La idea de un catecismo universal surgió durante el Sínodo Extraordinario de los Obispos en 1985, convocado para celebrar el vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II1,2. Los Padres sinodales expresaron un «deseo muy extendido» de que se elaborara un catecismo o compendio de toda la doctrina católica sobre fe y moral, que sirviera como un texto de referencia para los catecismos o compendios locales3,1. El Papa Juan Pablo II acogió este deseo, reconociendo que correspondía a una necesidad real de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares1.
Para llevar a cabo esta tarea, el Papa Juan Pablo II estableció en 1986 una comisión de doce cardenales y obispos, presidida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger2,4,5. Esta comisión fue asistida por un comité de redacción compuesto por siete obispos diocesanos, expertos en teología y catequesis4. El trabajo de redacción fue intenso y se prolongó durante seis años, con nueve borradores sucesivos4. El proyecto fue objeto de una extensa consulta con todos los obispos católicos, las conferencias episcopales y los sínodos, así como con institutos teológicos y catequéticos4. La amplia aceptación favorable por parte del episcopado reflejó la naturaleza colegial de la Iglesia y la «sinfonía de la fe»4,5.
El Catecismo de la Iglesia Católica fue aprobado y promulgado por el Papa Juan Pablo II mediante la Constitución Apostólica Fidei Depositum el 11 de octubre de 1992, coincidiendo con el 30 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II2. La edición original se publicó en francés2. Posteriormente, se preparó una edición típica en latín por una Comisión Interdicasterial, también presidida por el Cardenal Ratzinger, que fue promulgada en 1997 con la Carta Apostólica Laetamur magnopere2. Esta edición latina se convirtió en el texto definitivo del Catecismo2.

