Orígenes anglosajones
San Agustín de Canterbury, enviado por el Papa Gregorio el Grande, arribó a Kent en el año 597 y estableció la primera sede episcopal en la isla de St Augustine3. Con la ayuda de la reina Bertha, cristianizó al rey Æthelberht y fundó una iglesia sobre los cimientos de una basílica romana, marcando el inicio de la presencia católica en Inglaterra4.
Edad Media y expansión
Durante los siglos XII y XIII la catedral sufrió varias reconstrucciones. La estructura gótica que se conserva hoy se inició en 1170 y se completó alrededor de 1220, bajo la dirección de los arzobispos Hubert Walter y Stephen Langton, quienes también desempeñaron papeles políticos cruciales1. La catedral se convirtió en la Madre‑Iglesia de toda Inglaterra, albergando a los arzobispos católicos hasta la muerte del último, el cardenal Pole, en 15581.
Reforma protestante
Con la ruptura de Enrique VIII en 1534, la catedral pasó a ser propiedad de la Iglesia de Inglaterra, y muchos de sus tesoros fueron saqueados, incluida la destrucción del santuario de San Tomás Becket1. A pesar de las restricciones, la catedral siguió siendo un lugar de devoción para los católicos peregrinos1.
Era moderna y ecumenismo
El siglo XX vio un renacer del diálogo. En 1982, el Papa Juan Pablo II y el Arzobispo de Canterbury firmaron una declaración conjunta en la catedral, marcando un hito en la reconciliación entre ambas Comuniones2. Desde entonces, la catedral ha acogido numerosos encuentros ecuménicos, reforzando su papel como símbolo de unidad cristiana5.

