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Cardenal Charles Journet

El cardenal Charles Journet (Ginebra, 26 de enero de 1891-Friburgo, 15 de abril de 1975) fue un sacerdote, teólogo dogmático y cardenal suizo, reconocido como uno de los grandes representantes de la teología tomista del siglo XX. Su pensamiento articuló la doctrina sobre la gracia, Cristo, la Iglesia como Cuerpo místico, los sacramentos, la vida espiritual y el misterio del mal. También ejerció una notable labor editorial mediante la revista Nova et Vetera, fundada por él en 1926.

Armand Niquille (Inv. 302)
Ver información de la imagenEl Cardenal, 1965, 97 x 89 cm (Fundación Cardinal Journet). c. 2011. Original, Fundación Armand Niquille, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCardenal Charles Journet
CategoríaPersona
Nombre CompletoCharles Journet
TítuloCardenal
Cargo EclesiásticoCardenal
Fecha de Nacimiento1891-01-26
Lugar de NacimientoGinebra, Suiza
Fecha de Muerte1975-04-15
Lugar de MuerteFriburgo, Suiza
NacionalidadSuizo
SexoMasculino
Fecha de Fundación1926
Estado de VidaSacerdote
Fin del Cargo Eclesial15 de abril de 1975
Inicio del Cargo Eclesial22 de febrero de 1965
Miembro deFriburgo
Personas relacionadas
TipoCardenal

Tabla de contenido

Vida y ministerio

Formación y sacerdocio

Charles Journet nació en Ginebra, Suiza, el 26 de enero de 1891. Recibió su formación sacerdotal en el seminario de Friburgo y fue ordenado sacerdote en 1915. Durante los primeros años de su ministerio desempeñó labores pastorales en la diócesis de Friburgo. En 1924 comenzó su actividad docente en el seminario mayor de la diócesis, donde enseñó teología dogmática durante varias décadas.1

Su carrera académica no estuvo separada de la vida sacerdotal. Journet entendía la teología como un servicio a la fe de la Iglesia y como una preparación para la contemplación cristiana. Su producción intelectual combinó el rigor de la teología especulativa con la atención a la predicación, la liturgia, la oración y la dirección espiritual.

Amistad con Jacques Maritain

Journet mantuvo una estrecha amistad intelectual y espiritual con Jacques y Raïssa Maritain. La correspondencia entre Journet y Jacques Maritain, desarrollada principalmente entre 1920 y 1964, ocupa varios volúmenes y documenta un intercambio constante sobre filosofía, teología, cultura, política y vida cristiana.2

La relación con Maritain favoreció la presencia de Journet en los debates intelectuales católicos de su tiempo. Ambos compartían la convicción de que el tomismo podía dialogar con la cultura moderna sin renunciar a la integridad de la fe católica.

Fundación de Nova et Vetera

En 1926, a los treinta y cinco años, Journet fundó la revista católica Nova et Vetera. La publicación nació con una finalidad evangelizadora y cultural: acercar la tradición intelectual católica a una sociedad que, a juicio de Journet, desconocía cada vez más sus fundamentos cristianos. La revista también pretendía favorecer el diálogo entre católicos y protestantes.3

El título, «lo antiguo y lo nuevo», expresa una convicción central de Journet: la renovación auténtica de la teología no consiste en abandonar la tradición, sino en comprenderla de modo vivo y aplicarla a las cuestiones de cada época.

Episcopado y cardenalato

El papa Pablo VI elevó a Journet al episcopado y al Colegio Cardenalicio en febrero de 1965. Recibió la consagración episcopal el 20 de febrero y fue creado cardenal dos días después. Participó en la cuarta y última sesión del Concilio Vaticano II, celebrada en el otoño de 1965.1

Durante el Concilio intervino especialmente en cuestiones relativas a la libertad religiosa, la indisolubilidad del matrimonio y la naturaleza del sacerdocio. Su participación conciliar muestra la continuidad entre su teología especulativa y su responsabilidad eclesial. Journet no concebía la reflexión teológica como una actividad aislada, sino como una contribución a la vida doctrinal y pastoral de la Iglesia.2

Murió en Friburgo el 15 de abril de 1975, a los ochenta y cuatro años.1

Pensamiento teológico

Orientación tomista

Journet fue un teólogo profundamente tomista. Su método asumía la estructura doctrinal de santo Tomás de Aquino, pero no reducía el tomismo a la repetición de fórmulas escolásticas. Buscaba poner en relación la síntesis de santo Tomás con la Escritura, los Padres de la Iglesia, la liturgia, la tradición teológica y las cuestiones contemporáneas.

