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Cruz

Carnaval (fiesta original)

El Carnaval, en su origen católico, es el período litúrgico previo a la Cuaresma, conocido históricamente como Shrovetide en la tradición inglesa y equivalente al «Carnelevare» en el mundo latino. Esta fiesta, arraigada en la preparación espiritual para el ayuno cuaresmal, enfatiza la confesión sacramental y el consumo de alimentos prohibidos durante la Cuaresma, como carne, huevos y grasas. Aunque popularmente asociado a celebraciones festivas, la Iglesia Católica siempre ha destacado su dimensión penitencial, oponiéndose a excesos mundanos mediante devociones como las Cuarenta Horas de oración y visitas a las siete iglesias de Roma, promovidas por santos como San Felipe Neri.1,2

Tabla de contenido

Etimología y significado original

La palabra Carnaval deriva del latín medieval carne levare, que significa «levantar» o «quitar la carne», aludiendo al fin del consumo de carne antes del inicio de la Cuaresma.1 En el sur de Europa, este término evoca directamente la transición hacia el ayuno, mientras que en inglés se denomina Shrovetide, de «shriving» o confesión, subrayando el aspecto sacramental. Un texto anglosajón del año 1000, traducido por el abad Aelfric de Theodulphus, explica: «En la semana inmediatamente antes de la Cuaresma, todos irán a su confesor para confesar sus obras, y el confesor lo absolverá según lo que juzgue por sus hechos en materia de penitencia».1

En alemán, se llama Fastnacht («noche del ayuno»), reforzando la idea religiosa de vigilia previa al rigor cuaresmal. Esta etimología rechaza interpretaciones paganas vagas, atribuyendo el origen a la necesidad humana de un breve alivio antes de las privaciones lentas, siempre enmarcado en la piedad cristiana.1

Contexto litúrgico en la Iglesia Católica

El Carnaval se sitúa entre las domínicas de Septuagesima, Sexagesima y Quincuagesima, semanas pre-cuaresmales que preparan al fiel para la penitencia. La liturgia introduce temas de conversión, como el hijo pródigo, y el sentido cristiano de la alimentación.3 No forma parte del tiempo fuerte de Cuaresma, sino un preludio donde se usan reservas de alimentos no permitidos, como huevos y grasas, origen de tradiciones como los tortitas inglesas el Martes de Carnaval.1

La Iglesia ve este tiempo como oportunidad para la metanoia o conversión, escuchando las palabras de Cristo sobre el Reino de Dios y la Cruz, como recordaba san Juan Pablo II en su mensaje cuaresmal de 1979.4 En el calendario actual, persiste como llamado a la reconciliación sacramental antes del Miércoles de Ceniza.

Tradiciones populares en el mundo católico

En Inglaterra y el mundo anglosajón

En Inglaterra, el Shrovetide incluía deportes como el fútbol callejero y representaciones teatrales en casas nobles el Martes de Carnaval, sin los excesos sureuropeos. Una costumbre cruel, como lanzar piedras a gallos, se asociaba al período, pero la fiesta era mayoritariamente festiva y familiar.1 Tras la Reforma, persistió como día festivo laico, con aprendices tomando «el juego en sus manos».1

En Europa continental

En Francia, el Jeudi gras («Jueves gordo») y Mardi gras («Martes gordo») marcan el consumo excesivo de grasas. En Italia y España, el Carnaval evoca procesiones y disfraces, pero su raíz es el «fin de la carne». En la liturgia mozárabe, la dominica de Sexagesima se llama «domingo en que se eliminan las carnes».5

Estas prácticas responden a la prohibición cuaresmal de carne, huevos y lácteos, extendiendo el «Carneval» (sin carne) desde Septuagesima en algunas órdenes religiosas.5

Excesos históricos y críticas eclesiales

Aunque el origen es piadoso, el Carnaval derivó en «pazzia collettiva» (locura colectiva), con bailes, máscaras y vegliones que invadían incluso el Miércoles de Ceniza. Un obispo del siglo XVI lo describía como días «lugubres y funestos» convertidos en «gaio y scomposto godimento» (júbilo desordenado), degenerando en ritos paganos.5

