La enciclopedia católica en español

Catedral de Canterbury (Inglaterra)

La Catedral de Canterbury, dedicada a Cristo Salvador y conocida históricamente como iglesia catedral de la sede de Canterbury, es uno de los monumentos cristianos más importantes de Inglaterra. Fundada en el contexto de la misión enviada por el papa san Gregorio Magno y dirigida por san Agustín de Canterbury, fue durante casi un milenio la iglesia madre de la Iglesia católica en Inglaterra y sede primacial católica hasta la muerte del cardenal Reginald Pole en 1558. Desde la ruptura religiosa del siglo XVI, el edificio pertenece a la Iglesia de Inglaterra y no constituye una catedral católica romana, aunque conserva una extraordinaria importancia para la historia de la cristiandad occidental, para la memoria de los santos ingleses y para el diálogo ecuménico.

Canterbury Cathedral - Portal Nave Cross-spire
Ver información de la imagenCatedral de Canterbury: fachada oeste, nave y torre central. Vista desde el sur. Imagen montada a partir de 4 fotos, c. 2005. Foto tomada y postprocesada por Hans Musil, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCatedral de Canterbury (Inglaterra)
CategoríaLugar sagrado
DescripciónCatedral dedicada a Cristo Salvador, sede histórica de la Arquidiócesis católica de Inglaterra y actualmente catedral de la Iglesia de Inglaterra, con una arquitectura que combina románico, gótico temprano y perpendicular
Año de Fundación597
Autoridad EclesiásticaArzobispo de Canterbury (Iglesia de Inglaterra)
DirecciónCanterbury
Importancia EclesialAntigua sede metropolitana del sur de Inglaterra y actual sede del arzobispo anglicano, símbolo del diálogo ecuménico entre católicos y anglicanos.
Importancia HistóricaCentro primacial de la Iglesia católica en Inglaterra durante casi mil años, escenario del martirio de San Tomás Becket y punto de peregrinación medieval.
PaísInglaterra
PatronazgoCristo Salvador
Personas relacionadasSan Agustín de Canterbury
TipoCatedral, Kent, Anglicana

Tabla de contenido

Situación y denominación

La catedral está situada en la ciudad de Canterbury, en el condado de Kent, al sudeste de Inglaterra. La ciudad recibió en época romana el nombre de Durovernum Cantiacorum y, durante el período anglosajón, evolucionó hacia las formas Durovernia y Canterbury. El nombre canónico latino de la antigua sede fue Cantuariensis.1

El título tradicional de la iglesia fue Catedral de Cristo Salvador. La designación vinculada a san Agustín expresa la relación originaria entre el templo, la misión romana y el establecimiento de la jerarquía católica en Inglaterra. La denominación histórica no debe confundirse con la situación jurídica actual: la catedral contemporánea es un templo de la Iglesia de Inglaterra, mientras que la antigua catedral católica dejó de existir como tal tras la Reforma inglesa.

Fundación de la sede católica

La misión de san Gregorio Magno

La historia cristiana de Canterbury comenzó con la misión promovida por el papa san Gregorio Magno a finales del siglo VI. Gregorio escogió a san Agustín, monje del monasterio romano de San Andrés del Celio, para dirigir un grupo de misioneros destinados a evangelizar a los anglosajones. La expedición llegó a Kent en torno al año 597.2

La presencia de una reina cristiana favoreció la misión. Aethelburh, esposa del rey Aethelberht de Kent, profesaba la fe cristiana y mantenía vínculos con la tradición cristiana continental. San Agustín llegó a Canterbury, convirtió al rey y obtuvo numerosos bautismos entre la población anglosajona. El éxito de la misión hizo que Canterbury, y no Londres, se convirtiera en la sede metropolitana del sur de Inglaterra.1

El proyecto inicial de Gregorio Magno contemplaba dos grandes sedes metropolitanas, Londres para el sur y York para el norte. Canterbury, sin embargo, ofrecía mejores condiciones para consolidar la evangelización, y la sede quedó establecida allí. La elección tuvo consecuencias duraderas para la configuración eclesiástica de Inglaterra.3

