La renovación catequética del siglo XX
La exhortación nació en el contexto de la renovación eclesial promovida por el Concilio Vaticano II. Pablo VI concedió a la catequesis un lugar destacado dentro de su preocupación pastoral. En 1971 aprobó el Directorio catequístico general, creó el Consejo Internacional para la Catequesis en 1975 y promovió que la catequesis, especialmente la destinada a niños y jóvenes, constituyera el tema central de la IV Asamblea General del Sínodo de los Obispos.2
Juan Pablo II asumió las reflexiones preparadas por Pablo VI y los trabajos sinodales. También recogió la herencia de Juan Pablo I, cuyo modo de enseñar la fe unía sencillez, concentración en lo esencial y capacidad para llegar al corazón. La exhortación quiso fortalecer la solidez de la fe, renovar la vida cristiana y estimular la creatividad catequética dentro de la fidelidad a la Iglesia.1
Continuidad con la tradición de la Iglesia
Catechesi Tradendae presenta la catequesis como una actividad profundamente vinculada a toda la historia de la Iglesia. El Concilio de Trento constituye un ejemplo especialmente significativo: otorgó prioridad a la enseñanza cristiana, impulsó la formación del clero y favoreció la aparición del Catecismo romano, junto con otros catecismos elaborados por autores como san Carlos Borromeo, san Roberto Belarmino y san Pedro Canisio.3
La catequesis acompaña tanto la expansión misionera de la Iglesia como su crecimiento interior. No consiste solo en aumentar el número de creyentes, sino también en favorecer una respuesta cada vez más profunda al designio de Dios.3


