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Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos

La carta del joven Plinio al emperador Trajano constituye uno de los testimonios romanos más citados sobre la situación jurídica y social de los cristianos en el Imperio durante las primeras décadas del siglo segundo. En ella, Plinio expone las dificultades que encuentra como gobernador en Bitinia y formula preguntas concretas sobre cómo proceder con las personas acusadas de profesar el cristianismo, subrayando que, salvo por ese hecho, no se le presentaba en principio ninguna acusación criminal verificable. La posterior respuesta de Trajano fija una pauta práctica: no buscar a los cristianos, pero castigar cuando alguien fuera denunciado y confesara ser cristiano; asimismo, rechaza las denuncias anónimas y contempla el perdón para quienes se apartan de su adhesión mediante ciertos actos cultuales.1

Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos
Plinio el Joven: escultura en la fachada principal de la Catedral de Como. Original, Daniela Manili Pessina, CC BY-SA 4.0 📄

Tabla de contenido

Contexto histórico: Plinio, Trajano y las provincias orientales

Plinio el Joven como gobernador y su encargo imperial

Plinio el Joven, identificado como gobernador en la región de Bitinia-Ponto, es enviado desde Roma para restaurar el orden en su jurisdicción. En el marco de esa comisión administrativa, se encuentra con un fenómeno que le sorprende por su amplitud: la presencia de un número extraordinariamente grande de cristianos en su territorio.1

El propio testimonio permite entender que la cuestión no era meramente privada o local: la adhesión cristiana aparecía como un «desvío» respecto de la religión estatal y afectaba al funcionamiento social y económico ordinario. De hecho, se menciona un efecto económico: al aumentar el número de cristianos, disminuía la demanda de víctimas que antes se ofrecían a los dioses.1

El trasfondo jurídico-religioso: religión estatal y «superstición» considerada ilícita

En la documentación citada, los cristianos son presentados desde la perspectiva romana como un grupo asociado a una «superstición» que se extendía por ciudades y también por aldeas y zonas rurales. Ese lenguaje refleja una valoración romana del cristianismo como una práctica ajena al orden religioso oficial.1

Al mismo tiempo, se destaca que los cristianos —según la información que Plinio comunica y según el tenor de la instrucción imperial— eran considerados inocentes de crímenes en el sentido en que no se probaban delitos ordinarios atribuidos por la calumnia popular; su «delito», tal como se aplica la norma en la práctica, es la misma profesión de la fe cristiana dentro de un marco en que esa profesión resulta ilegal.1

La carta de Plinio: lo que consulta y lo que observa

La «prueba» disponible: interrogatorio, persistencia y variaciones en las declaraciones

Plinio informa a Trajano de que, como consecuencia de la situación descrita, se produjeron detenciones y sometimientos a examen. Según el relato de la tradición histórica recogida, los sospechosos eran interrogados acerca de sus creencias, y los que persistían en rechazar invitaciones repetidas a renunciar eran ejecutados.1

La carta menciona también casos con desenlace distinto. Algunos presos primero admitían ser cristianos, pero, al ser amenazados con castigo, matizaban su declaración anterior afirmando que en otro tiempo habían sido adherentes del grupo proscrito pero que ya no lo eran. Otros, por el contrario, negaban ser cristianos o haberlo sido.1

Este detalle es relevante porque muestra que la administración provincial trataba la cuestión como un problema de identidad religiosa verificable mediante confesión o negación, y que la respuesta a la pregunta imperial estaba ligada a la conducta observada ante la autoridad.

Las tres cuestiones planteadas a Trajano

Plinio, al no tener experiencia previa suficiente «para» tratar el asunto con claridad, pregunta al emperador sobre tres puntos concretos:

  • Si la edad de los acusados debía considerarse al imponer el castigo.1

  • Si los cristianos que renunciaban debían ser perdonados.1

  • Si la sola profesión del cristianismo debía considerarse un delito punible, con independencia de la inocencia o culpabilidad respecto de otras acusaciones asociadas en el imaginario romano al grupo.1

En conjunto, la estructura del planteamiento revela un esfuerzo por armonizar la práctica local con principios de procedimiento. Plinio no solicita simplemente una condena o absolución; solicita criterios para decidir en casos reales donde la confesión y la renuncia aparecen como elementos decisivos.

El punto de fondo: vidas supuestamente inocentes salvo por la fe

Una formulación importante, destacada por fuentes católicas de historia antigua, subraya que en el marco descrito no se podía demostrar un crimen distinto de la creencia cristiana. En el contraste entre la inocencia en cuanto a hechos delictivos y la condena vinculada a la adhesión religiosa, aparece con claridad el carácter peculiar del trato recibido por los cristianos en ese momento.2

La respuesta de Trajano: regla práctica para el trato a los cristianos

Aunque el tema central sea la carta de Plinio, la comprensión plena del documento requiere la respuesta de Trajano, porque es en ella donde se determina el criterio aplicado en la administración.