Su teología puede describirse como una teología especulativa de orientación contemplativa. La especulación le permitía analizar con precisión las relaciones entre naturaleza y gracia, Cristo y la Iglesia, la jerarquía y la comunidad, la fe y la razón. La contemplación impedía que esas distinciones se convirtieran en construcciones abstractas desvinculadas del misterio cristiano.

Yves Congar describió la eclesiología de Journet como una aplicación de los principios de santo Tomás. Otro estudio lo presenta como uno de los grandes maestros de la eclesiología tomista del siglo XX.4,5

Cristo y la economía de la salvación

En la teología de Journet, Cristo ocupa el centro de toda la economía de la salvación. La Iglesia, la gracia y los sacramentos reciben su sentido de la unión con Cristo, Cabeza de la Iglesia y fuente de la vida divina comunicada a los hombres.

Journet presenta a Cristo como sacramento de la vida divina en su fuente, mientras que la Iglesia es el sacramento de la vida divina comunicada. Cristo y la Iglesia poseen, por tanto, una dimensión sacramental, aunque no de idéntico modo: la Iglesia depende enteramente de Cristo, su Esposo y Cabeza.6

Esta estructura cristológica permite comprender la unidad de su pensamiento. La gracia no aparece como una realidad independiente de Cristo; la Iglesia no constituye una organización meramente sociológica; y los sacramentos no forman actos religiosos aislados. Todo procede de Cristo y conduce a la participación en su vida.

Gracia y vida sobrenatural

La gracia como participación en la vida divina

Journet concedía a la gracia un lugar decisivo en la comprensión de la Iglesia. La gracia no es solo un favor externo de Dios ni una simple disposición moral del creyente. Es participación real en la vida divina y transformación interior de la persona.

La gracia de Cristo se comunica a los miembros de la Iglesia mediante los sacramentos, la fe, la caridad y los dones espirituales. Esta comunicación produce una unión orgánica entre Cristo, la Iglesia y los fieles.

La Iglesia como prolongación de la vida de Cristo

La Iglesia posee una dimensión visible y otra espiritual. Journet explica esta unidad mediante la distinción entre el alma increada de la Iglesia, que es el Espíritu Santo, y el alma creada, constituida por la caridad y por los dones sobrenaturales que configuran a los miembros con Cristo.4

La doctrina de Journet no identifica la Iglesia con una sociedad puramente jurídica ni con una comunidad invisible de creyentes. El Espíritu Santo actúa en una realidad concreta, dotada de sacramentos, doctrina, ministerios, autoridad y miembros visibles.

Journet formula la relación entre el alma y el cuerpo de la Iglesia mediante un principio de coextensividad: donde está el alma creada de la Iglesia, allí está su cuerpo; y donde está el cuerpo de la Iglesia, allí está su alma. La Iglesia visible y la Iglesia espiritual no constituyen dos Iglesias separadas, sino dos dimensiones inseparables del único Cuerpo de Cristo.4

Eclesiología

La Iglesia del Verbo encarnado

La obra principal de Journet es L’Église du Verbe incarné, traducida habitualmente como La Iglesia del Verbo encarnado. Esta obra, compuesta originalmente en varios volúmenes, constituye su gran síntesis eclesiológica y lleva por subtítulo Ensayo de teología especulativa.7

El tratado estudia la Iglesia desde su fundamento cristológico, su estructura apostólica, su unidad, su catolicidad, sus relaciones con las Iglesias particulares y su dimensión sobrenatural. La reflexión de Journet parte de Cristo y muestra cómo la Iglesia participa de la misión, la autoridad y la vida del Verbo encarnado.

