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Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos

La Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos es uno de los testimonios paganos más importantes acerca de las primeras comunidades cristianas fuera del Nuevo Testamento. Plinio, gobernador romano de Bitinia-Ponto, escribió al emperador Trajano hacia el año 112 para consultar cómo debía proceder con los cristianos acusados ante su tribunal. Su informe describe la práctica litúrgica, la conducta moral y la firmeza religiosa de los cristianos, mientras que la respuesta imperial estableció una política ambigua: las autoridades no debían buscarlos activamente, pero debían castigarlos si, tras una denuncia formal, reconocían su identidad cristiana y rechazaban ofrecer sacrificios a los dioses.

Plinio il Giovane
Ver información de la imagenPlinio el Joven: escultura en la fachada principal del Duomo de Como, c. 2018. Original, Daniela Manili Pessina, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCarta de Plinio el Joven sobre los cristianos
CategoríaObra
Descripciónc. 112
AutorPlinio el Joven
ContenidoConsulta de Plinio al emperador sobre cómo tratar a los cristianos acusados; descripción de prácticas litúrgicas y morales cristianas; respuesta imperial con instrucciones específicas
Contexto HistóricoGobierno de Trajano, persecuciones incipientes de cristianos en el Imperio romano
Importancia EclesialConfirma el culto a Cristo como dios, la organización comunitaria y la moral cristiana en el siglo II; referencia clave para estudios de la persecución y apologética temprana
Importancia HistóricaUno de los testimonios paganos más antiguos sobre la Iglesia primitiva y la política de persecución bajo Trajano
LugarBitinia-Ponto (provincia romana)
Tema
  • Procedimiento judicial contra cristianos
  • política imperial de no buscar activamente pero castigar a los confesos
TipoDocumento, Carta
Enlaces relacionadosCarta de Plinio el Joven sobre los cristianos. En Primeros Cristianos.

Tabla de contenido

La correspondencia resulta especialmente valiosa porque distingue entre delitos concretos y la mera pertenencia al cristianismo. Plinio no encontró crímenes morales entre los acusados; el conflicto surgía de su negativa a participar en el culto público romano, de su culto exclusivo a Cristo y de la sospecha que despertaban sus reuniones privadas.

Autor y contexto histórico

Plinio el Joven

Cayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Joven, nació aproximadamente en el año 61 y murió después del año 112. Perteneció a la aristocracia senatorial romana y desempeñó diversos cargos públicos. Su carrera culminó con el nombramiento como gobernador imperial de la provincia de Bitinia-Ponto, en Asia Menor.

La provincia reunía ciudades griegas, comunidades orientales y territorios profundamente integrados en la administración romana. El gobernador ejercía funciones judiciales, administrativas y financieras, y debía mantener el orden público en nombre del emperador. En ese marco, Plinio recibió denuncias contra cristianos y tuvo que decidir cómo aplicar el derecho romano a un grupo religioso cuya situación jurídica no comprendía plenamente.

El emperador Trajano

Marco Ulpio Trajano gobernó el Imperio romano entre los años 98 y 117. Su administración buscó proyectar una imagen de moderación, orden y respeto por las formas jurídicas tradicionales. La respuesta dirigida a Plinio refleja ese equilibrio: Trajano no autorizó una persecución general, pero tampoco reconoció la libertad religiosa de los cristianos.

El emperador resolvió las dudas del gobernador mediante instrucciones prácticas:

  • Las autoridades no debían organizar una búsqueda general de cristianos.
  • No debían aceptar denuncias anónimas.
  • Una persona formalmente denunciada que confesara ser cristiana debía recibir castigo.
  • Quien negase ser cristiano y ofreciese sacrificio a los dioses podía quedar libre.
  • La retractación debía demostrarse mediante un acto religioso público.

La respuesta de Trajano no constituye una ley general redactada con carácter sistemático, sino una decisión imperial dirigida a resolver el caso planteado por un gobernador. Á. D’Ors recuerda que la respuesta de Trajano pertenece propiamente al ámbito de una epístola imperial y no al de los rescripta en sentido técnico, cuya aparición corresponde a una etapa posterior.1

La correspondencia de Bitinia

La consulta aparece en el libro X de las Epístolas de Plinio, dentro de la correspondencia oficial mantenida con Trajano. La carta suele citarse como Epístola X, 96, mientras que la respuesta imperial corresponde a Epístola X, 97.

