Los primeros arzobispos
San Agustín fue el primer arzobispo de Canterbury y recibió su misión en continuidad con la autoridad de la Sede de Roma. Después de su muerte, la sede pasó por una sucesión de obispos y arzobispos procedentes de Roma, de otras regiones de la cristiandad y, con el tiempo, de la propia Inglaterra.
San Justo, uno de los misioneros enviados como refuerzo por Gregorio Magno, recibió en 604 la consagración episcopal para Rochester. Más tarde ocupó la sede de Canterbury. Su ministerio muestra la conexión entre Canterbury y Rochester, diócesis sufragánea fundada por la misma misión romana.
Entre los prelados más influyentes de los primeros siglos destacan:
- San Agustín de Canterbury, fundador de la sede y evangelizador de los anglosajones.
- San Lorenzo, sucesor inmediato de Agustín.
- San Justo, primer obispo de Rochester y posteriormente arzobispo de Canterbury.
- San Teodoro de Tarso, organizador de la estructura metropolitana inglesa.
- San Dunstan, figura principal de la renovación monástica y eclesial del siglo X.
- San Aelfheah, arzobispo martirizado por los daneses en 1012.
- San Anselmo de Canterbury, defensor de la libertad de la Iglesia frente a las pretensiones del poder civil.
- Santo Tomás Becket, arzobispo y mártir asesinado en la catedral en 1170.
- San Edmundo Rich, último arzobispo canonizado de Canterbury antes de la Reforma.
La antigua sucesión católica comprendió sesenta y ocho arzobispos entre la llegada de san Agustín y la muerte del cardenal Reginald Pole en 1558. Diecisiete recibieron reconocimiento como santos, nueve fueron cardenales y varios desempeñaron funciones relevantes en la vida política del reino.
La reforma normanda
Tras la conquista normanda, Guillermo el Conquistador depuso a Stigand, cuyo nombramiento había quedado comprometido por su relación con un antipapa, y designó a Lanfranco de Pavía como arzobispo en 1070. Lanfranco reorganizó la vida de la sede, introdujo el sistema de prebendas y delimitó con mayor precisión los bienes propios del arzobispado y los del monasterio catedralicio.
La reforma normanda fortaleció la autoridad del arzobispo como primado y favoreció una nueva etapa constructiva. También generó tensiones entre el prelado y el capítulo monástico, porque los monjes conservaban una participación decisiva en la administración de los bienes y en el gobierno de la iglesia catedral. Estas controversias acompañaron durante siglos la historia interna de Canterbury.
San Anselmo, sucesor de Lanfranco, defendió los derechos de la Iglesia en la controversia de las investiduras. Más tarde, el papa reconoció al arzobispo Teobaldo como legado permanente para Inglaterra, reforzando la dimensión universal de la sede y su relación con la Santa Sede.
Primacía eclesiástica
Canterbury fue la sede metropolitana del sur de Inglaterra y ejerció una primacía efectiva sobre amplias zonas del país. Las tensiones con York dieron lugar a una solución jurídica: York conservó el título de primado de Inglaterra, mientras Canterbury recibió el título de primado de toda Inglaterra.
Durante la época católica, los arzobispos de Canterbury reconocían la jurisdicción suprema del papa. Los nombramientos y la autoridad metropolitana permanecían vinculados a la comunión con la Sede Apostólica, y las apelaciones de los tribunales eclesiásticos ingleses podían llegar a Roma.
En sentido católico, la comunión eclesial no equivale a una relación cultural, diplomática o amistosa. Implica la participación en la misma fe, los mismos sacramentos y la misma estructura jerárquica fundada en la sucesión apostólica y en la comunión con el obispo de Roma. Por ello, la antigua sede católica de Canterbury no es jurídicamente idéntica a la actual sede anglicana, aunque ambas instituciones compartan una continuidad histórica vinculada al mismo lugar y a numerosos elementos de patrimonio cristiano.