La obra llegó a considerarse uno de los grandes tratados eclesiológicos de la primera mitad del siglo XX. Yves Congar la calificó como la mayor obra eclesiológica de ese periodo.2

La Iglesia universal y las Iglesias particulares

Journet distingue entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares sin separarlas. La Iglesia universal posee una consistencia propia y no equivale a la simple suma de las Iglesias locales. Las Iglesias particulares forman parte orgánica de la Iglesia universal y reciben de ella su plena identidad católica.8

Esta doctrina concede prioridad a la Iglesia universal en sentido teológico. Las Iglesias particulares son verdaderamente católicas cuando viven insertas en la comunión de la Iglesia universal, conservan la fe apostólica y permanecen unidas a su estructura visible.

La unidad católica no consiste, por tanto, en una yuxtaposición administrativa de comunidades independientes. La unidad nace de la participación en un único Cuerpo, una única fe, unos mismos sacramentos y una misma comunión eclesial.

Iglesia, sacramento y salvación

Journet interpreta la Iglesia dentro de la economía sacramental de la salvación. La Iglesia es signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad del género humano. Su sacramentalidad deriva de Cristo y se realiza históricamente mediante los siete sacramentos.6,7

Los sacramentos hacen presente la gracia de Cristo y edifican la Iglesia. La Iglesia celebra los sacramentos, pero también recibe de ellos su propia vida. Esta reciprocidad evita dos reduccionismos: convertir la Iglesia en una institución meramente exterior o convertir los sacramentos en prácticas privadas sin dimensión eclesial.

Sacramentos y Eucaristía

Los siete sacramentos

Journet denomina a los siete sacramentos «dramas litúrgicos», porque cada sacramento actualiza de forma visible y eficaz una acción de Cristo en la Iglesia. Los sacramentos constituyen instrumentos separados de Cristo y aplicaciones privilegiadas de la gracia redentora.9

La expresión «instrumentos separados» pertenece al lenguaje de la teología tomista. Significa que los sacramentos poseen una realidad visible propia -agua, óleo, imposición de manos, palabras, pan y vino-, pero reciben su eficacia de Cristo, que actúa como causa principal.

La misa y el sacrificio de la cruz

La teología eucarística de Journet relaciona estrechamente la misa con el sacrificio único de Cristo. La misa no repite ni añade un sacrificio distinto al de la cruz; hace presente sacramentalmente la única oblación redentora de Cristo.

Su obra sobre la misa estudia la presencia real, el sacrificio de la cruz y la continuidad entre la celebración litúrgica y el acontecimiento pascual. Journet dialoga allí con la Escritura, los Padres de la Iglesia, santo Tomás y diversos comentaristas tomistas.10

La finalidad última de la teología eucarística no consiste en proporcionar solo explicaciones conceptuales. La reflexión debe conducir a la participación en Cristo presente en la Eucaristía y al amor hacia el Señor.11

Teología dogmática y vida espiritual

La doctrina al servicio de la contemplación

Journet rechazaba la separación entre teología dogmática y vida espiritual. La teología dogmática busca comprender el contenido de la revelación; la vida espiritual procura vivir de ese misterio mediante la fe, la esperanza, la caridad, la oración y los sacramentos.

En su pensamiento, ambas dimensiones se necesitan mutuamente. Sin rigor doctrinal, la espiritualidad corre el riesgo de convertirse en sentimiento subjetivo. Sin vida espiritual, la dogmática puede degenerar en erudición fría. La teología debe conducir a la adoración, a la conversión y a una participación más profunda en la vida de Cristo.

El conocimiento de Dios

Journet reflexionó sobre la posibilidad y los límites del conocimiento humano de Dios. Su expresión «conocimiento oscuro de Dios» describe la situación del creyente durante la vida presente: la inteligencia conoce verdaderamente a Dios, pero no lo contempla todavía de manera inmediata y plena.1

Este conocimiento no equivale a ignorancia absoluta. La fe comunica una certeza real, aunque velada, fundada en la revelación divina. La liturgia expresa esta condición mediante palabras, signos y gestos que conducen al misterio sin agotarlo.

La teología, por ello, debe mantener simultáneamente dos actitudes: precisión conceptual y humildad ante la trascendencia divina. Journet veía en la liturgia un ámbito privilegiado para aprender a hablar de Dios sin reducirlo a las categorías humanas.

