La Carta a los Romanos se divide en dos partes principales: teológica (caps. 1-11) y práctica (caps. 12-16), con un saludo inicial y una doxología final. Pablo emplea un estilo retórico judío, con alusiones al Antiguo Testamento, para argumentar la universalidad de la salvación.
Saludo y Tema Principal (Romanos 1:1-17)
Pablo se presenta como siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol para predicar el Evangelio prometido en las Escrituras (Rom 1:1-7). Saluda a la Iglesia de Roma, amada por Dios y santificada en Cristo, destacando la gracia y la paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo. En los versos 16-17, anuncia el tema central: No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: del judío primeramente y también del griego. En él se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe. Esta propositio establece la fe como clave de la justificación, un concepto que Santo Tomás de Aquino interpreta como la gracia de Cristo en sí misma.
La Necesidad de la Salvación (Romanos 1:18-3:20)
Pablo describe la ira de Dios contra la impiedad humana, que rechaza al Creador por ídolos (Rom 1:18-32). Extiende esto a judíos y gentiles: todos pecaron y están bajo el poder del pecado (Rom 3:9-20). No hay distinción; la ley mosaica acusa, pero no justifica. Esta sección subraya la universalidad del pecado, preparando el terreno para la revelación de la gracia.
La Justificación por la Fe (Romanos 3:21-5:21)
Aquí radica el núcleo teológico: la justicia de Dios se manifiesta aparte de la ley, por la fe en Jesucristo (Rom 3:21-26). Pablo usa el ejemplo de Abraham, justificado por la fe antes de la circuncisión (Rom 4:1-25), y contrasta la ley con la gracia. En Romanos 5, la reconciliación por Cristo supera el pecado de Adán: Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5:20). El Catecismo cita estos pasajes para explicar la redención como victoria sobre el pecado.
La Vida en el Espíritu y la Libertad del Pecado (Romanos 6:1-8:39)
Pablo exhorta a no pecar bajo la gracia, pues los bautizados han muerto al pecado y viven para Dios (Rom 6:1-14). La ley excita el pecado, pero el Espíritu libera (Rom 7:7-25; 8:1-17). El capítulo 8 culmina en la esperanza de la glorificación: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Rom 8:16), un texto clave para la filiación divina en la doctrina católica.
El Misterio de Israel (Romanos 9:1-11:36)
Pablo lamenta la incredulidad de muchos judíos, pero afirma la elección de Dios (Rom 9:1-29). No es fracaso de la palabra de Dios; la fe, no las obras de la ley, define al verdadero Israel (Rom 9:30-10:21). En Romanos 11, los gentiles son injertados en el olivo de Israel, y todo Israel será salvo (Rom 11:26), interpretado por la Iglesia como esperanza en la conversión final de los judíos. Esto evita el supersesionismo estricto, enfatizando la continuidad del plan divino.
Exhortaciones Prácticas (Romanos 12:1-15:13)
Pablo urge a ofrecer el cuerpo como sacrificio vivo (Rom 12:1), vivir en caridad y someterse a las autoridades (Rom 13:1-7). Aboga por la tolerancia entre fuertes (gentiles) y débiles (judíos observantes) en cuestiones como alimentos (Rom 14:1-15:13), modelado en Cristo, ministro de la circuncisión.
Conclusión y Saludos (Romanos 15:14-16:27)
Pablo defiende su ministerio y planes (Rom 15:14-33), recomendando a Febe y saludando a colaboradores como Priscila y Aquila (Rom 16:3-15). Advierte contra divisiones y concluye con una doxología (Rom 16:25-27).