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Carnaval (fiesta original)

El Carnaval-entendido en su sentido cristiano originario- es el periodo inmediatamente anterior a la Cuaresma, con un acento marcado en la preparación penitencial: alivio antes del ayuno, práctica de la confesión, y orientación del júbilo popular hacia la conversión. A la vez, la Iglesia, especialmente en los siglos modernos, reconoció que en muchos lugares el Carnaval degeneraba en desorden y tomó medidas para corregir abusos y preservar el carácter sagrado del inicio de la Cuaresma.1,2,3,4,5,6,7

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCarnaval
CategoríaTérmino
DescripciónTiempo previo a la Cuaresma con origen cristiano, orientado a la penitencia y a la conversión. Periodo inmediatamente anterior a la Cuaresma, dedicado a la preparación penitencial mediante confesión, ayuno y reconciliación. Del latín *carne levare*, ‘eliminar la carne’, indicando la preparación para el ayuno
Referencias
  • Inter Caetera (1748)
  • Prodit jamdudum (1751) - papado de Benedicto XIV.
Autoridad EclesiásticaPapa Benedicto XIV
Contexto HistóricoPráctica medieval; regulada en el siglo XVIII por el Papa Benedicto XIV (documentos Inter Caetera 1748 y Prodit jamdudum 1751).
Contexto LitúrgicoSe sitúa antes del Miércoles de Ceniza; históricamente coincidía con las semanas de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima.
DesarrolloIncluye devociones como las Cuarenta Horas y la visita a las siete iglesias; la reforma litúrgica posterior eliminó las semanas Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima.
ImportanciaPrepara al fiel para la disciplina cuaresmal, evitando desorden y manteniendo el carácter sagrado del inicio de la Cuaresma.
OrigenEtimología latina; asociado también al término inglés «shrovetide», ligado a la confesión previa a la Cuaresma.
TipoTiempo litúrgico, Periodo litúrgico, Pre-Cuaresma penitencial, siglos modernos

Tabla de contenido

Sentido cristiano y contexto litúrgico

En el uso católico tradicional, lo decisivo no es el «disfraz» ni el «entretenimiento», sino que el periodo previo a la Cuaresma funciona como umbral penitencial: se trata de disponer el corazón para el ayuno, la oración y la reconciliación con Dios. La Iglesia sitúa a lo largo del año litúrgico momentos intensos de la práctica penitencial, especialmente en los tiempos penitenciales.4

Por ello, aunque el Carnaval haya adquirido formas festivas en la cultura, su idea religiosa originaria aparece vinculada a la preparación para la Cuaresma, incluida la recepción de la misericordia divina a través de la penitencia sacramental.1,4

Etimología y finalidad penitencial: «carne levare» y «shrive»

El término relacionado con el inicio de la Cuaresma se asocia históricamente al concepto de «quitar la carne»: la expresión deriva de carne levare, «eliminar la carne», ligada al comienzo del ayuno cuaresmal.1

En la tradición inglesa, el periodo se denominaba shrovetide, explicado por la práctica de acudir al confesor antes del tiempo cuaresmal. Una cita medieval -procedente de los Ecclesiastical Institutes traducidos desde el texto anglosajón atribuido a Theodulfo (en traducción de Aelfric)- resume la intención: en la semana inmediatamente anterior a la Cuaresma, la gente acudía al confesor para confesar sus obras y recibir la penitencia conveniente.1

Este trasfondo explica por qué, en el sentido original, el Carnaval no se presenta como simple «fiesta pagana», sino como un periodo en el que se reconoce la necesidad humana de un margen antes de una disciplina larga y exigente, manteniendo el marco religioso.1

Relación con Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima

En la liturgia tradicional, el Carnaval se situaba en las semanas pre-cuaresmales conocidas como Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. La institución y el sentido de estas denominaciones forman parte del desarrollo histórico del calendario romano, y su aparición tiene huellas tempranas en libros sacramentarios.7

Ahora bien, la reforma litúrgica posterior eliminó esas semanas (Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima) como parte del esquema vigente: el tiempo de Cuaresma se define entre el Miércoles de Ceniza y la Misa de «Cena del Señor» del Jueves Santo, estableciendo una distinción clara entre Cuaresma y el Triduo Pascual.6,8

Tradiciones penitenciales asociadas

Cuarenta Horas (devoción eucarística)

Dentro del marco de la piedad católica del tiempo, surgió y se difundió la devoción de las Cuarenta Horas (Quarant’ Ore / Quarantore), caracterizada por la oración continua ante el Santísimo Sacramento expuesto durante cuarenta horas, normalmente con una Misa solemne al inicio y otra al final.5