Plinio explica que nunca había intervenido antes en procesos contra cristianos y que, por ello, necesitaba instrucciones sobre varios puntos:

  • Si debía distinguir entre jóvenes y adultos.
  • Si debía perdonar a quienes abandonasen la fe cristiana.
  • Si debía castigar el nombre cristiano en cuanto tal.
  • Si debía investigar también los delitos atribuidos popularmente a los cristianos.
  • Qué valor jurídico debía conceder a las retractaciones obtenidas bajo presión.

La cuestión central aparece con claridad: ¿constituía el cristianismo un delito por sí mismo o sólo debían castigarse los delitos concretos cometidos por sus miembros? La respuesta de Trajano resolvió la cuestión en sentido desfavorable para los cristianos, aunque sin ordenar una persecución universal.

La investigación de Plinio

La denuncia y el interrogatorio

Plinio no describe una investigación iniciada por una autoridad central para localizar cristianos en todo el territorio. Su actuación partió de denuncias y de la presencia de acusados ante el tribunal provincial. El gobernador interrogaba a los sospechosos y les ofrecía varias oportunidades para renunciar a la fe.

El procedimiento incluía una prueba religiosa pública. El acusado debía:

  1. Invocar a los dioses romanos.
  2. Ofrecer vino e incienso ante la imagen del emperador.
  3. Maldecir a Cristo.
  4. Demostrar mediante ese acto que ya no profesaba el cristianismo.

La negativa persistente conducía a la condena. La conducta de los acusados no aparecía como un delito moral ordinario, sino como una resistencia religiosa y jurídica a las exigencias del orden romano.

Las retractaciones

Algunos acusados negaron haber sido cristianos. Otros admitieron que habían pertenecido al grupo en el pasado, pero afirmaron que habían abandonado la fe. Plinio comprobó las retractaciones mediante el sacrificio y la invocación de los dioses.

El procedimiento revela que la autoridad romana no buscaba exclusivamente descubrir una conspiración criminal. Pretendía comprobar la lealtad religiosa y política del acusado. Para Plinio, la persistencia en el nombre cristiano demostraba una obstinación que justificaba el castigo, aunque no existiera otro delito.

El interrogatorio de dos diaconisas

Plinio llegó a torturar a dos mujeres que ejercían funciones de servicio dentro de la comunidad cristiana, tradicionalmente identificadas en la documentación latina como ministrae. El interrogatorio no produjo pruebas de asesinatos, inmoralidad sexual, magia o conspiración. El gobernador concluyó que la comunidad profesaba una «superstición perversa y desmesurada», pero no descubrió una actividad criminal organizada.

La información transmitida por Plinio confirma que la acusación romana no logró demostrar los delitos que circulaban en la propaganda popular. La literatura cristiana de los siglos II y III insistirá precisamente en esa falta de correspondencia entre los rumores y la realidad de la vida cristiana.2

Qué cuenta Plinio sobre la vida cristiana

Reuniones al amanecer

Los cristianos acostumbraban a reunirse antes del amanecer. Allí cantaban himnos a Cristo «como a un dios». El dato posee gran importancia histórica porque muestra que, a comienzos del siglo II, la comunidad cristiana dirigía un culto explícito a Jesucristo.

Eusebio de Cesarea, al transmitir la tradición apologética relacionada con la carta, resume la información de Plinio afirmando que los cristianos cantaban himnos a Cristo como Dios y que rechazaban el adulterio, el homicidio, el robo y otros delitos.3

La referencia coincide con la fe católica en la divinidad de Jesucristo. Aunque Plinio interpreta el cristianismo desde las categorías religiosas romanas y lo califica de superstitio, su testimonio confirma que el culto cristiano no se dirigía simplemente a un maestro humano ni a un héroe difunto.

El juramento moral

Los cristianos se comprometían mediante una fórmula solemne -un sacramentum o compromiso jurado- a no cometer delitos. Plinio enumera entre las prohibiciones:

  • El robo.
  • El bandolerismo.
  • El adulterio.
  • La infidelidad.
  • La apropiación indebida de depósitos.
  • Otros actos contrarios a la honradez.

El término latino sacramentum podía designar en el mundo romano un juramento de fidelidad, especialmente militar. Plinio lo emplea para describir el compromiso moral de los cristianos, no para afirmar que conociera con precisión la teología sacramental de la Iglesia.

