La Epístola a los Colosenses se divide en dos partes principales: una sección dogmático-polemica (caps. 1-2) y otra parenética o moral (caps. 3-4). Su estructura es concisa, con solo cuatro capítulos, pero rica en teología, comenzando con un saludo y un himno cristológico, y concluyendo con saludos personales.
Primera parte: Doctrina y refutación de errores
La carta inicia con una acción de gracias (Col 1:3-8) por la fe, esperanza y amor de los colosenses, atribuidos a la predicación de Epafra. Sigue un himno cristológico (Col 1:15-20), considerado uno de los textos más elevados del Nuevo Testamento, que presenta a Cristo como «imagen del Dios invisible», «primogénito de toda criatura» y reconciliador de la creación mediante su sangre., Este himno, posiblemente un canto litúrgico preexistente adaptado por Pablo, enfatiza la preexistencia eterna de Cristo, su rol en la creación y su primacía sobre todo poder angélico.
En el capítulo 2, Pablo profundiza en la «plenitud del misterio de Dios» (Col 2:2), identificándolo con Cristo, en quien «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col 2:3)., Aquí refuta explícitamente las herejías: advierte contra la «filosofía vana y engaño» basada en tradiciones humanas y «rudimentos del mundo» (Col 2:8), no en Cristo, en quien habita corporalmente «toda la plenitud de la divinidad» (Col 2:9). Rechaza el culto supersticioso a los ángeles (Col 2:18), que no implica una condena a la devoción católica legítima, sino a prácticas idolátricas que rebajan a Cristo. Además, explica el bautismo como «circuncisión espiritual» (Col 2:11-12), que sepulta al pecado y resucita al creyente con Cristo, haciendo innecesarias las observancias judías.
Segunda parte: Exhortaciones prácticas
Los capítulos 3 y 4 aplican la doctrina a la vida cotidiana. Pablo insta a «buscar las cosas de arriba» (Col 3:1), donde está Cristo, y a despojarse del «hombre viejo» con sus vicios para revestirse del «hombre nuevo» (Col 3:9-10), renovado en el conocimiento según la imagen de su Creador. Destaca virtudes como la misericordia, la humildad y el amor (Col 3:12-14), y regula la vida familiar y social: esposos, esposas, padres, hijos, señores y esclavos deben actuar «en el Señor» (Col 3:18-4:1), promoviendo la igualdad en Cristo que trasciende divisiones étnicas o sociales (Col 3:11).
La carta concluye con recomendaciones prácticas: orar con perseverancia (Col 4:2-4), caminar con sabiduría hacia los de fuera (Col 4:5) y usar salmos e himnos para la alabanza (Col 3:16). Incluye saludos de compañeros como Aristarco, Marcos, Jesús Justo, Lucas y Demas (Col 4:10-14), y una instrucción única: intercambiar esta carta con la de Laodicea (Col 4:16), sugiriendo una circulación epistolar en las iglesias asiáticas.