La catedral es la iglesia principal de una diócesis: allí el obispo tiene su cátedra (cathedra) y preside el culto de toda la comunidad cristiana.1
El Catecismo en forma de preguntas y respuestas expone la misma idea: el nombre catedral nace de que la cátedra del obispo se erige en ese lugar y de que el obispo celebra en la catedral las fiestas importantes y cumple allí sus deberes principales.3
Juan Pablo II explica además que la catedral funciona como «Madre Iglesia» y centro de convergencia de la Iglesia particular: el obispo enseña desde la cátedra, preside las celebraciones litúrgicas más importantes y se presenta a la asamblea como quien preside «en lugar del Padre».2
Esa presencia visible de la cátedra subraya la unidad y comunión del presbiterio diocesano y del Pueblo de Dios.2
Por razón de esta tradición antigua -común a Oriente y Occidente-, Juan Pablo II recuerda que solo el obispo se sienta en la cátedra episcopal en las celebraciones solemnes.2


