La Catedral de Milán se asienta sobre el emplazamiento de la antigua basílica de Santa Maria Maggiore, que databa del siglo IV o V1. La primera piedra de esta majestuosa catedral gótica italiana fue colocada en mayo de 1386 por el duque Gian Galeazzo Visconti y bendecida por el obispo Antonio di Saluzzo2. Desde ese momento, el Duomo se convirtió en el epicentro de la vida milanesa, atrayendo la atención de la Iglesia, la generosidad de los ricos, el sacrificio del pueblo y el trabajo de los ciudadanos2.
La construcción se desarrolló año tras año, siglo tras siglo, transformándose en una maravillosa obra de mármol2. Este esfuerzo continuó incluso en años recientes, con un complejo de trabajos que culminaron en la reestructuración de todo el presbiterio, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II2.
A lo largo de su historia, varios arquitectos de renombre estuvieron involucrados en su diseño y construcción. Por ejemplo, Donato Bramante, en ocasiones, se dedicó al estilo gótico en algunos diseños para la catedral de Milán, exhibiendo un estilo excelente que se volvió típico de la arquitectura renacentista lombarda3. Hacia 1490, Giovanni Antonio Amadeo se hizo cargo de la dirección de las obras, presentando un diseño que fue aceptado y que él y sus sucesores llevaron a cabo4. Amadeo fue arquitecto conjunto de la Certosa y de las catedrales de Pavía y Milán, hasta que se propuso coronar esta última con una cúpula de forma gótica, lo que generó mucha oposición y crítica4. Incluso arquitectos como Hans Niessenberger, de Graz, Estiria, trabajaron en la gran catedral de Milán hacia 1483 con un salario anual, según los registros5.
El arquitecto de la catedral de Milán intentó superar la anchura máxima de cincuenta pies de sus predecesores franceses, construyendo una nave de sesenta pies de ancho. Sin embargo, a medida que avanzaba la construcción, resultó imposible llevar a cabo el diseño original sin riesgo de colapso, lo que obligó a reducir la altura del claristorio a sus proporciones actuales6.