La primera iglesia

Beda el Venerable relata que san Agustín recuperó en Canterbury una iglesia construida anteriormente por cristianos de época romana. Con el apoyo del rey, el nuevo arzobispo restauró el templo, lo consagró a Cristo Salvador y estableció allí su residencia y la de sus sucesores.1

La iglesia primitiva quedó vinculada a una comunidad monástica. La diócesis nació, por tanto, con una estructura estrechamente relacionada con el monasterio de Cristo Iglesia, mientras otros centros religiosos de Kent -Dover, Lyminge, Folkestone, Reculver, Minster y el monasterio dedicado a san Pedro y san Pablo- contribuyeron a la expansión de la organización eclesiástica.1

La liturgia de la región mantuvo un carácter marcadamente romano. Kent no desarrolló una tradición litúrgica local comparable a otras zonas británicas y permaneció unido al rito romano introducido por la misión de san Agustín.1

Desarrollo de la sede de Canterbury

Los primeros arzobispos

San Agustín fue el primer arzobispo de Canterbury y recibió su misión en continuidad con la autoridad de la Sede de Roma. Después de su muerte, la sede pasó por una sucesión de obispos y arzobispos procedentes de Roma, de otras regiones de la cristiandad y, con el tiempo, de la propia Inglaterra.

San Justo, uno de los misioneros enviados como refuerzo por Gregorio Magno, recibió en 604 la consagración episcopal para Rochester. Más tarde ocupó la sede de Canterbury. Su ministerio muestra la conexión entre Canterbury y Rochester, diócesis sufragánea fundada por la misma misión romana.4

Entre los prelados más influyentes de los primeros siglos destacan:

  • San Agustín de Canterbury, fundador de la sede y evangelizador de los anglosajones.
  • San Lorenzo, sucesor inmediato de Agustín.
  • San Justo, primer obispo de Rochester y posteriormente arzobispo de Canterbury.
  • San Teodoro de Tarso, organizador de la estructura metropolitana inglesa.
  • San Dunstan, figura principal de la renovación monástica y eclesial del siglo X.
  • San Aelfheah, arzobispo martirizado por los daneses en 1012.
  • San Anselmo de Canterbury, defensor de la libertad de la Iglesia frente a las pretensiones del poder civil.
  • Santo Tomás Becket, arzobispo y mártir asesinado en la catedral en 1170.
  • San Edmundo Rich, último arzobispo canonizado de Canterbury antes de la Reforma.

La antigua sucesión católica comprendió sesenta y ocho arzobispos entre la llegada de san Agustín y la muerte del cardenal Reginald Pole en 1558. Diecisiete recibieron reconocimiento como santos, nueve fueron cardenales y varios desempeñaron funciones relevantes en la vida política del reino.1

La reforma normanda

Tras la conquista normanda, Guillermo el Conquistador depuso a Stigand, cuyo nombramiento había quedado comprometido por su relación con un antipapa, y designó a Lanfranco de Pavía como arzobispo en 1070. Lanfranco reorganizó la vida de la sede, introdujo el sistema de prebendas y delimitó con mayor precisión los bienes propios del arzobispado y los del monasterio catedralicio.1

La reforma normanda fortaleció la autoridad del arzobispo como primado y favoreció una nueva etapa constructiva. También generó tensiones entre el prelado y el capítulo monástico, porque los monjes conservaban una participación decisiva en la administración de los bienes y en el gobierno de la iglesia catedral. Estas controversias acompañaron durante siglos la historia interna de Canterbury.1

San Anselmo, sucesor de Lanfranco, defendió los derechos de la Iglesia en la controversia de las investiduras. Más tarde, el papa reconoció al arzobispo Teobaldo como legado permanente para Inglaterra, reforzando la dimensión universal de la sede y su relación con la Santa Sede.1

