Carmen Hernández nació en España en la segunda mitad del siglo XX, en un contexto marcado por las transformaciones sociales y eclesiales posteriores al Concilio Vaticano II. Desde joven, mostró una profunda vocación al servicio de la Iglesia, influida por el deseo de responder a los desafíos de la secularización en la sociedad europea. Su formación teológica y catequética la preparó para una misión itinerante, enfocada en la predicación del Evangelio a los más alejados de la fe.
En los años sesenta, Hernández se involucró en experiencias de vida comunitaria en los suburbios de Madrid, donde convivió con los marginados. Esta etapa fue crucial para su maduración espiritual, al confrontarse con la realidad de la pobreza y la indiferencia religiosa. Su encuentro con Kiko Argüello marcó el inicio de una colaboración fructífera, inspirada en el kerigma bíblico y la liturgia como ejes de la catequesis.
