Los carismas se describen como gracias del Espíritu Santo que, a diferencia de los dones de la caridad, están orientados al bien común y al crecimiento de la Iglesia3. La Catecismo de la Iglesia Católica los define como «gracias especiales del Espíritu que se otorgan a los fieles para el bien de los demás, las necesidades del mundo y, en particular, para la edificación de la Iglesia»2.
Origen bíblico
El fundamento bíblico de los carismas se encuentra en la Primera Carta a los Corintios, donde San Pablo enumera una serie de manifestaciones del Espíritu para el beneficio de todos: sabiduría, conocimiento, fe, sanidad, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas y su interpretación4. Estas palabras subrayan la libertad absoluta del Espíritu para distribuir sus dones según la voluntad divina4.
