Fundación de la diócesis
La diócesis de La Plata surgió en un contexto de reorganización eclesiástica en Argentina a finales del siglo XIX. Por bula papal In Petri Cathedra del 15 de febrero de 1897, promulgada por el papa León XIII, se creó esta sede episcopal al mismo tiempo que las de Santa Fe y Tucumán.1 El gobierno argentino impulsó esta iniciativa para atender las necesidades espirituales de una población en rápido crecimiento, especialmente en la provincia de Buenos Aires y el territorio de Pampa Central, que hasta entonces dependían de la arquidiócesis de Buenos Aires. La erección canónica se formalizó el 30 de mayo de 1897 mediante un edicto del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Udalrico Castellano.1 Como diócesis sufragánea de Buenos Aires, La Plata asumió jurisdicción sobre vastas áreas, marcando un hito en la estructura jerárquica de la Iglesia católica en el cono sur.
Inicialmente, la diócesis carecía de un templo propio, por lo que la parroquia de San Ponciano, construida en 1883, funcionó como pro-catedral durante los primeros años.1 Esta iglesia provisional atendió las funciones litúrgicas y administrativas hasta que se completó la nueva construcción, reflejando el dinamismo de una ciudad planificada como capital provincial en 1882.
Construcción y dedicación
La construcción de la catedral actual comenzó poco después de la fundación diocesana, culminando en 1901 con la inauguración del edificio principal.1 Este templo gótico, de gran escala, reemplazó definitivamente a la pro-catedral de San Ponciano y se consagró bajo el patronazgo de la Inmaculada Concepción, advocación que también protege a la diócesis y a la provincia de Buenos Aires, junto con san Martín de Tours.1 La elección de esta dedicación subraya la profunda tradición mariana argentina, influida por apariciones y devociones como la de Nuestra Señora de Luján, aunque la catedral de La Plata se centra en la pureza inmaculada de María.
Durante su edificación, la catedral incorporó elementos que la convierten en un referente arquitectónico y espiritual. En 1898, monseñor Mariano Antonio Espinosa fue nombrado primer obispo, asumiendo la dirección hasta 1900, cuando le sucedió monseñor Nepomuceno Terrero y Escalada, con monseñor Francisco Alberti como obispo auxiliar titular de Siunia.1 Estos líderes iniciales impulsaron no solo la finalización del templo, sino también su integración en la vida diocesana, que para 1909 contaba con 1.700.000 habitantes, mayoritariamente católicos, 130 parroquias y numerosas comunidades religiosas masculinas y femeninas, como franciscanos, dominicos, salesianos y hermanas de la Caridad.1