La información resulta coherente con la enseñanza moral cristiana primitiva: la adhesión a Cristo exigía una vida nueva y excluía los pecados graves contra la vida, el matrimonio, la propiedad y la justicia. Athenágoras de Atenas defenderá posteriormente que las acusaciones contra los cristianos carecían de fundamento y que su conducta debía juzgarse por hechos comprobables, no por el nombre religioso.4

La comida comunitaria

Los cristianos también celebraban una comida común. Plinio afirma que la comida era sencilla, honesta y carente de los excesos que la opinión pública atribuía a sus reuniones. Después de la intervención de la autoridad, la comunidad dejó de celebrar esa comida conjunta, probablemente para evitar sospechas y problemas jurídicos.

La referencia puede relacionarse con la práctica cristiana de las comidas comunitarias y con la celebración eucarística, aunque la carta no ofrece una descripción litúrgica suficiente para identificar cada elemento con la Eucaristía. El testimonio sí confirma la existencia de reuniones ordenadas, disciplina moral y vínculos comunitarios estables.

El nomen y los flagitia

El nomen: la identidad cristiana

La cuestión jurídica peculiar de la carta aparece en la relación entre el nomen y los flagitia.

El nomen era el nombre o identidad pública del acusado: en este caso, el hecho de ser cristiano. Los flagitia eran los actos vergonzosos o delitos morales que la propaganda romana atribuía a los cristianos, como homicidios rituales, relaciones incestuosas, banquetes inmorales o prácticas monstruosas.

Plinio no encontró pruebas de esos flagitia. Su investigación condujo a una conclusión incómoda: los cristianos llevaban una vida moralmente ordenada, pero rechazaban sacrificar a los dioses y no querían abandonar el nombre de Cristo.

El nombre convertido en delito

En el derecho romano ordinario, el juez debía investigar un acto concreto: homicidio, adulterio, sacrilegio, traición o robo. La acusación debía describir una conducta y aportar elementos para demostrarla. En el caso cristiano, la confesión del nombre podía bastar para desencadenar la condena.

Tertuliano formulará esta paradoja con gran precisión en su Apologético: los cristianos no eran condenados por un homicidio, un incesto o un sacrilegio probado, sino por reconocer que eran cristianos. En sus palabras, la acusación consistía en «el delito de un nombre».5

La diferencia también aparece en el procedimiento. Tertuliano reprocha a los magistrados que los cristianos no recibieran la misma oportunidad de defensa que otros acusados y que la investigación se detuviera en la confesión del nombre.6

Athenágoras emplea un razonamiento semejante: un nombre no es bueno ni malo por sí mismo; la justicia debe examinar las acciones de la persona. Por tanto, un cristiano debía ser castigado por un delito probado, no por la simple denominación religiosa.4

La peculiaridad de la acusación romana

La acusación romana poseía una estructura doble:

  • En el plano popular, los cristianos cargaban con rumores sobre delitos morales.
  • En el plano administrativo, la autoridad podía condenarlos por su confesión cristiana, aunque no demostrara esos delitos.

La carta de Plinio muestra que la segunda dimensión acabó siendo más decisiva que la primera. El gobernador descubrió que los cristianos no practicaban las inmoralidades que se les atribuían, pero consideró punible su negativa a obedecer el rito público exigido.

Por eso, la persecución no dependía necesariamente de demostrar un flagitium. Bastaba el nomen acompañado de la negativa a renunciar a él.

Cristianismo, asociaciones y collegia

El sistema romano de asociaciones

La sociedad romana conocía numerosas asociaciones privadas llamadas collegia. Algunas tenían finalidad religiosa; otras organizaban oficios, funerales, ayuda mutua, banquetes o actividades económicas. El derecho romano reconocía ciertos collegia como entidades legítimas, con patrimonio común, tesorería y representantes propios.7

Las asociaciones reconocidas podían recibir el nombre de collegia legitima. Las agrupaciones que actuaban como corporaciones sin autorización adecuada recibían la consideración de collegia illicita.7

El Estado romano no entendía la libertad de asociación como un derecho general e ilimitado. Las asociaciones necesitaban autorización del Senado o del emperador, especialmente cuando reunían a muchas personas, poseían bienes comunes, celebraban reuniones periódicas o podían influir en la vida política. La administración romana distinguía entre asociaciones religiosas, profesionales, funerarias, económicas y políticas.8