Un embajador turco en el siglo XVI relató que los cristianos «impazzivano» (enloquecían) durante el Carnaval, volviendo en sí con «polvo» (cenizas) en la iglesia.5 John Henry Newman, en su Apologia pro vita sua, citaba a Hurrell Froude viendo el Carnaval como «idolatría práctica», opuesta por católicos durante siglos.6,7

Benedicto XIV, en constituciones como Inter caetera (1748) y Prodiit jamdudum (1751), deploró vegliones nocturnas, máscaras en viernes y saltimbanquis durante vísperas, ordenando remedios a obispos.5,8

Respuesta de la Iglesia: Devociones penitenciales

La Iglesia contrarrestó excesos con obras de piedad. Desde el siglo XVI, se instituyó la Exposición del Santísimo Sacramento durante lunes y martes de Carnaval para expiación y atracción de fieles.1,2

Las Cuarenta Horas de Oración

Promovida por San Felipe Neri (antes de 1550) para la Confraternidad de la Trinidad de los Peregrinos en Roma, y alentada por San Ignacio de Loyola, duraba unos dos días («Quarant' Ore»). San Carlos Borromeo dio instrucciones detalladas, y Clemente VIII la recomendó en Graves et diuturnae (1592) ante crisis europeas.2 En Italia y Francia, generó oratorios musicales. Benedicto XIV concedió indulgencia plenaria en Estados Pontificios (Super Bacchanalibus, 1747).1

Visita a las siete iglesias

San Felipe Neri instituyó en Roma la peregrinación a las siete basílicas mayores durante Carnaval, fomentando sacramentos e indulgencias.5

Estas devociones convierten el «carnaval mundano» en glorificación del Padre mediante buenas obras, como enseña Francisco evocando a santo Domingo.9

Documentos papales y magisterio

Papas como Benedicto XIV combatieron abusos específicos: máscaras en días santos, invasión de Cuaresma y espectáculos durante catequesis.5,8 Juan Pablo II vinculó el período a la Cruz como llamada a conversión.4 Francisco usa «carnaval» metafóricamente para la «sociedad líquida» de relativismo, opuesta a ser «sal y luz» (Mt 5,13-16).9

El Concilio de Trento y pontífices medievales inspiraron oposición continua, como nota Newman.6

Influencia en la santidad católica

Santos como San Felipe Neri, San Ignacio, Beato Juvenal Ancina y San Carlos Borromeo encarnaron la reforma del Carnaval mediante adoración eucarística.2 Santo Domingo, 800 años atrás, predicó contra la «curiosidad mundana» del carnaval.9 Su legado: pasar de seducción ideológica a obras que glorifiquen a Dios.

Actualidad y legado

Hoy, el Carnaval católico original invita a equilibrar fiesta y penitencia, preparando la Pascua. En un mundo de «consumo efímero», recuerda la necesidad de confesión y ayuno, fiel a la tradición eclesial. La piedad popular, si conforme a normas, enriquece esta herencia, como enseña el Vaticano II.10

Citas

  1. Cuaresma, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Cuaresma (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9

  2. Devoción de las Cuarenta Horas, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Devoción de las Cuarenta Horas (1913). 2 3 4

  3. B) Cuaresma, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), § 176 (1999).

  4. Papa Juan Pablo II. Mensaje a la Iglesia de Roma para la Cuaresma (28 de febrero de 1979) - Discurso, § 1 (1979). 2

  5. Papa Benedicto XIV. Inter Caetera (Papa Benedicto XIV) (1748). 2 3 4 5 6 7

  6. Parte IV - Historia de mis opiniones religiosas—1833—1839—, John Henry Newman. Apologia Pro Vita Sua, §Parte IV. 2

  7. Parte IV - Historia de mis opiniones religiosas—1833—1839—, John Henry Newman. Apologia Pro Vita Sua, §Parte IV: Historia de mis opiniones religiosas—1833—1839—.

  8. Papa Benedicto XIV. Prodiit jamdudum (1751). 2

  9. Clausura del jubileo por el 800.º aniversario de la confirmación de la Orden de Predicadores, Papa Francisco. Clausura del Jubileo por el 800.º aniversario de la confirmación de la Orden de Predicadores (21 de enero de 2017). 2 3

  10. Papa Juan Pablo II. Al segundo grupo de obispos de la Conferencia Episcopal de España sobre su visita «ad limina» (15 de noviembre de 1997) - Discurso (1997).