No buscar, pero castigar si hay confesión

Trajano contesta mediante un rescripto que, según la tradición histórica citada, tendría fuerza de orientación práctica en el siglo segundo respecto del trato a los cristianos. La regla propuesta es doble:

  • No tomar medidas para averiguar quiénes son o no son cristianos.1

  • Sin embargo, si alguien era denunciado y admitía que era cristiano, debía ser castigado, con toda claridad «evidentemente con muerte».1

Con ello se perfila una política que limita la iniciativa persecutoria de los magistrados, pero permite el castigo cuando la autoridad se enfrenta a una confesión ante la ley.

Denuncias anónimas y posibilidad de perdón

La instrucción también establece:

  • Que no se atiendan las denuncias anónimas.1

  • Que quienes se arrepientan de ser cristianos y ofrezcan sacrificio a los dioses sean perdonados.1

Esto significa que el «cambio» no se formula únicamente como una renegación interior, sino como un acto cultual que el marco romano interpreta como prueba pública de separación del cristianismo.

La idea de que la profesión, por sí misma, activa la pena

La respuesta queda descrita como una confirmación de la cuestión de Plinio: en la práctica, la única acusación que se sostiene es el hecho de ser cristiano en un entorno que considera ilegal esa adhesión. Se afirma explícitamente que, según las instrucciones, el cristianismo era el motivo del castigo, no una amenaza militar o un peligro político en sí mismo: su «único crimen» es ser cristianos, adherentes de una religión ilícita.1

Evidencias indirectas y recepción antigua del caso Plinio–Trajano

Tertuliano: crítica a la incoherencia del procedimiento

En el ámbito cristiano antiguo, Tertuliano discute la situación en términos que muestran que el procedimiento de Trajano era conocido y discutido. En su razonamiento, afirma que se prohíbe buscar a los cristianos, pero si aparecen ante el juez y confiesan, se les castiga; lo describe como una situación que, en su perspectiva, resulta contradictoria: se impide la búsqueda por tratarse a los cristianos «como inocentes», pero se les castiga como «culpables» si llegan a comparecer.3

Tertuliano también alude a lo que el gobernador encontró en los servicios religiosos: reuniones en la mañana temprana para cantar himnos a Cristo y a Dios, y una vida sellada por un compromiso de fidelidad religiosa, incluyendo prohibiciones morales como matar, cometer adulterio y practicar la deshonestidad.3

La utilidad de este testimonio para el tema «carta de Plinio» es doble: por un lado, muestra que el caso se convirtió en referencia apologética; por otro, permite apreciar que los cristianos eran descritos por los propios hechos observados, no por delitos probados.3

Eusebio: la prohibición de buscar «los cristianos»

Eusebio de Cesarea, al resumir una traducción del planteamiento de Tertuliano, insiste en el punto jurídico central: que se prohíbe la búsqueda de los cristianos. Se presenta el motivo administrativo: el gobernador, tras condenar a algunos y confiscar su condición, queda perplejo ante la cantidad y solicita criterio. Trajano responde que se actuaba «aparte de la» renuncia al sacrificio: no se hallaba impiedad adicional cuando se investigaba.4

Vida cristiana mencionada en el marco del interrogatorio

Reunión al amanecer y canto de himnos

Más allá del aspecto jurídico, las mismas cartas y discusiones antiguas permiten identificar elementos de la vida cristiana que, al menos en parte, habían sido descritos por observadores o mencionados en la documentación que sobrevive.

En un estudio litúrgico sobre la oración de los cristianos de los primeros siglos, se cita la carta de Plinio a Trajano (en torno al año 112) indicando que los cristianos de Bitinia se reunían al amanecer, probablemente los domingos, para cantar himnos a Cristo como si fuera un dios.5

Este dato es valioso porque conecta un episodio jurídico con prácticas de culto y organización comunitaria.

Oración matutina, gratitud y vida moral

El mismo estudio litúrgico añade que, en el siglo segundo, otras fuentes cristianas describen que los creyentes glorificaban y alababan a Dios por los beneficios recibidos y daban gracias incluso en el curso cotidiano, en un sentido que acompasa la dimensión comunitaria con una forma de vida.5

El contenido moral al que se refiere Tertuliano al citar la información disponible en el proceso (prohibiciones morales concretas y una vida comprometida) complementa esa imagen: la acusación romana no se sostenía en una prueba de delitos, sino en la incompatibilidad entre la práctica cristiana y el marco de obediencia religiosa exigido por el Estado.3

Importancia histórica: persecución, derecho romano y límites del procedimiento

Coherencia del imperio y alcance de la pauta

En el marco histórico descrito por la tradición católica de consulta, el intercambio Plinio–Trajano se considera especialmente esclarecedor para entender la persecución durante el reinado de Trajano (111-113). Se precisa que, en esa correspondencia, el emperador considera la confesión cristiana como merecedora de muerte, pero además impone límites: prohíbe buscar y aceptar denuncias anónimas; si alguien prueba que no es cristiano mediante sacrificio a los dioses, se lo libera; si se prueba que permanece, sigue el castigo.6

La descripción ayuda a ubicar la política imperial en el terreno del control social y el ejercicio de la jurisdicción, más que en un programa de persecución sistemática desde la iniciativa imperial.

