De manto amplio a vestidura litúrgica
La casulla nació a partir de una prenda exterior amplia, semejante a un manto circular o semicircular. En los primeros siglos cristianos no pertenecía exclusivamente al sacerdote: distintos grados del clero podían vestirla. Con el tiempo, la Iglesia la reservó principalmente para la celebración eucarística y para el ministerio sacerdotal.
Su evolución estuvo relacionada tanto con la práctica litúrgica como con la comodidad del ministro. Las primeras formas cubrían casi por completo los brazos y dificultaban determinados movimientos. Durante la Edad Media surgieron adaptaciones que permitían recoger o sujetar los laterales para facilitar la acción litúrgica.
La reducción progresiva de la amplitud original produjo formas más estrechas y rígidas. La tradición occidental desarrolló diversos modelos regionales, entre ellos los llamados tradicionalmente romano y francés. Estas denominaciones describen formas históricas de corte y ornamentación, no dos vestiduras diferentes.
La casulla y otras vestiduras antiguas
La capa pluvial posee un origen relacionado con la casulla. Ambas proceden de antiguos mantos amplios; la diferencia fundamental consistió en que la casulla cerraba sus bordes por delante, mientras que la capa pluvial permanecía abierta y se sujetaba mediante un broche.
La evolución histórica de las vestiduras litúrgicas no obedeció siempre a razones simbólicas. Muchas modificaciones respondieron inicialmente a necesidades prácticas, como la protección de las prendas, la facilidad de movimiento o la adaptación a distintas formas de celebración. Las interpretaciones espirituales aparecieron con frecuencia después.