Sobre su origen histórico, la Catholic Encyclopedia indica que, aunque la procedencia exacta se presenta con cierta oscuridad documental, hay «hechos que deben aceptarse» respecto a la introducción de la práctica de exposición solemne, con referencias a desarrollos en el contexto italiano y, en particular, con la transferencia posterior de la «vigilancia de cuarenta horas» a otras temporadas.5

El mismo texto explica un punto esencial para el tema: la traslación de esta «vigil figurativa» de cuarenta horas hacia el tiempo del Carnaval fue «muy evidente» y es verosímil que ocurriese independientemente en diversos lugares.5

Visita a las siete iglesias

Otra práctica conectada con la piedad en el tiempo del Carnaval fue la visita a las siete iglesias. En una carta circular, el papa Benedicto XIV atribuye explícitamente la introducción de esta práctica en Roma a San Felipe Neri, como una devoción «solemne y pública» en esos días.2

Respuesta eclesial ante los abusos: tolerancia, límites y corrección

La Iglesia no desconoció que, en muchos contextos, el Carnaval corría el riesgo de convertirse en desorden moral y en interferencia con el inicio de la Cuaresma. Benedicto XIV describe que, ante el «público desorden», la Iglesia recurrió a la oración y a las obras de piedad, y menciona devociones para encauzar el tiempo.2

A la vez, reconoce un principio importante: se afirma que la Iglesia no se opone a toda diversión indiscriminadamente, pero debe evitarse lo que daña la reverencia debida a los lugares sagrados y al tiempo litúrgico. La carta detalla críticas a prácticas como acudir a la Iglesia con indumentaria festiva incompatible con el recogimiento, e incluso menciona la cuestión de máscaras y espectáculos.2

Regulación en los Estados Pontificios: Benedicto XIV (1748 y 1751)

En el documento Inter Caetera (1748), Benedicto XIV menciona tres inconvenientes principales ligados al Carnaval:

  • que las noches, bailes y juegos se prolongaban hasta el límite del comienzo de la Cuaresma, ocasionando que las personas, incluso sin máscara, fueran a la Iglesia «con los vestidos con que se habían disfrazado», tras lo cual volvían a casa y dormían al menos durante la mañana del primer día de Cuaresma;2
  • que en ciertos lugares se permitía el uso de máscaras incluso en días de precepto;2
  • que, en algunos lugares, se consentían espectáculos de saltimbanquis durante las horas de las Vísperas y la doctrina cristiana.2

En continuidad con ello, Prodiit jamdudum (1751) confirma disposiciones anteriores y añade precisiones sobre cómo actuar ante las circunstancias del año litúrgico, incluyendo el caso de la vigilia de un santo cuando se topaba con el último día del Carnaval.3

Además, Benedicto XIV recuerda que los clérigos no deben amparar conductas incompatibles con su estado, y alude a la necesidad de custodiar disposiciones eclesiásticas que prohíben (o restringen) el lujo y ciertas formas de juego y danza por parte de los eclesiásticos.2

La lectura católica del Carnaval hoy (orientación general)

En la práctica contemporánea, el Carnaval suele celebrarse como una fiesta cultural con gran variedad de expresiones (desfiles, música, disfraces y celebraciones comunitarias). Sin embargo, desde el enfoque católico originario, el criterio no es la simple «cantidad de fiesta», sino si el tiempo previo a la Cuaresma se vive como preparación a la penitencia y si se respeta el carácter sagrado del comienzo cuaresmal. Esa orientación, ya presente en las devociones y en las medidas de corrección descritas por la autoridad eclesial, ofrece el marco para discernir.4,2,3

Citas y referencias

  1. Semanas de Carnaval, . Enciclopedia Católica, Semanas de Carnaval (1913). 2 3 4 5
  2. Papa Benedicto XIV. Inter Caetera (Papa Benedicto XIV) (1748). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Papa Benedicto XIV. Prodit jam dudum (1751). 2 3
  4. Capítulo II. Los sacramentos de la curación, . Catecismo de la Iglesia Católica, 1438 (1992). 2 3 4
  5. Devoción de las cuarenta horas, . Enciclopedia Católica, Devoción de las cuarenta horas (1913). 2 3 4
  6. III. La temporada de Cuaresma, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 208 (1999). 2
  7. Septuagésima, . Enciclopedia Católica, Septuagésima (1913). 2
  8. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 195 (1999).
Modificado el 29 de junio de 2026 • FideScore™ 7.46Citar este artículo

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