La evolución de la política romana

Durante la República tardía, algunas asociaciones urbanas adquirieron una dimensión política y se convirtieron en instrumentos de facciones y conflictos callejeros. Esa experiencia impulsó medidas restrictivas, entre ellas el senadoconsulto del año 64 antes de Cristo, relacionado con la legislación contra asociaciones de carácter político.9

Durante el Principado, el poder imperial reforzó el control sobre las reuniones colectivas. La cuestión no dependía únicamente de la doctrina profesada, sino también de la autorización pública, de la finalidad de la asociación y del temor a que una comunidad organizada escapase al control administrativo.

El cristianismo como asociación sospechosa

Las comunidades cristianas poseían varios rasgos que podían inquietar a las autoridades:

  • Celebraban reuniones periódicas.
  • Tenían responsables y una disciplina interna.
  • Utilizaban fórmulas de compromiso común.
  • Compartían comidas.
  • Mantenían una identidad que atravesaba fronteras cívicas y sociales.
  • Rendían culto a Cristo en lugar de participar en el culto público romano.

La carta de Plinio no demuestra que Trajano aplicase una teoría jurídica completamente desarrollada sobre el cristianismo como collegium illicitum. Conviene evitar una identificación automática entre Iglesia y asociación ilegal romana. El cristianismo era una realidad religiosa y comunitaria con características propias, y la autoridad podía perseguirlo por la negativa al culto imperial aunque no formulase técnicamente una acusación corporativa.

Sin embargo, el régimen jurídico de las asociaciones ayuda a comprender la sospecha administrativa. Plinio informa de que los cristianos habían dejado de reunirse para una comida común después de que sus edictos reforzasen la prohibición de asociaciones. Newman resume esta parte de la carta indicando que los cristianos abandonaron la comida comunitaria tras las medidas de Plinio contra las asociaciones.2

La prohibición de las reuniones no prueba por sí sola una persecución religiosa sistemática. Muestra, más bien, cómo la administración provincial podía utilizar la legislación sobre asociaciones para limitar la vida comunitaria cristiana.

La respuesta de Trajano

«No deben ser buscados»

La primera regla de Trajano ordenaba que los cristianos no fueran buscados activamente. El emperador no autorizó una operación general para descubrir comunidades cristianas ni una investigación permanente en todas las ciudades.

Eusebio transmite esta norma con una fórmula breve: los cristianos no debían ser buscados, pero, una vez encontrados y reconocidos como tales, debían recibir castigo.10

La tradición apologética cristiana percibió la contradicción de esta política. Tertuliano reprocha a Trajano que prohibiera perseguir a los cristianos y, al mismo tiempo, ordenara castigarlos cuando alguien los presentara ante el juez.6

«Si son denunciados y perseveran»

La segunda regla permitía castigar a los cristianos denunciados formalmente cuando reconocieran su identidad y persistieran en ella. Trajano no exigía que el gobernador demostrase homicidio, adulterio, robo o conspiración. La perseverancia en la profesión cristiana, unida a la negativa a sacrificar, bastaba para la condena.

La política imperial trataba la retractación como signo de reintegración en el orden religioso romano. Quien ofrecía sacrificio a los dioses y rechazaba a Cristo podía quedar libre. La decisión no suponía una declaración de inocencia doctrinal del cristianismo, sino una medida de control político y religioso.

Las denuncias anónimas

Trajano prohibió aceptar denuncias anónimas. La medida pretendía evitar acusaciones irresponsables, venganzas personales y desórdenes provocados por informadores sin identidad. Al mismo tiempo, no garantizaba la libertad de los cristianos, pues una denuncia formal podía conducir al interrogatorio y a la ejecución.

La política resultante combinaba tres elementos:

  • Rechazo de la búsqueda sistemática.
  • Aceptación de la denuncia individual.
  • Castigo de la confesión cristiana no retractada.

Represión administrativa local y persecución sistemática

Una represión provincial

La actuación de Plinio pertenece al ámbito de la represión administrativa local. El gobernador reaccionó ante denuncias, examinó casos concretos, consultó al emperador y trató de restablecer el orden provincial. No aparece en la carta una orden imperial destinada a perseguir a todos los cristianos del Imperio.