Un episodio con impacto real aunque no uniforme

La misma fuente matiza que, aunque hubo medidas en distintos lugares, no se afirma que fuera una persecución de gran escala en todo el imperio; la posición de los cristianos, en conjunto, se presenta como relativamente satisfactoria en ese período, con mártires destacados pero sin uniformidad de intensidad en todos los territorios.6

Esta matización es importante para evitar lecturas absolutas: el documento describe una pauta, pero la experiencia histórica podía variar según el grado de aplicación local, la presión social y la dinámica de denuncias.

Términos y elementos clave presentes en la correspondencia

«Denuncia», «confesión» y condición jurídica del cristiano

El esquema jurídico se articula en torno a tres elementos:

  • la denuncia (ya que se actúa si alguien es denunciado),1

  • la confesión (si la persona admite ser cristiano),1

  • la posibilidad de reorientación mediante sacrificio (perdón si ofrece sacrificio y se aparta).1

Así, el cristiano queda expuesto a una condición jurídica peculiar: no es «buscado», pero puede quedar inmediatamente comprometido si comparece y mantiene su adhesión.

Denuncias anónimas y discrecionalidad administrativa

La prohibición de las denuncias anónimas implica una intención de limitar la arbitrariedad, al menos en el plano formal.1

Sin embargo, el testimonio cristiano muestra que el procedimiento, desde el punto de vista de la justicia ordinaria, era criticado por su falta de simetría con el tratamiento usual de otros acusados: se insiste en que lo que se busca no es la verificación de delitos en sentido estricto, sino la constatación del nombre y la adhesión.3

Conclusión

La Carta de Plinio el Joven sobre los cristianos es un documento decisivo para comprender cómo el Imperio romano gestionó el fenómeno cristiano en un momento temprano: describe una práctica de gobierno que intenta resolver dudas procesales, y sitúa la fe como el punto que activa la pena, mientras se afirma la inexistencia de delitos probados distintos de la confesión. A su vez, el intercambio revela que las autoridades romanas conocían, aunque fuera de forma indirecta, ciertos rasgos de la vida comunitaria cristiana —como el culto al amanecer y el canto de himnos a Cristo— y que, pese a la fricción entre religión estatal y cristianismo, la decisión imperial se enmarca en una pauta concreta: no buscar, pero castigar cuando hay confesión y comparecencia ante la autoridad.1,5,6

Cuadro resumen

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCarta de Plinio el Joven a Trajano
CategoríaDocumento
Tipo de DocumentoCarta
AutorPlinio el Joven
DestinatarioEmperador Trajano
Fecha112
LugarBitinia
Contexto HistóricoImperio romano, siglo II, gobernación de Plinio en la provincia de Bitinia
TemaPersecución de cristianos y normativa legal bajo el reinado de Trajano
Descripción BreveCarta en la que Plinio el Joven solicita a Trajano directrices para el tratamiento judicial de los cristianos.
ContenidoPlinio expone la gran cantidad de cristianos en su provincia, describe los interrogatorios y plantea tres preguntas sobre la edad de los acusados, el perdón a los que renuncien y si la sola confesión constituye delito; Trajano responde que no se deben buscar cristianos, pero que se castigará a quien sea denunciado y confiese su fe, rechazando denuncias anónimas y permitiendo el perdón mediante sacrificio a los dioses.

Citas y referencias

  1. Mártir,. Enciclopedia Católica, §Mártir (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20
  2. Documentos históricos tempranos sobre Jesucristo,. Enciclopedia Católica, §Documentos históricos tempranos sobre Jesucristo (1913).
  3. Quinto Septimio Florens Tertuliano (Tertuliano de Cartago). Apología (Apologeticus), §Capítulo 2 (197). 2 3 4 5
  4. Trajano prohíbe que los cristianos sean buscados, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), §Libro III. Capítulo 33. 3 (325).
  5. II. Oración eclesial de los autores cristianos de los primeros tres siglos, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), § 31 (1999). 2 3
  6. Trajano,. Enciclopedia Católica, §Trajano (1913). 2 3

Artículo modificado el 20 de junio de 2026

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