La expresión litterae formatae designa cartas emitidas por un obispo para acreditar, ante otro obispo, la rectitud de fe y la vida moral irreprochable de un eclesiástico de su diócesis.1
En la antigüedad cristiana, la documentación eclesiástica circulaba con diversos nombres cercanos, según la finalidad:
- Cartas canónicas (letters canonical): cartas destinadas a garantizar el reconocimiento correcto del portador dentro de la disciplina eclesial.2
- Cartas de comunión: cuando su finalidad admitía al portador al trato eclesial propio de la comunión, recibieron también esta denominación en la tradición de la Antigüedad tardía.2
- Cartas dimisorias (litterae dimissorioe): conectan con el mismo mundo epistolar, pero sirven a otro fin: remitir a un candidato para la ordenación a otro obispo.1
La carta formada no funcionó como un mero mensaje de cortesía. La comunidad eclesial trató estas cartas como un instrumento de identidad eclesial: certificaban condiciones exigidas para que el portador pudiera ser recibido con seguridad doctrinal y moral.1


