La historia de la Orden Carmelita se entrelaza con la del Monte Carmelo en Tierra Santa, un lugar venerado desde tiempos antiguos. Aunque la orden misma ha sostenido tradicionalmente que sus fundadores son los profetas Elías y Eliseo, la investigación histórica moderna sitúa sus orígenes como orden organizada en la segunda mitad del siglo XII1.
Antes del establecimiento formal de la orden, ya existían en la Tierra Santa grupos de hombres, como los «Hijos de los Profetas» en tiempos de Samuel, que llevaban una vida comunitaria y se dedicaban al servicio de Dios, bajo la obediencia a superiores como Elías y Eliseo, ambos vinculados al Monte Carmelo1. Durante los siglos III y IV de la Era Cristiana, el Carmelo era un lugar de peregrinación, y Padres de la Iglesia como San Juan Crisóstomo, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Jerónimo consideraban a Elías y Eliseo como modelos de perfección religiosa y patronos de ermitaños y monjes1.
Establecimiento en el Monte Carmelo
Hacia el año 1155, un monje de Calabria, inspirado por una aparición del Profeta Elías, reunió a unos diez ermitaños para llevar una vida religiosa en un pequeño monasterio cerca de la gruta del profeta en el Monte Carmelo1. Este evento marcó el inicio documentado de la comunidad carmelita. En 1210, el Patriarca de Jerusalén, San Alberto de Vercelli, residente en Tiro, redactó una fórmula de vida para estos ermitaños, que incluía la elección de un prior, la promesa de obediencia, la vida en celdas separadas dedicadas a la recitación del Oficio Divino y la meditación piadosa, el trabajo manual, y la abstinencia de carne, además de ayunos y períodos de silencio1,2. Esta regla fue aprobada por el Papa Inocencio IV en 1247, con algunas enmiendas2.
Los primeros carmelitas se centraron en la adoración a Jesucristo, inspirándose en los ejemplos de la Bienaventurada Virgen María y el Profeta Elías2. Se les conocía inicialmente como Fratres eremitæ de Monte Carmeli (Hermanos Ermitaños del Monte Carmelo), y más tarde, tras la construcción de una capilla en honor a Nuestra Señora, como Eremitæ Sanctæ Mariæ de Monte Carmeli (Ermitaños de Santa María del Monte Carmelo). Este título evolucionó a Fratres Ordinis Beatissimæ Virginis Mariæ de Monte Carmeli y, finalmente, a Fratres Ordinis Beatissimæ Dei Genitricus semperque Virginis Mariæ de Monte Carmeli1.