Primacía eclesiástica

Canterbury fue la sede metropolitana del sur de Inglaterra y ejerció una primacía efectiva sobre amplias zonas del país. Las tensiones con York dieron lugar a una solución jurídica: York conservó el título de primado de Inglaterra, mientras Canterbury recibió el título de primado de toda Inglaterra.1

Durante la época católica, los arzobispos de Canterbury reconocían la jurisdicción suprema del papa. Los nombramientos y la autoridad metropolitana permanecían vinculados a la comunión con la Sede Apostólica, y las apelaciones de los tribunales eclesiásticos ingleses podían llegar a Roma.5

En sentido católico, la comunión eclesial no equivale a una relación cultural, diplomática o amistosa. Implica la participación en la misma fe, los mismos sacramentos y la misma estructura jerárquica fundada en la sucesión apostólica y en la comunión con el obispo de Roma. Por ello, la antigua sede católica de Canterbury no es jurídicamente idéntica a la actual sede anglicana, aunque ambas instituciones compartan una continuidad histórica vinculada al mismo lugar y a numerosos elementos de patrimonio cristiano.

Historia arquitectónica

El edificio normando

La catedral actual conserva elementos de diversas épocas. El edificio fue transformándose mediante incendios, reconstrucciones y ampliaciones que reflejan la evolución de la arquitectura medieval inglesa.

Partes de la cripta y algunos restos del monasterio pertenecen al período posterior a la conquista normanda. Un nuevo coro comenzó a construirse en 1096 y quedó terminado en 1130. Este coro, conocido como el coro glorioso de Conrado, sufrió un incendio en 1174. Dos capillas y sectores de la cripta sobrevivieron al desastre.1

La reconstrucción del coro comenzó bajo la dirección de Guillermo de Sens y continuó con Guillermo el Inglés. La obra concluyó en 1184 y constituye uno de los primeros ejemplos de arquitectura de transición entre el románico y el gótico. Su longitud alcanzó dimensiones extraordinarias para la Inglaterra medieval.1

La nave y el crucero

La nave normanda de Lanfranco fue demolida en 1378. El prior Chillenden impulsó entonces la construcción de una nueva nave y de los cruceros, obras que se prolongaron hasta comienzos del siglo XV. En el mismo período concluyeron la sala capitular y los claustros.1

La catedral reúne diversas fases del gótico inglés. El edificio combina elementos del gótico temprano inglés con rasgos del gótico perpendicular, sin olvidar las estructuras románicas conservadas en la cripta y en sectores de la fábrica normanda. La mezcla de estilos no responde a una planificación única, sino a la sucesión de reconstrucciones realizadas durante varios siglos.

La torre central

La gran torre central alcanzó su altura definitiva a finales del siglo XV, aproximadamente hacia 1495. La torre se elevaba unos 72 metros y dominaba la silueta de la ciudad medieval. La catedral alcanzaba una longitud aproximada de 159 metros y la nave, con sus naves laterales, tenía una anchura cercana a 22 metros.1

El edificio constituye una síntesis excepcional de la arquitectura religiosa inglesa. La cripta, el coro reconstruido tras el incendio, la nave gótica, los cruceros, los claustros, la sala capitular y la torre central testimonian el desarrollo de la arquitectura europea desde el románico hasta el final de la Edad Media.

Santo Tomás Becket y el martirio en la catedral

Conflicto con Enrique II

Tomás Becket nació en Londres hacia 1118 y llegó a ocupar cargos de gran relevancia antes de recibir la consagración episcopal. Fue archidiácono de Canterbury y posteriormente canciller del rey Enrique II. En 1162, el monarca favoreció su elección como arzobispo, esperando que el antiguo colaborador defendiera con mayor facilidad los intereses de la Corona.

Después de su consagración, Becket adoptó una vida más austera y asumió con firmeza la defensa de la libertad de la Iglesia. El conflicto alcanzó su punto culminante en torno a las Constituciones de Clarendon, que pretendían limitar la jurisdicción eclesiástica y someter determinadas decisiones de los obispos al control real.