La contemplación como culminación

La producción de Journet nace de una intensa orientación contemplativa. Su estudio de la Iglesia, de la gracia, del mal y de los sacramentos no pretendía satisfacer solo la curiosidad intelectual. Cada tratado debía conducir al reconocimiento de la acción de Dios y a la unión con Cristo.

Esta orientación explica la importancia que concede a la oración, a la Eucaristía, a la cruz y a la vida de la gracia. La teología dogmática alcanza su finalidad cuando ayuda al creyente a vivir con mayor profundidad la fe de la Iglesia.

El misterio del mal

El mal en la obra de Journet

El problema del mal atraviesa toda la obra de Journet. Dedicó un tratado específico a esta cuestión y publicó diversos estudios sobre el mal natural, el pecado, el infierno, el purgatorio, el perdón y la responsabilidad divina.12

Journet aborda el mal dentro del misterio de Dios, sin reducirlo a una explicación psicológica o sociológica. Su análisis distingue entre el mal moral, que procede de la libertad desviada, y el mal físico o natural, que afecta a la creación herida.

Pecado, libertad y redención

La reflexión de Journet conserva la responsabilidad humana sin negar la soberanía divina. El pecado constituye una falta y una ofensa contra Dios, pero también introduce una herida real en la persona y en la comunidad humana.

La respuesta cristiana al mal no consiste en una explicación abstracta, sino en el misterio de la redención. Cristo asume el sufrimiento, vence el pecado mediante la cruz y comunica la gracia que restaura al ser humano. La Iglesia participa en esta obra redentora mediante la predicación, los sacramentos y la caridad.

Labor editorial y difusión del tomismo

Nova et Vetera como proyecto intelectual

La labor editorial de Journet merece una consideración propia. No puede confundirse con su teología especulativa, aunque ambas actividades se apoyen mutuamente.

Como teólogo, Journet elaboró tratados sistemáticos sobre la Iglesia, la gracia, el mal, la Eucaristía y otros misterios de la fe. Como editor, creó un espacio de diálogo cultural y de difusión de la tradición católica. Nova et Vetera permitió presentar el pensamiento tomista ante los problemas intelectuales, religiosos y sociales del siglo XX.3

La revista desempeñó una función de mediación. No se limitó a conservar textos antiguos, sino que puso en relación la herencia de santo Tomás con autores contemporáneos, cuestiones ecuménicas y debates sobre la cultura moderna.

Tomismo y renovación teológica

Journet defendió una renovación de la teología fundada en la tradición. Para él, el tomismo no constituía un sistema cerrado, sino un instrumento intelectual capaz de servir a la comprensión renovada de la fe.

Su método integraba varias fuentes: la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, santo Tomás, los comentaristas escolásticos y los teólogos modernos. Entre los autores tomistas y barrocos que estudió figuran Cayetano, Juan de Santo Tomás, Belarmino, Suárez, Bossuet y Melchor Cano. También dialogó con teólogos del siglo XX como Garrigou-Lagrange, Gilson, de la Taille, Gardeil y Maritain.10

Participación en el Concilio Vaticano II

Journet participó en la última sesión del Concilio Vaticano II después de su nombramiento episcopal y cardenalicio. Su contribución tuvo especial relación con la libertad religiosa, el matrimonio y el sacerdocio.2

Su pensamiento conciliar muestra una continuidad entre el tomismo clásico y la renovación eclesiológica del Concilio. Journet pudo acoger el lenguaje conciliar sobre la Iglesia como sacramento sin abandonar su estructura cristológica y sobrenatural.

La doctrina conciliar sobre la sacramentalidad de la Iglesia encuentra una formulación coherente con la teología de Journet: Cristo es el sacramento primero de la vida divina y la Iglesia comunica sacramentalmente esa vida en la historia.6,7

Obras principales

Entre las obras más relevantes de Charles Journet figuran:

  • L’Église du Verbe incarné, su gran tratado de eclesiología especulativa.
  • Le sens de la grâce, dedicado al misterio de la gracia.
  • Le mal, ensayo teológico sobre el problema del mal.
  • La Messe, présence du sacrifice de la Croix, sobre la misa, la presencia real y el sacrificio de Cristo.
  • Connaissance et inconnaissance de Dieu, conocido en traducción como El conocimiento oscuro de Dios.
  • Le purgatoire.
  • Les sept paroles du Christ en croix.
  • Notre-Dame des sept Douleurs.
  • Diversos artículos publicados en Nova et Vetera.

