Los orígenes de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se entrelazan con la fundación de la ciudad misma. En 1580, Don Juan de Garay estableció el primer asentamiento y erigió la primera iglesia en el lugar donde hoy se alza la catedral1. Durante sus primeros años, esta iglesia y otras construcciones eclesiásticas en la región dependieron de las autoridades eclesiásticas del Paraguay1.
Un hito crucial en la historia de la iglesia ocurrió en 1620, cuando el Papa Pablo V, a solicitud del Rey Felipe III de España, erigió la Diócesis del Río de la Plata. La humilde iglesia parroquial de Buenos Aires, que entonces consistía en muros de barro y un techo de paja, fue elevada a la categoría de catedral y se confió a Fray Pedro Carranza, el primer obispo argentino1,2. La dedicación solemne del edificio, tras las reparaciones y mejoras posibles en ese momento, tuvo lugar el 26 de junio de 16221.