Becket marchó al exilio y permaneció varios años fuera de Inglaterra. Finalmente regresó a Canterbury en diciembre de 1170, pero la reconciliación con el rey no produjo una paz duradera. Cuatro caballeros interpretaron unas palabras airadas de Enrique II como una orden para eliminar al arzobispo.

El asesinato

El 29 de diciembre de 1170, Reginald FitzUrse, Guillermo de Tracy, Hugo de Morville y Ricardo le Breton entraron armados en la catedral. Los agresores encontraron a Becket cerca del coro y exigieron que levantara las censuras impuestas contra varios obispos. El arzobispo rechazó la exigencia y defendió su autoridad pastoral.

Los caballeros lo hirieron mortalmente ante los altares de la iglesia. La muerte de un arzobispo dentro de su propia catedral provocó una conmoción que recorrió Inglaterra y el resto de la cristiandad latina. El martirio adquirió un significado eclesial: muchos cristianos interpretaron la muerte de Becket como una defensa de la libertad de la Iglesia frente a la subordinación absoluta al poder político.6

La Iglesia canonizó a Tomás Becket el 21 de febrero de 1173 mediante el papa Alejandro III. Enrique II realizó posteriormente una penitencia pública, aunque la responsabilidad jurídica y moral exacta del monarca en la preparación del asesinato continúa siendo objeto de debate histórico.

El santuario de santo Tomás Becket

Traslado de las reliquias

El cuerpo de Becket recibió inicialmente sepultura en la parte inferior de la iglesia. El 7 de julio de 1220, el arzobispo Esteban Langton trasladó solemnemente sus restos desde la cripta hasta un magnífico santuario situado detrás del altar mayor. La ceremonia contó con la presencia de Enrique III, del legado pontificio y de numerosos prelados.7

El santuario estaba cubierto de metales preciosos y piedras de gran valor. La riqueza material expresaba la veneración tributada al mártir, aunque la Iglesia entendía que el honor no se dirigía a la materia en cuanto tal, sino a Dios, fuente de la santidad, y al testimonio de su siervo. La veneración de las reliquias pertenece al culto relativo: los fieles honran en ellas la obra de la gracia y la memoria del santo, sin atribuirles una divinidad propia.

Canterbury como centro de peregrinación

Desde la traslación de 1220 hasta la destrucción del santuario en el siglo XVI, Canterbury se convirtió en uno de los grandes destinos de peregrinación de la cristiandad europea. Peregrinos procedentes de Inglaterra y del continente acudían a la tumba de Becket para pedir su intercesión, cumplir penitencias y agradecer favores recibidos. La tradición medieval vinculó el santuario con numerosos relatos de curaciones y milagros.8

La popularidad de Canterbury dejó huella en la literatura y en la cultura europea. Las peregrinaciones a la ciudad forman el marco narrativo de los Cuentos de Canterbury, obra de Geoffrey Chaucer. Los distintivos de peregrino encontrados en distintos lugares de Inglaterra y del continente muestran la amplitud geográfica del culto medieval a santo Tomás.9

El impacto del martirio en los centros de peregrinación

El martirio posee una fuerza singular en la configuración de los santuarios cristianos. La muerte violenta del mártir fija la memoria de la fe en un lugar concreto: la iglesia, la cárcel, el anfiteatro, el camino o el altar donde el testigo entregó la vida. La localización exacta del martirio convierte el espacio en un lugar de memoria litúrgica, oración e intercesión.

La tradición cristiana primitiva concedió un valor especial a las tumbas de los mártires. La comunidad celebraba allí la Eucaristía, recordaba el testimonio del santo y pedía su intercesión. La peregrinación podía incluir penitencia, ayuno, oración y obras de misericordia. El viaje no actuaba como una fórmula mágica ni sustituía a la conversión interior o a los sacramentos, sino como una expresión corporal y comunitaria de la fe.