La situación recuerda más a una intervención judicial y administrativa en una provincia que a una campaña general de exterminio. Plinio se mostró desconcertado por la cantidad de acusados y pidió instrucciones porque carecía de experiencia previa en este tipo de procesos. La tradición histórica recogida por la Enciclopedia Católica describe precisamente a Plinio como un gobernador que, sorprendido por la extensión del cristianismo en ciudades y zonas rurales, solicitó orientación a Trajano.11

La ausencia de persecución sistemática

Una persecución sistemática exigiría una política organizada de localización, identificación y procesamiento de todos los cristianos, con instrucciones generales aplicables a todo el Imperio. La carta de Plinio y la respuesta de Trajano no describen ese escenario.

Trajano prohibió la búsqueda de cristianos. La autoridad imperial aceptó, sin embargo, que los acusados fueran castigados tras una denuncia y una confesión persistente. Esta fórmula permitió represalias locales y produjo mártires, pero no equivalía a una orden permanente de búsqueda universal.

Eusebio presenta la situación como una persecución que había producido numerosos mártires, aunque conserva el dato decisivo de que Trajano prohibió buscar a los cristianos.3 La tensión entre ambos aspectos exige distinguir el alcance de la violencia local de la política general del emperador.

El lugar de la carta en la historia de las persecuciones

La carta de Plinio pertenece a una etapa en la que la situación cristiana dependía en gran medida de la iniciativa de los gobernadores, de las denuncias locales y de la actitud de las autoridades urbanas. El cristianismo no disfrutaba de reconocimiento jurídico, y su culto exclusivo podía chocar con las obligaciones públicas del ciudadano romano.

La documentación cristiana posterior interpretó la política de Trajano como un ejemplo de injusticia jurídica: las autoridades no consideraban a los cristianos suficientemente peligrosos para buscarlos, pero sí los consideraban castigables cuando aparecían ante el tribunal. Tertuliano resume esa contradicción afirmando que la administración los trataba de manera distinta a los criminales ordinarios y que la acusación se concentraba en el nombre cristiano.6

Valor histórico y religioso de la carta

Un testimonio externo sobre la Iglesia primitiva

La carta ofrece información independiente de origen romano sobre varios rasgos de las comunidades cristianas:

  • La expansión del cristianismo por ciudades y zonas rurales.
  • La existencia de reuniones antes del amanecer.
  • El culto dirigido a Cristo.
  • La organización comunitaria.
  • La exigencia de una conducta moral rigurosa.
  • La celebración de comidas comunes.
  • La firmeza de los cristianos ante la presión judicial.

La Enciclopedia Católica considera que el documento posee especial importancia porque Plinio reconoce la inocencia moral de los cristianos y, al mismo tiempo, confirma su fidelidad a Cristo, a quien celebraban como Dios.12

Confirmación indirecta de la fe cristiana

Plinio no escribe como creyente. Su vocabulario refleja incomprensión y rechazo: describe la religión como una superstición excesiva y juzga la constancia cristiana como obstinación. A pesar de esa perspectiva hostil, proporciona datos que armonizan con la fe de la Iglesia:

  • Cristo recibe culto divino.
  • La comunidad cristiana exige conversión moral.
  • El compromiso con la verdad religiosa prevalece sobre la conveniencia personal.
  • Los cristianos aceptan sufrir antes que participar en un acto de idolatría.

La carta, por tanto, no constituye una profesión de fe cristiana, pero sí un testimonio pagano temprano sobre la identidad religiosa de los discípulos de Cristo.

Relevancia apologética

Los apologistas del siglo II utilizaron la situación descrita por Plinio para defender la justicia del trato debido a los cristianos. Tertuliano cita expresamente la consulta del gobernador y la respuesta de Trajano como ejemplo de una política contradictoria: no investigar, pero castigar; no demostrar delitos, pero condenar la confesión del nombre.6

Athenágoras desarrolla el principio jurídico que los cristianos reclamaban: el acusado debía ser juzgado por sus actos, igual que cualquier otra persona, y no por su pertenencia religiosa.4

Interpretación desde la perspectiva católica

La Iglesia Católica reconoce en los mártires de esta época testigos de la primacía de Dios y de la fidelidad a Jesucristo. La respuesta de los cristianos ante Plinio manifiesta una verdad central de la fe: ningún poder humano puede exigir legítimamente que el discípulo reniegue de Cristo o adore a otros dioses.

