura, Tradición y autoridad eclesial. La Iglesia no recibió el canon como una lista independiente de su vida litúrgica y doctrinal. La comunidad cristiana leyó, transmitió, explicó y veneró estos libros dentro de la continuidad de la tradición apostólica.

El Concilio de Trento enseñó que la verdad salvadora y la disciplina moral llegan a la Iglesia mediante los libros escritos y las tradiciones no escritas transmitidas desde Cristo y los apóstoles bajo la acción del Espíritu Santo. El mismo decreto ordenó recibir y venerar ambos medios con igual piedad y reverencia.7

Esta doctrina no confunde Escritura y Tradición, pero tampoco las separa artificialmente. La Tradición viva ayuda a reconocer el canon de la Escritura, mientras que la Escritura ocupa un lugar normativo dentro de la transmisión de la fe.

Controversias durante la Reforma

Los reformadores del siglo XVI cuestionaron la autoridad canónica de los libros que no formaban parte del canon hebreo reconocido por ellos. Martín Lutero y otras comunidades protestantes colocaron los deuterocanónicos en una categoría distinta de los demás libros bíblicos. Algunas Biblias protestantes los conservaron en una sección separada; otras ediciones los omitieron por completo.

La Iglesia católica respondió en Trento con una definición solemne. El concilio no basó su decisión únicamente en una discusión filológica sobre el texto hebreo o griego, sino en la tradición eclesial, el uso litúrgico y la autoridad de la Iglesia para discernir los libros inspirados.

La controversia también afectó a determinados pasajes del Nuevo Testamento, cuya recepción había conocido dudas antiguas. La existencia de discusiones históricas no llevó a la Iglesia a establecer distintos grados de inspiración dentro del canon.2

Importancia para la doctrina católica

La aceptación de los deuterocanónicos tiene consecuencias directas para la teología católica:

  • Fundamenta la lectura católica de la Biblia como un canon de setenta y tres libros.
  • Respala doctrinas como la oración por los difuntos y la resurrección, especialmente a partir de 2 Macabeos.
  • Confirma la autoridad de la tradición litúrgica y patrística en la recepción de la Escritura.
  • Manifiesta que la Iglesia posee una función propia en la identificación del canon.
  • Protege la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento.
  • Rechaza la consideración de estos libros como simples obras piadosas sin autoridad doctrinal.

La doctrina católica no concede a los deuterocanónicos una autoridad menor. El concilio los incorporó al mismo elenco de libros sagrados y aplicó a todos la misma afirmación de inspiración divina.8

Síntesis teológica

La canonicidad de los deuterocanónicos puede resumirse en cuatro afirmaciones fundamentales:

  1. Estos libros forman parte del canon católico del Antiguo Testamento.
  2. La Iglesia los considera inspirados por Dios.
  3. Su autoridad canónica es igual a la de los protocanónicos.
  4. Las dudas históricas de algunos autores o comunidades no anulan la recepción definitiva de la Iglesia.

La designación «deuterocanónicos» describe una etapa histórica de reconocimiento más discutida, no una inspiración de segundo grado. La definición del Concilio de Trento confirmó solemnemente una recepción eclesial anterior y estableció que todos los libros sagrados deben recibirse íntegramente, con todas sus partes, como norma de fe y de vida cristiana.

Citas y referencias

  1. Canon del Antiguo Testamento. Catholic Encyclopedia, Canon del Antiguo Testamento (1913). 2
  2. Escritura. Catholic Encyclopedia, Escritura (1913). 2 3
  3. Concilio de Trento 1545-1563 - Ecuménico XIX (contra novatores XVI cent.) - Sesión IV (8 de abril de 1546) los libros sagrados y las tradiciones de los apóstoles son aceptados, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes de la dogma católica (Enchiridion Symbolorum), 1502 (1854). 2
  4. A) canonicidad, A. Delgado. La unidad de las escrituras (Continuación), 34 (1972). 2 3
  5. Robert Bellarmine. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), 62 (1586).
  6. Afirmaciones tridentinas, A. Delgado. La unidad de las escrituras (Continuación), 9 (1972). 2
  7. Concilio de Trento, A. Delgado. La unidad de las escrituras (Continuación), 4 (1972). 2
  8. A. Delgado. La unidad de las escrituras (Continuación), 39 (1972). 2
  9. J. Revuelta. Los Comentarios Bíblicos de Santo Tomás, 22 (1971).
  10. J. Revuelta. Los Comentarios Bíblicos de Santo Tomás, 23 (1971).
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