Canterbury reúne estos elementos de forma particularmente intensa. El martirio de un arzobispo en la iglesia catedral, la rápida canonización, la solemnidad del traslado de sus reliquias y la difusión de relatos de milagros transformaron el lugar en un centro internacional de peregrinación. El santuario de Becket no fue simplemente un monumento funerario: representó la defensa de la misión pastoral de un obispo, la libertad de la Iglesia y la esperanza cristiana en la santidad alcanzada mediante el testimonio supremo.

La Reforma inglesa y el fin de la catedral católica

La ruptura con Roma

La situación de Canterbury cambió radicalmente durante el reinado de Enrique VIII. Tomás Cranmer recibió el palio papal al comienzo de su episcopado, pero posteriormente aceptó la supremacía religiosa de la Corona y apoyó la ruptura con la autoridad pontificia. La transformación no consistió únicamente en un cambio administrativo: afectó a la doctrina, a la liturgia, a la estructura jerárquica y a la relación con la Sede Apostólica.1

En 1538, el santuario de santo Tomás Becket fue desmantelado y sus riquezas fueron confiscadas. En 1539 desaparecieron los monasterios de Cristo Iglesia y de San Agustín, cuyas propiedades pasaron a la Corona. Cranmer ordenó también la destrucción de tumbas de arzobispos canonizados.1

El cardenal Reginald Pole ocupó la sede entre 1556 y 1558 e intentó restaurar la vida católica durante el reinado de María Tudor. Su pontificado duró poco tiempo. Su muerte, el 17 de noviembre de 1558, coincidió prácticamente con la llegada al trono de Isabel I y puso fin a la sucesión de arzobispos católicos de Canterbury.1

Distinción entre la antigua sede católica y la catedral anglicana

La continuidad material del edificio no implica continuidad jurídica y doctrinal de la institución. La actual catedral de Canterbury pertenece a la Iglesia de Inglaterra y funciona como sede del arzobispo de Canterbury de la Comunión anglicana. La antigua catedral católica, integrada en la provincia eclesiástica sometida a la jurisdicción del papa, dejó de existir como catedral católica con la ruptura del siglo XVI.

La doctrina católica distingue entre:

  • La permanencia histórica de un edificio, que puede conservar muros, altares, criptas, tumbas y obras de arte.
  • La identidad jurídica de una sede, determinada por la autoridad eclesiástica legítima y por la comunión jerárquica.
  • La continuidad de la Iglesia, que incluye la integridad de la fe, los sacramentos y la sucesión apostólica en comunión con el obispo de Roma.

Por tanto, resulta legítimo llamar a Canterbury una antigua catedral católica o una catedral de origen católico, pero no corresponde presentar el templo actual como una catedral católica romana. La pertenencia actual al anglicanismo y la pertenencia histórica al catolicismo son realidades distintas.

Canterbury y el diálogo ecuménico

Visita de san Juan Pablo II

San Juan Pablo II visitó Canterbury en 1982 y oró junto al arzobispo anglicano Robert Runcie en el lugar asociado al martirio de santo Tomás Becket. El papa recordó la herencia cristiana compartida, pero también las divisiones producidas por la Reforma. Su visita tuvo una finalidad ecuménica: pedir a Dios la reconciliación y trabajar por la unidad visible de los cristianos.10

El pontífice volvió a interpretar su peregrinación a Canterbury como un acto orientado a sanar las heridas de la división del siglo XVI. La oración común evocó la unidad pedida por Cristo y la necesidad de buscar las raíces cristianas compartidas sin negar las diferencias doctrinales existentes.11

Naturaleza del diálogo

La Iglesia católica utiliza el término diálogo ecuménico para designar el conjunto de conversaciones, encuentros, oraciones y colaboraciones encaminados a superar la división entre los cristianos. El diálogo no equivale a la plena comunión eclesial ni supone que todas las comunidades cristianas posean la misma doctrina, la misma estructura sacramental o la misma relación con la sucesión apostólica.

