En sentido estricto, el nombre designa la forma romana del canto llano medieval, diferenciada de tradiciones litúrgicas emparentadas, como la ambrosiana, la galicana y la hispánica o mozárabe. En un sentido más amplio, también puede abarcar composiciones posteriores que imitan su estilo.4
El canto gregoriano es monódico: el coro o el cantor entonan una única melodía, sin las varias voces simultáneas propias de la polifonía. Sus melodías suelen moverse en un ámbito relativamente reducido, con predominio de pasos conjuntos y saltos de tercera, aunque también aparecen intervalos más amplios.2
La relación entre texto y música varía según la pieza. En el canto silábico, cada sílaba recibe normalmente una nota; en el neumático, algunas sílabas llevan pequeños grupos de notas; y en el melismático, una sílaba se prolonga sobre una serie extensa de notas. Estas formas aparecen en proporciones distintas según la función litúrgica del canto.5,2
El repertorio emplea los llamados modos eclesiásticos, sistemas melódicos medievales que no equivalen exactamente a las tonalidades mayor y menor de la música moderna. La teoría medieval organizó los modos en ocho categorías, aunque algunas melodías tradicionales no encajaban sin dificultad en ese sistema.6


