La captación de menores en internet puede comenzar en redes sociales, servicios de mensajería, videojuegos conectados, foros, plataformas de vídeo u otros espacios digitales. La persona adulta -o cualquier agresor que adopte una identidad falsa- busca establecer una relación de confianza con el menor para obtener imágenes, vídeos, información personal, encuentros presenciales o actos de carácter sexual.
El proceso suele incluir varias conductas:
- Elección de una víctima especialmente vulnerable.
- Creación de una identidad falsa o engañosa.
- Búsqueda de intereses comunes.
- Conversación frecuente y aparente preocupación afectiva.
- Petición progresiva de intimidad.
- Aislamiento respecto de la familia y los amigos.
- Solicitud de fotografías o vídeos íntimos.
- Amenazas, chantaje o presión cuando el menor intenta apartarse.
El agresor puede presentarse como una persona de edad semejante a la víctima, como un supuesto amigo o como alguien que comparte sus aficiones. La confianza no nace de una relación auténtica, sino de una estrategia de manipulación.
La captación digital no requiere necesariamente un encuentro físico. El daño puede producirse mediante la obtención, conservación, difusión o comercialización de imágenes sexuales del menor, así como mediante la intimidación, la humillación pública o la inducción a conductas peligrosas.