En 2003, san Juan Pablo II reconoció los avances de las relaciones entre la Santa Sede y la sede de Canterbury, pero también advirtió que persistían dificultades en materias esenciales de fe y moral. El papa afirmó que la unidad exige fidelidad al Evangelio y a la Tradición apostólica, además de paciencia, conversión y perseverancia.12

El diálogo católico-anglicano busca la unidad visible plena, no una simple cooperación institucional. La colaboración en cuestiones sociales, la oración compartida en determinadas circunstancias y el estudio teológico pueden favorecer la caridad y la comprensión mutua, pero no eliminan por sí mismos las diferencias sobre la autoridad doctrinal, el ministerio ordenado, la Eucaristía, la moral y la constitución de la Iglesia.

Valor católico de la memoria de Canterbury

Para los católicos, Canterbury conserva un valor particular como lugar de la misión romana de san Agustín, de la actividad de santos arzobispos y del martirio de santo Tomás Becket. Los católicos pueden visitar el edificio, venerar la memoria de los santos vinculados a la sede y orar por la unidad de los cristianos sin confundir la identidad de la Iglesia católica con la de la Iglesia de Inglaterra.

La oración por la unidad debe permanecer unida a la verdad sobre la Iglesia. La caridad ecuménica evita tanto la hostilidad injusta como el indiferentismo doctrinal. La Iglesia católica reconoce elementos cristianos auténticos presentes en las comunidades separadas, pero continúa enseñando que la plena comunión eclesial requiere la unidad de fe, de sacramentos y de gobierno pastoral.

Significado histórico y cultural

Canterbury ocupa un lugar singular en la historia de Europa. La ciudad fue uno de los principales puntos de entrada del cristianismo latino en la Inglaterra anglosajona y actuó durante siglos como centro de evangelización, formación clerical, administración eclesiástica y producción intelectual.

La catedral conserva la memoria de:

  • La misión de san Gregorio Magno.
  • La llegada de san Agustín y de los misioneros romanos.
  • La organización de la Iglesia inglesa.
  • La reforma monástica medieval.
  • Las controversias entre la autoridad espiritual y el poder político.
  • El martirio de santo Tomás Becket.
  • Las peregrinaciones medievales.
  • La ruptura religiosa del siglo XVI.
  • La búsqueda moderna de reconciliación entre católicos y anglicanos.

La arquitectura refuerza esta memoria. La cripta recuerda la etapa normanda; el coro reconstruido después del incendio de 1174 refleja la transición hacia el gótico; la nave y los cruceros pertenecen a la gran renovación de los siglos XIV y XV; la torre central representa la culminación de la fábrica medieval.

Santos vinculados a Canterbury

San Agustín de Canterbury

San Agustín, fallecido hacia 604, fue monje benedictino, sacerdote y primer arzobispo de Canterbury. La tradición católica lo venera como apóstol de los ingleses. Su misión vinculó la evangelización de Inglaterra con la iniciativa del papa san Gregorio Magno y con la vida monástica romana.2

Su iconografía suele representarlo como obispo, con báculo, mitra, evangelio y palio. También aparece bautizando al rey de Kent, imagen que resume su papel misionero.

Santo Tomás Becket

Santo Tomás Becket fue arzobispo de Canterbury y mártir. Murió en la catedral el 29 de diciembre de 1170 y fue canonizado en 1173 por Alejandro III. La Iglesia lo recuerda como testigo de la defensa de la libertad eclesial y de la fidelidad pastoral ante la presión del poder civil.

Su culto se difundió con rapidez por Europa. Apenas una década después de su muerte ya aparecía representado en Sicilia, y su memoria litúrgica alcanzó incluso tradiciones cristianas orientales.7

San Anselmo y san Dunstan

San Anselmo de Canterbury defendió la independencia de la Iglesia frente a las pretensiones de la autoridad política y contribuyó a la reflexión teológica medieval sobre la fe y la razón. San Dunstan, por su parte, impulsó la reforma monástica y fortaleció la vida eclesial inglesa durante el siglo X.

