Antecedentes preconciliáricos
Antes del Concilio, la celebración «ad orientem» (el sacerdote mirando al altar) era la norma universal en la liturgia latina. Esta postura subrayaba la unidad del sacerdote con Cristo crucificado, mientras el pueblo asistía como testigo del sacrificio.
Reforma del Concilio Vaticano II
El Concilio, a través de Sacrosanctum Concilium (§ 36), autorizó la introducción del idioma vernáculo y fomentó la participación plena y consciente de la asamblea (SC, n. 14)2. En este contexto surgió la práctica de que el sacerdote celebre «versus populum», girándose para mirar a los fieles, con la intención de favorecer la comprensión y la participación activa.
Implementación posterior
El Código de Derecho Canónico y la Instrucción General del Misal Romano (GIRM) incorporaron normas que permitían la orientación «versus populum» siempre que se respetaran los requisitos litúrgicos y la dignidad del sacramento3. Sin embargo, la Congregación para el Culto Divino advirtió en Redemptionis Sacramentum que términos como «asamblea celebrante» deben usarse con cautela para evitar ambigüedades sobre la naturaleza del sacrificio eucarístico4.
