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Cartas paulinas

Las cartas paulinas son el conjunto de escritos del Nuevo Testamento vinculados a san Pablo y a su misión apostólica. Dirigidas a comunidades cristianas y a colaboradores concretos, desarrollan la fe en Jesucristo, la vida de la Iglesia, la salvación, la unidad de los creyentes y las exigencias morales del Evangelio. La tradición cristiana reconoce trece cartas con el nombre de Pablo, mientras que la atribución de algunas continúa siendo objeto de estudio histórico y exegético.

Ann Arbor, University of Michigan P.Mich.inv. 6238 (Papyrus 46) fol. 158r Eph 6, 20-Gal 1, 8
Ver información de la imagenSección del papiro 46 que contiene el final de la Epístola a los Efesios (6:20-28) y el comienzo de la Epístola a los Gálatas (1:1-8). https://quod.lib.umich.edu/a/apis/x-3611/6238_158.TIF?lasttype=boolean;lastview=reslist;resnum=51;size=50;sort=apis_inv;start=51;subview=detail;view=entry;rgn1=apis_inv&q1=6238, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCartas paulinas
CategoríaObra
DescripciónConjunto de epístolas del Nuevo Testamento atribuidas a san Pablo, dirigidas a iglesias y colaboradores concretos. Las cartas paulinas son escritos apostólicos que desarrollan la fe en Jesucristo, la vida de la Iglesia, la salvación, la unidad de los creyentes y las exigencias morales del Evangelio; incluyen 13 cartas tradicionalmente atribuídas a Pablo y otras de autoría debatida
ContenidoRomanos; 1 Corintios; 2 Corintios; Gálatas; Efesios; Filipenses; Colosenses; 1 Tesalonicenses; 2 Tesalonicenses; 1 Timoteo; 2 Timoteo; Tito; Filemón; (Hebreos, atribución discutida).
Contexto HistóricoPrimer siglo, comunidades cristianas de la época apostólica y situaciones concretas de esas iglesias.
Enseñanzas PrincipalesJustificación por fe, gracia divina, unidad del cuerpo de Cristo, vida moral cristiana, caridad y uso de los dones espirituales.
Importancia EclesialBase doctrinal y pastoral de la Iglesia; influyen en la liturgia, la teología y la vida moral cristiana.
TemaFe, doctrina, vida moral, unidad eclesial y evangelización según la enseñanza de Pablo.
TipoCarta apostólica, Epístola

Tabla de contenido

Denominación y lugar en el Nuevo Testamento

La palabra epístola designa una carta destinada a la comunicación de una enseñanza, una exhortación o una instrucción. Las cartas paulinas pertenecen al conjunto de los escritos apostólicos del Nuevo Testamento y ocupan un lugar central en la teología cristiana.

Pablo no redactó tratados abstractos desligados de la vida real. Escribió a comunidades concretas, en situaciones determinadas, para anunciar el Evangelio, corregir errores, resolver conflictos, fortalecer la esperanza y organizar la vida eclesial. Tres cartas -1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito- están dirigidas principalmente a colaboradores individuales; Filemón también tiene un destinatario personal. Las restantes se dirigen a Iglesias locales.1

La tradición cristiana atribuye a Pablo las siguientes cartas:

La Carta a los Hebreos aparece junto a los escritos paulinos en algunos manuscritos y tradiciones antiguas, pero carece de una atribución paulina universalmente aceptada. La Comisión Bíblica Pontificia distingue las siete cartas generalmente reconocidas como auténticas, las cartas a los Efesios y a los Colosenses, las Pastorales y, finalmente, Hebreos y los demás escritos apostólicos.2

Formación del corpus paulino

Las cartas auténticas o proto-paulinas

La investigación histórico-crítica suele llamar proto-paulinas a las siete cartas cuya autenticidad paulina goza de un reconocimiento especialmente amplio:

  • Romanos.
  • 1 Corintios.
  • 2 Corintios.
  • Gálatas.
  • Filipenses.
  • 1 Tesalonicenses.
  • Filemón.

Estas cartas constituyen el núcleo más seguro del corpus paulino.2

La palabra auténtica no significa que Pablo tuviera necesariamente la pluma en la mano durante toda la redacción. En la Antigüedad, un autor podía dictar su carta a un escriba, revisar el resultado y asumir plenamente el escrito. Por eso, las diferencias de vocabulario y estilo no bastan por sí solas para excluir la participación del Apóstol.3

Las cartas deutero-paulinas

La expresión deutero-paulinas designa habitualmente las cartas atribuidas tradicionalmente a Pablo cuya autoría directa suscita mayor debate:

Algunos investigadores consideran que estas cartas proceden de discípulos de Pablo que desarrollaron su enseñanza en nuevas circunstancias eclesiales. Otros defienden que Pablo las redactó con ayuda de colaboradores, mediante formas literarias y vocabulario adaptados a destinatarios y problemas diferentes.

La discusión utiliza criterios de estilo, vocabulario, estructura, ambiente histórico y desarrollo teológico. Sin embargo, esos criterios no proporcionan siempre una conclusión definitiva. Una misma persona puede emplear registros distintos en épocas diferentes, y un amanuense o colaborador puede influir notablemente en la forma final del escrito.3,4

La Carta a los Colosenses ofrece un ejemplo significativo. Su lenguaje resulta más solemne y complejo que el de Gálatas o Romanos, y presenta una cristología desarrollada. Algunos autores consideran esas características incompatibles con una redacción directa de Pablo; otros las explican por la evolución de su pensamiento, por la situación de la comunidad de Colosas o por la intervención de un colaborador. La estrecha relación entre Colosenses y Filemón también ha favorecido la defensa de su origen paulino.4,5

Las cartas pastorales

Las cartas pastorales son:

Reciben este nombre porque tratan principalmente de la dirección de las comunidades, la elección de responsables, la transmisión de la doctrina, la conducta de los ministros y la protección de la Iglesia frente a enseñanzas desviadas.

Su vocabulario y su visión de la organización eclesial han llevado a diversos investigadores a situarlas en una etapa posterior a la vida de Pablo. Otros autores defienden su autenticidad completa o consideran posible que un discípulo las redactara con autoridad apostólica, a partir de instrucciones y materiales del Apóstol. La cuestión permanece vinculada a la interpretación del estilo, de la estructura eclesial y de la relación entre Pablo y sus colaboradores.6,4

La diferencia de tono entre las Pastorales y cartas como Romanos o Gálatas no constituye por sí misma una prueba concluyente contra su origen paulino. Las Pastorales afrontan problemas prácticos de gobierno eclesial, mientras que Romanos y Gálatas desarrollan controversias doctrinales relacionadas con la Ley, la justificación y la incorporación de los gentiles a la Iglesia.3

Características literarias

La carta antigua

Las cartas paulinas combinan elementos propios de la correspondencia antigua con rasgos de predicación cristiana. Incluyen normalmente:

Pablo transforma este esquema epistolar en un instrumento de evangelización. La carta no sustituye a la comunidad reunida, pero prolonga la presencia pastoral del Apóstol y permite orientar a Iglesias que él no puede visitar personalmente.

La dimensión personal

Las cartas muestran la personalidad intensa de Pablo: su celo apostólico, su capacidad argumentativa, su afecto por las comunidades, su firmeza frente a los conflictos y su preocupación por la fidelidad al Evangelio. Las cartas a los Corintios y a los Gálatas reflejan con particular claridad la tensión entre la autoridad apostólica, la libertad cristiana y las divisiones comunitarias.

Incluso cuando trata cuestiones doctrinales, Pablo escribe desde relaciones concretas. Su teología nace de la misión y vuelve a ella. La doctrina sobre Cristo, la Iglesia y la salvación aparece vinculada a decisiones reales: acoger a los gentiles, compartir los bienes, perdonar, vivir la castidad, celebrar la Eucaristía y discernir los carismas.

La diaconía y la colaboración apostólica

La palabra griega diakonía significa servicio o ministerio. En las cartas paulinas no describe una actividad secundaria, sino una dimensión fundamental de la existencia cristiana y de la misión apostólica.

Pablo entiende su apostolado como servicio al Evangelio y a las Iglesias. La misión incluye anunciar a Cristo, formar comunidades, cuidar su unidad, corregir sus desviaciones, administrar la ayuda a los necesitados y promover la santificación de los creyentes. La diaconía abarca, por tanto, la proclamación del Evangelio, la edificación carismática de la Iglesia y el gobierno pastoral de las comunidades.7

Pablo no trabaja solo. Entre sus colaboradores aparecen Silvano, Timoteo, Tito, Apolo, Epafrodito, Epafras y Arquipo. Filipenses saluda a los obispos y diáconos de la comunidad, aunque la terminología ministerial todavía no poseía la precisión que adquiriría en épocas posteriores.7

La diaconía también aparece como servicio comunitario. Estéfanas, Fortunato y Acaico colaboran con Pablo y se ponen al servicio de los santos. El Apóstol pide a los corintios que respeten a quienes trabajan por la comunidad y colaboran con ellos.7

Esta red de colaboradores revela que la misión paulina poseía una dimensión verdaderamente eclesial. Las cartas no son únicamente productos de una reflexión individual, sino frutos de una actividad apostólica compartida.

Amanuenses y composición de las cartas

La función del amanuense

En la Antigüedad, la escritura exigía tiempo y habilidad técnica. El autor podía dictar el contenido a un amanuense, es decir, a un escriba encargado de poner por escrito las palabras y organizar materialmente el documento.

El amanuense no siempre actuaba como un secretario moderno que copiaba literalmente cada frase. En algunos casos podía intervenir en la redacción, adaptar la expresión y colaborar en la composición literaria, mientras el autor conservaba la responsabilidad doctrinal y autorizaba el resultado final.3,4

Pablo alude a esta práctica en la despedida de algunas cartas, donde añade una fórmula escrita de su propia mano. Esa firma servía como garantía de autenticidad y confirmaba su autoridad apostólica.

Tercio en la Carta a los Romanos

La Carta a los Romanos ofrece un testimonio directo. En el saludo final, Tercio declara: «Yo, Tercio, que he escrito esta carta, os saludo en el Señor» (Rm 16,22). Tercio aparece así como el amanuense que puso por escrito la carta de Pablo.

La presencia de Tercio ayuda a comprender que la autoría antigua podía incluir diferentes niveles: Pablo es el autor apostólico de la carta, mientras Tercio participa como redactor material y posiblemente literario. La intervención del escriba no elimina la autoridad de Pablo; muestra la forma concreta en que la misión apostólica se apoyaba en colaboradores. San Juan Crisóstomo consideró este servicio un honor particular, porque Tercio había participado en la escritura de una carta del Apóstol.8

Autoría, tradición y recepción eclesial

La Iglesia no determinó el canon únicamente mediante el nombre que figuraba en un escrito. La recepción litúrgica y doctrinal de las comunidades, la concordancia con la fe apostólica y el testimonio de la tradición desempeñaron un papel decisivo en el reconocimiento de los libros inspirados.9,4

Desde la perspectiva católica, la inspiración bíblica no depende de una concepción moderna de autoría individual. La acción de Dios puede servirse de autores, discípulos, escribas y tradiciones vivas. La cuestión histórica sobre quién redactó materialmente cada frase no agota la cuestión teológica sobre la autoridad de un escrito recibido por la Iglesia como Sagrada Escritura.

Principales grupos y contenidos

Cartas a los Tesalonicenses

La Primera carta a los Tesalonicenses es uno de los escritos cristianos más antiguos conservados. Pablo anima a una comunidad joven, elogia su fe y trata la esperanza en la venida gloriosa de Cristo.

La Segunda carta a los Tesalonicenses afronta cuestiones relacionadas con la parusía y la conducta de los creyentes. Algunos autores discuten su autenticidad por las diferencias con la Primera; otros consideran que ambas cartas presentan enseñanzas complementarias y semejanzas importantes de vocabulario, estilo y estructura.4

Cartas a los Corintios

Las dos cartas a los Corintios presentan una comunidad viva, pero afectada por divisiones, rivalidades y problemas morales. Pablo trata la unidad de la Iglesia, la cruz de Cristo, la resurrección, los carismas, la celebración eucarística, la colecta para los necesitados y la autoridad apostólica.

La Primera carta contiene una exposición fundamental sobre la resurrección de Cristo y de los muertos, así como el célebre himno a la caridad. La Segunda carta muestra con especial intensidad la relación entre debilidad apostólica, sufrimiento y poder de Dios.

Carta a los Gálatas

Gálatas defiende la libertad cristiana frente a la exigencia de imponer a los gentiles la circuncisión y las prescripciones rituales de la Ley mosaica. Pablo proclama que la justificación procede de la fe en Jesucristo y que la vida nueva alcanza su plenitud en el amor.

La carta posee un tono apasionado y polémico. Pablo defiende tanto la verdad del Evangelio como la autenticidad de su misión apostólica.

Carta a los Romanos

Romanos ofrece la exposición teológica más amplia del corpus paulino. Desarrolla temas como:

  • La universalidad del pecado.
  • La justificación por la fe.
  • La gracia.
  • La unión con Cristo.
  • El bautismo y la vida nueva.
  • La acción del Espíritu Santo.
  • La relación entre Israel y las naciones.
  • La vida moral del cristiano.
  • La unidad de la comunidad.

Pablo no presenta una teología desligada de la práctica. Después de exponer la misericordia de Dios, exhorta a ofrecer la vida como sacrificio espiritual, ejercer los carismas al servicio de la comunidad y vivir en la caridad.

Carta a los Filipenses

Filipenses combina afecto personal, exhortación a la unidad y enseñanza cristológica. Su centro literario y teológico es el himno sobre la humildad y la exaltación de Cristo, que «se despojó de sí mismo» y aceptó la condición de siervo.

La carta también manifiesta la alegría cristiana en medio de la tribulación y presenta la vida apostólica como una configuración con Cristo.

Carta a Filemón

Filemón es la carta paulina más breve. Pablo intercede por Onésimo, un esclavo relacionado con Filemón, y solicita que lo reciba no únicamente como subordinado, sino como hermano en el Señor.

La carta no ofrece un tratado general sobre la esclavitud, pero introduce una transformación decisiva en las relaciones humanas: la fraternidad cristiana fundada en el bautismo y en la comunión con Cristo.

Cartas de la cautividad

Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón reciben tradicionalmente el nombre de cartas de la cautividad, porque relacionan su composición con un período de prisión de Pablo.

Colosenses proclama la supremacía de Cristo sobre toda la creación y presenta a Cristo como cabeza de la Iglesia. Efesios desarrolla la unidad de la Iglesia, la reconciliación entre judíos y gentiles y la dimensión cósmica de la obra de Cristo.

La relación entre ambas cartas ha suscitado debates de autoría y dependencia literaria. La diferencia de estilo no basta por sí sola para resolver el problema, porque también intervienen el contexto, el destinatario, la evolución del pensamiento y el trabajo de los colaboradores.3,5

Temas teológicos fundamentales

Jesucristo, centro del Evangelio

Cristo constituye el centro de todas las cartas paulinas. Pablo anuncia a Jesucristo crucificado y resucitado, Señor de la historia y fundamento de la Iglesia.

La cruz no representa un fracaso, sino la manifestación suprema del amor y de la sabiduría de Dios. La resurrección inaugura una vida nueva y garantiza la esperanza escatológica de los creyentes.

La justificación y la gracia

Pablo enseña que la salvación procede de la gracia de Dios y no de una conquista humana. La fe acoge la obra de Cristo y transforma la existencia del creyente.

La justificación no puede reducirse a una declaración externa. La unión con Cristo introduce al cristiano en una vida nueva, animada por el Espíritu y orientada hacia la caridad.

La Iglesia como cuerpo de Cristo

Las cartas paulinas presentan la Iglesia como cuerpo de Cristo. Los creyentes reciben dones diferentes, pero forman una única comunidad. Ningún carisma permite despreciar a los demás, porque todos proceden del mismo Espíritu y están ordenados al bien común.

La diversidad de ministerios y servicios manifiesta la riqueza de la Iglesia. Apóstoles, profetas, maestros, responsables comunitarios y servidores participan de una única misión recibida de Dios.7

La caridad

La caridad ocupa el centro de la vida cristiana. No consiste únicamente en benevolencia afectiva, sino en la entrega concreta por el bien del hermano, la paciencia, el perdón, la solidaridad y la búsqueda de la unidad.

En 1 Corintios 13, Pablo presenta la caridad como el camino superior que da sentido a todos los carismas y servicios. Sin amor, incluso las obras religiosas más impresionantes pierden su valor.

La vida moral

Pablo relaciona la conducta cristiana con la incorporación a Cristo. El bautizado abandona la existencia dominada por el pecado y aprende a vivir según el Espíritu.

Sus exhortaciones abarcan la castidad, el matrimonio, el trabajo, el uso responsable de los bienes, la obediencia a la verdad, la reconciliación, la hospitalidad, la oración y la atención a los necesitados.

Las cartas paulinas y las epístolas católicas

Las epístolas católicas no forman parte del corpus paulino. Reciben este nombre Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan y Judas.

La diferencia principal no consiste en que unas cartas sean inspiradas y otras no, sino en su atribución y en el modo tradicional de designarlas. Las cartas paulinas reciben normalmente el nombre de la comunidad o de la persona destinataria: Romanos, Corintios, Gálatas, Timoteo o Tito. Las epístolas católicas reciben el nombre del autor apostólico tradicional: Santiago, Pedro, Juan y Judas.10

El adjetivo católicas significa aquí universales o dirigidas a un ámbito amplio de creyentes, aunque 2 Juan y 3 Juan poseen destinatarios concretos. No debe confundirse, por tanto, la expresión «epístolas católicas» con «cartas paulinas», ni atribuir a Pablo las cartas de Pedro, Santiago, Juan o Judas.

La Carta a los Hebreos tampoco pertenece de forma inequívoca al grupo de las cartas paulinas. Aunque la tradición occidental la relacionó durante siglos con Pablo, su autor humano no aparece identificado y su estilo, estructura y presentación teológica presentan rasgos propios.

Recepción en la Iglesia

Desde los primeros siglos, las cartas paulinas desempeñaron una función decisiva en la enseñanza, la liturgia y la teología cristianas. La Iglesia las leyó como testimonio autorizado de la predicación apostólica y como expresión inspirada de la fe.

Los Padres de la Iglesia recurrieron continuamente a Romanos, Corintios, Gálatas y las demás cartas para explicar la gracia, la Trinidad, la encarnación, la Iglesia, los sacramentos y la vida moral. San Juan Crisóstomo, por ejemplo, dedicó homilías a la Carta a los Romanos y valoró la colaboración de Tercio en su redacción.8

La tradición católica lee las cartas paulinas dentro de la unidad de toda la Escritura y de la fe de la Iglesia. Pablo no constituye una alternativa a Cristo ni una fuente independiente del Evangelio: su autoridad nace de haber sido llamado por el Señor y enviado a anunciarlo.

Valor teológico y pastoral

Las cartas paulinas conservan una importancia permanente porque unen doctrina y vida. Enseñan a confesar a Cristo, pero también a organizar la comunidad, resolver conflictos, cuidar a los pobres, ejercer los carismas, obedecer a la verdad y perseverar en la esperanza.

Su lectura exige atender simultáneamente al contexto histórico, al género epistolar, a la situación de cada Iglesia y a la unidad de la revelación cristiana. Las diferencias de estilo entre las cartas no destruyen su valor eclesial; reflejan la pluralidad de circunstancias, colaboradores y destinatarios mediante los cuales la tradición apostólica llegó a la Iglesia.

Las cartas paulinas forman así un conjunto diverso y coherente: diverso por sus destinatarios, géneros, problemas y posibles mediaciones literarias; coherente por su centro común, Jesucristo muerto y resucitado, fundamento de la salvación y cabeza de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Epístola (en la Escritura). Enciclopedia Católica, Epístola (en la Escritura) (1913).
  2. III. - Los judíos en el Nuevo Testamento - C. Los judíos en las cartas paulinas y otros escritos del Nuevo Testamento, Comisión Bíblica Pontificia. El Pueblo Judío y Sus Escrituras Sagradas en la Biblia Cristiana (24 de mayo de 2001), 79 (2002). 2
  3. Scripta Theologica. San Pablo. La aportación del apóstol a la teología de la Iglesia primitiva, 3 (1978). 2 3 4 5
  4. Scripta Theologica. Recensiones 2, 8 (1986). 2 3 4 5 6
  5. Epístola a los colosenses. Enciclopedia Católica, Epístola a los colosenses (1913). 2
  6. Epístolas a Timoteo y Tito. Enciclopedia Católica, Epístolas a Timoteo y Tito (1913).
  7. Capítulo I - De la diakonia de Cristo a la diakonia de los apóstoles - III. Diakonia de los colaboradores de los apóstoles, Comisión Teológica Internacional. De la Diakonia de Cristo a la Diakonia de los Apóstoles, Cap. I - III (2022). 2 3 4
  8. Juan Crisóstomo. Homilía 32 sobre Romanos, 1 (391). 2
  9. Scripta Theologica. San Pablo. La aportación del apóstol a la teología de la Iglesia primitiva, 2 (1978).
  10. Epístola católica. Enciclopedia Católica, Epístola católica (1913).
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