El Concilio Vaticano II y Lumen Gentium
El Concilio Vaticano II ya había señalado que el Espíritu Santo «equipara y dirige con dones jerárquicos y carismáticos» la Iglesia (Lumen Gentium n.º 4)1. Esta visión conciliar sirvió de base para el desarrollo posterior de la doctrina sobre los carismas y su relación con la jerarquía eclesial2.
Desarrollo magisterial posterior
Tras el Concilio, los pontífices Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco reforzaron la idea de que no existe conflicto entre la dimensión institucional y la carismática, sino una co‑esencialidad que enriquece la misión de la Iglesia3. Cada uno de ellos subrayó la necesidad de una integración armoniosa y de la obediencia a los pastores para que los carismas florezcan al servicio del Evangelio4.
