La Catena Aurea surgió en un contexto de renovado interés por la exégesis patrística en la Edad Media. Santo Tomás de Aquino comenzó su elaboración a petición del papa Urbano IV hacia finales de 1262 o principios de 1263. El volumen dedicado al Evangelio de San Mateo estuvo listo para ofrecerlo al pontífice antes de su muerte en octubre de 1264. El resto de la obra, que abarca los Evangelios de San Marcos, San Lucas y San Juan, se completó entre 1265 y 1268, justo antes de que Tomás regresara a París.1
Esta compilación se inscribe en la tradición de las catenæ (cadenas), colecciones de extractos patrísticos organizados versículo por versículo, populares en Oriente desde los siglos VII al XI con autores como Andreas Presbyter o Nicetas de Serræ. En Occidente, precursores como Primasius de Adrumentum (siglo VI) o Rabanus Maurus (siglo IX) habían iniciado esta práctica, pero la Catena Aurea de Tomás se erige como la más célebre entre las compilaciones latinas medievales.2
Tomás no pretendía ofrecer un comentario original extenso, sino una catena que unificara las voces de los antiguos doctores de la Iglesia. Su enfoque refleja su genio para sintetizar tradiciones diversas, similar al que emplea en su Comentario al Evangelio de San Mateo, donde hasta un 70% del texto en pasajes clave depende directamente de la Catena.1