La amplitud temática de su producción abarca la eclesiología, la cristología, la sacramentología, la gracia, la mariología, la escatología, la teología espiritual y la teodicea.2,1,12

Influencia y valoración

La influencia de Journet alcanza especialmente la eclesiología tomista, la teología de la gracia y la comprensión sacramental de la Iglesia. Su obra ofrece una síntesis en la que Cristo, el Espíritu Santo, la Iglesia, los sacramentos y la vida espiritual forman una unidad doctrinal.

Su recepción internacional creció con la publicación de traducciones y estudios dedicados a su pensamiento. La valoración de su legado también aumentó con nuevas investigaciones sobre su participación en el Concilio Vaticano II, su relación con Maritain y su influencia en la eclesiología contemporánea.5,7

La originalidad de Journet no reside en haber abandonado la tradición tomista, sino en haber mostrado su capacidad para iluminar cuestiones contemporáneas. Su teología mantiene unidos el análisis conceptual, la fidelidad eclesial y la contemplación del misterio cristiano.

Legado teológico

Charles Journet dejó una concepción orgánica de la teología católica. La Iglesia procede de Cristo, vive por el Espíritu Santo, recibe su forma visible mediante la estructura apostólica y comunica la gracia por los sacramentos. La vida espiritual participa de esa misma realidad mediante la fe y la caridad.

Su pensamiento recuerda que la dogmática no puede encerrarse en el ámbito académico. La verdad sobre la Iglesia, la gracia y la Eucaristía debe transformar la existencia cristiana. Del mismo modo, la espiritualidad necesita una doctrina sólida que la proteja del subjetivismo y la mantenga vinculada a la fe apostólica.

El cardenal Journet permanece así como una figura central del tomismo eclesiológico del siglo XX: teólogo de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, maestro de la gracia, intérprete de la sacramentalidad y editor comprometido con la difusión de la tradición católica.

Citas y referencias

  1. Gregory P. Rocca, OP. El «conocimiento oscuro de Dios» y nuestro culto al misterio divino, 2 (2005). 2 3 4 5
  2. Roger Nutt. La aplicación de la única ofrenda de Cristo: Charles Journet sobre la Misa, la presencia real y el sacrificio de la cruz, 3 (2010). 2 3 4 5
  3. Presentando la edición inglesa de Nova et Vetera: La influencia de Charles Cardenal Journet, Georges Cottier, OP. La influencia de Charles Cardenal Journet (Primavera 2003, Volumen I, Número I), 1 (2003). 2
  4. Charles Morerod, OP. La ecclesiología de Juan Pablo II y Santo Tomás de Aquino, 14 (2005). 2 3
  5. El misterio de la sacramentalidad: Cristo, la Iglesia y los siete sacramentos, Charles Journet. El misterio de la sacramentalidad: Cristo, la Iglesia y los siete sacramentos, 1 (2024). 2
  6. Charles Journet. El misterio de la sacramentalidad: Cristo, la Iglesia y los siete sacramentos, 3 (2024). 2 3
  7. Charles Journet. El misterio de la sacramentalidad: Cristo, la Iglesia y los siete sacramentos, 2 (2024). 2 3 4
  8. Arturo Cattaneo. Teología de la Iglesia particular, 12 (1991).
  9. Charles Journet. El misterio de la sacramentalidad: Cristo, la Iglesia y los siete sacramentos, 7 (2024).
  10. La vida y el legado de Charles Journet, Roger Nutt. La aplicación de la única ofrenda de Cristo: Charles Journet sobre la Misa, la presencia real y el sacrificio de la cruz, 2 (2010). 2
  11. Roger Nutt. La aplicación de la única ofrenda de Cristo: Charles Journet sobre la Misa, la presencia real y el sacrificio de la cruz, 17 (2010).
  12. La cuestión del mal y el misterio de Dios en Charles Journet*, Gilles Emery, OP. La cuestión del mal y el misterio de Dios en Charles Journet, 1 (2006). 2
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