Al mismo tiempo, el documento muestra que los cristianos no defendían una conducta antisocial. Su compromiso moral excluía el homicidio, el adulterio, el robo, la avaricia y la falsedad. Su negativa al sacrificio no nacía de un desprecio hacia el orden civil, sino de la adoración exclusiva del Dios verdadero.

La carta también ayuda a distinguir entre la obediencia cristiana a la autoridad legítima y la resistencia a la idolatría. La Iglesia enseña que los fieles deben respetar a las autoridades civiles y cumplir las leyes justas, pero no pueden realizar actos contrarios a la fe y a la ley moral. En Bitinia, el conflicto no giraba principalmente en torno a delitos civiles, sino a la exigencia de un acto religioso incompatible con el culto cristiano.

Importancia para el estudio de las persecuciones romanas

La correspondencia de Plinio y Trajano ocupa un lugar central en la historia de la Iglesia antigua por cuatro motivos:

  1. Es uno de los primeros testimonios romanos directos sobre los cristianos.
  2. Confirma el culto a Cristo como Dios a comienzos del siglo II.
  3. Reconoce la conducta moralmente ordenada de las comunidades cristianas.
  4. Documenta una política jurídica que castigaba la confesión cristiana sin ordenar una búsqueda general.

Su contenido impide dos simplificaciones opuestas. Por una parte, no conviene presentar la época de Trajano como una persecución universal y permanentemente organizada contra todos los cristianos. Por otra, tampoco cabe describir la situación como una tolerancia plena: el cristiano denunciado que no renunciaba a su fe podía ser condenado, incluso cuando no existiera prueba de otro delito.

Conclusión

La Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos revela la compleja posición jurídica de la Iglesia naciente dentro del Imperio romano. Plinio encontró comunidades disciplinadas, moralmente exigentes y centradas en el culto a Cristo, pero trató la persistencia en el nombre cristiano como una forma punible de obstinación.

La diferencia entre nomen y flagitia permite comprender la peculiaridad del proceso: los rumores sobre delitos morales no resistieron la investigación, mientras que la identidad cristiana y la negativa a sacrificar bastaron para producir condenas. El marco jurídico de los collegia explica la sospecha romana ante las reuniones organizadas, aunque la documentación no autoriza a reducir el cristianismo a una simple asociación ilegal.

La política de Trajano combinó la prohibición de buscar cristianos con la autorización para castigarlos cuando fueran denunciados y perseverasen en su fe. El resultado no fue todavía una persecución sistemática de alcance universal, sino una forma de represión administrativa local que podía desembocar en el martirio. La carta conserva así un testimonio excepcional sobre la Iglesia apostólica y sobre la fidelidad de los primeros cristianos a Jesucristo, incluso ante la amenaza de la muerte.

Citas y referencias

  1. Á. D’Ors. Una nueva edición de la 'Historia de Roma': Bengston, 3 (1983).
  2. B2, John Henry Newman. Un ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, 221 (1878). 2
  3. Trajano prohíbe que se persigan a los cristianos, Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica (Eusebio de Cesarea), Libro III. Capítulo 33. 1 (325). 2
  4. Reclamar ser tratado como los demás cuando se es acusado, Atenágoras de Atenas. Un ruego a los cristianos, Capítulo 2 (177). 2 3
  5. La gran ofensa de los cristianos radica en su propio nombre. El nombre vindicado, Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano de Cartago). Ad Nationes (A las naciones), Libro I. Capítulo 3 (197).
  6. Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano de Cartago). Apología (Apologeticus), Capítulo 2 (197). 2 3 4
  7. Corporación, . Enciclopedia Católica, Corporación (1913). 2
  8. Derecho de asociación voluntaria, . Enciclopedia Católica, Derecho de asociación voluntaria (1913).
  9. Richard J. Barrett. La asociación no reconocida y su capacidad para actuar en los tribunales, 1997, Número 4, págs. 677-711, 15 (1997).
  10. Trajano prohíbe que se persigan a los cristianos, Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica (Eusebio de Cesarea), Libro III. Capítulo 33. 4 (325).
  11. Mártir, . Enciclopedia Católica, Mártir (1913).
  12. Documentos históricos tempranos sobre Jesucristo, . Enciclopedia Católica, Documentos históricos tempranos sobre Jesucristo (1913).
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Primeros Cristianos
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