Ambos pertenecen a la larga tradición de arzobispos que hicieron de Canterbury un centro de renovación espiritual, gobierno pastoral y defensa de la fe católica.

Patrimonio y memoria contemporánea

La catedral actual conserva una parte considerable de la fábrica medieval y permite contemplar la evolución de la arquitectura cristiana inglesa. Sus vidrieras, criptas, claustros, capillas, tumbas y espacios litúrgicos forman un conjunto de extraordinario valor histórico y artístico.

Sin embargo, el valor patrimonial no agota el significado del lugar. Canterbury continúa evocando la historia de una Iglesia que fue católica durante siglos, la importancia de la misión romana en Inglaterra, el testimonio de los mártires y la necesidad de distinguir con precisión entre memoria compartida y comunión eclesial efectiva.

La catedral representa, al mismo tiempo, una herencia común y una división todavía no superada. En palabras de san Juan Pablo II, el propio edificio recuerda los siglos de patrimonio cristiano compartido y también los años dolorosos de separación.10

Valoración católica

Desde la perspectiva católica, la Catedral de Canterbury es:

  1. Un lugar de origen misionero, porque allí se consolidó la evangelización romana de los anglosajones.
  2. Una antigua sede primacial católica, vinculada durante siglos a la jurisdicción del papa.
  3. Un santuario histórico de peregrinación, especialmente por el culto medieval a santo Tomás Becket.
  4. Un monumento de la arquitectura cristiana europea, fruto de sucesivas reconstrucciones medievales.
  5. Un espacio de memoria martirial, donde la muerte de un arzobispo configuró un centro internacional de devoción.
  6. Un lugar de encuentro ecuménico, sin que ese encuentro implique la plena comunión doctrinal y sacramental entre la Iglesia católica y la Iglesia de Inglaterra.
  7. Un testimonio de la ruptura religiosa inglesa, cuya herencia material permanece aunque la identidad confesional de la catedral haya cambiado.

La Catedral de Canterbury no es hoy un templo católico romano, pero su historia permanece inseparable de la misión de san Gregorio Magno, de san Agustín, de los santos arzobispos ingleses y del martirio de santo Tomás Becket. Su importancia para la historia católica no procede únicamente de la belleza del edificio, sino de la profunda relación entre evangelización, episcopado, martirio, peregrinación, autoridad eclesial y búsqueda de la unidad cristiana.

Citas y referencias

  1. Canterbury, . Enciclopedia Católica, Canterbury (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
  2. St. Augustine of Canterbury, . Enciclopedia Católica, St. Augustine of Canterbury (1913). 2
  3. Cap. XVII. How St. Augustine, being made a bishop, sent to acquaint Pope Gregory with what had been done in Britain, and asked and received replies, of which he stood in need. [597-601 a.D.], Bede the Venerable. Historia eclesiástica de Inglaterra - Libro I, 78 (1912).
  4. St. Justus, . Enciclopedia Católica, St. Justus (1913).
  5. The Church, . Enciclopedia Católica, The Church (1913).
  6. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: volumen IV, 640 (1990).
  7. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: volumen IV, 641 (1990). 2
  8. Shrines of Our Lady and the Saints in Great Britain and Ireland, . Enciclopedia Católica, Shrines of Our Lady and the Saints in Great Britain and Ireland (1913).
  9. Pilgrimages, . Enciclopedia Católica, Pilgrimages (1913).
  10. Ecumenical Celebration Canterbury Cathedral, Pope John Paul II. 29 May 1982, Ecumenical Celebration Canterbury Cathedral, 5 (1982). 2
  11. Pope John Paul II. 30 September 1989: Primeras vísperas del 26.o domingo del año celebradas en la iglesia de «Santos Andrés y Gregorio en el Monte Celio», Roma - Homily, 2 (1989).
  12. Pope John Paul II. A Su Gracia Rowan Douglas Williams, Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana (4 October 2003) - Speech, 1 (2003).
Modificado el 15 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.70Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/3xsjz0gtc

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →