El término «casulla» proviene del latín casula, que significa «pequeña casa» o «cabaña»1. Esta denominación se debe a que, en sus orígenes, la vestimenta era una prenda exterior amplia que cubría la totalidad del cuerpo de la persona que la llevaba, a modo de refugio1. Originalmente, esta prenda era conocida en latín como casula, planeta o paenula, y en las primeras fuentes galas como amphibalus1.
Los eclesiólogos coinciden en que el traje litúrgico, incluyendo la casulla, era una adaptación de la vestimenta secular común en el Imperio Romano durante los primeros siglos del cristianismo1. Los sacerdotes, al desempeñar sus funciones sagradas en el altar, se vestían como en la vida civil, pero con el tiempo se desarrolló la costumbre de reservar para este propósito vestiduras más nuevas y limpias, lo que gradualmente llevó a la concepción de una vestimenta litúrgica especial1. La casulla era idéntica a la prenda exterior ordinaria usada por las clases bajas1.

