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Cenobitismo

El cenobitismo es una forma de vida monástica cristiana basada en la koinè bíos-expresión griega que significa «vida común»-. Los monjes cenobitas viven juntos en una comunidad estable, bajo una regla, con un superior y un régimen compartido de oración, trabajo, disciplina, formación y bienes. Junto con el eremitismo y las formas semieremíticas, constituye una de las principales modalidades históricas del monacato cristiano, y también la más extendida.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCenobitismo
CategoríaTérmino
DescripciónModo de vida monástica en que los monjes viven en comunidad estable, compartiendo oración, trabajo y bienes. Forma de vida monástica cristiana basada en la koinè bíos, es decir, vida común bajo regla y superior. El cenobitismo es una forma de monacato cristiano donde los monjes viven juntos en un cenobio bajo una regla, con un abad o superior, practicando oración comunitaria, trabajo, disciplina y compartiendo bienes. Se originó en Egipto en el siglo IV bajo San Pacomio, inspirándose en la comunidad apostólica de Jerusalén descrita en los Hechos. Se desarrolló en Oriente con San Basilio y en Occidente con la Regla de San Benito, influyendo en órdenes como los cluniacenses, cistercienses y trapenses. Incluye obediencia, koinonía, hospitalidad y misión cultural
Contexto BíblicoHechos de los Apóstoles - comunidad de los creyentes de Jerusalén que compartían bienes.
Contexto HistóricoMonacato cristiano temprano; siglo IV en Egipto; expansión medieval en Europa.
DesarrolloConsolidado por San Basilio en Oriente y por San Benito en Occidente; adoptado por reformas cluniacenses y cistercienses y expandido en la Europa medieval.
ImportanciaModelo principal del monacato cristiano, base de la vida monástica occidental y oriental.
Importancia EclesialFundamento de la Regla benedictina y de la organización de monasterios; aporta oración, educación y evangelización a la Iglesia.
InfluenciaHa influido en la fundación de órdenes monásticas, la conservación de manuscritos, la agricultura, la educación y la caridad cristiana.
Lugar de OrigenEgipto (Tabennisi, Alto Egipto)
OrigenInspirado en la comunidad apostólica de Jerusalén (Hechos) y formalizado por San Pacomio en Egipto.
Personas relacionadasSan Pacomio
TipoTérmino teológico, Vida monástica comunitaria, IV

Tabla de contenido

Etimología y significado

La palabra cenobitismo procede del griego koinos bios, «vida común». El término designa, por tanto, una forma concreta de existencia monástica, no simplemente el hecho de residir dentro de un edificio religioso.

Juan Casiano, al recoger la enseñanza del abad Piamón, distingue entre monasterio y cenobio. Monasterio designa ante todo el lugar donde habitan los monjes; cenobio describe el carácter comunitario y ordenado de la vida que allí llevan. Una vivienda podía recibir el nombre de monasterio aunque la ocupase un solo asceta, mientras que el cenobio implicaba una comunidad unida y sometida a una disciplina común.2

La diferencia resulta teológicamente relevante. El cenobitismo no consiste en reunir a personas que practican individualmente una piedad semejante, sino en formar una comunidad monástica estructurada, en la que cada miembro acepta una regla, reconoce una autoridad legítima y participa en una vida común orientada hacia la conversión y la unión con Dios.

Rasgos fundamentales

La vida cenobítica presenta diversos elementos que aparecen, con modalidades distintas, en las tradiciones monásticas orientales y occidentales.

Vida bajo una regla

El cenobita vive conforme a una regla monástica o a un texto normativo equivalente. La regla establece los principios espirituales y prácticos de la comunidad: horarios de oración, disciplina, trabajo, alimentación, silencio, formación, corrección fraterna, recepción de huéspedes y ejercicio de la autoridad.

La regla no pretende ofrecer una simple organización administrativa. Su finalidad consiste en ordenar la vida entera del monje para que la oración, el trabajo, la convivencia y la ascesis formen una unidad. San Benito define a los cenobitas como monjes que viven «bajo una regla y un abad» y los presenta como la forma más estable de vida monástica.3

Autoridad del abad o superior

La comunidad cenobítica reconoce a un superior, llamado habitualmente abad, hegúmeno o prior, según la tradición y la configuración de cada institución. El superior aplica la regla, discierne las necesidades de la comunidad, vela por la formación de los monjes y ejerce una autoridad que debe orientarse al servicio espiritual.

La obediencia cenobítica no equivale a una renuncia irracional a la responsabilidad personal. El monje entrega su voluntad dentro de una forma de vida que la Iglesia considera ordenada a la búsqueda de Dios. San Jerónimo describió la unión de los cenobitas como fundada en la obediencia a los superiores y en la realización común de las tareas asignadas.4

Oración comunitaria

La oración común ocupa el centro de la jornada. La comunidad se reúne para la celebración del Oficio divino, la salmodia, las vigilias, la lectura de la Sagrada Escritura y, según las costumbres de cada tradición, otras formas de oración litúrgica o espiritual.

La tradición monástica antigua desarrolló diversos ciclos de oración. En el monacato egipcio aparecen la salmodia nocturna, Laudes y las horas diurnas; posteriormente se consolidaron ritmos que incluían la vigilia, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona y Vísperas. Hacia finales del siglo IV, las comunidades monásticas integraron elementos de la oración monástica con formas procedentes de la liturgia catedralicia, y difundieron también la oración de Completas.5,6

La configuración concreta del Oficio no fue idéntica en todos los lugares. Las comunidades de Egipto, Palestina, Siria, Capadocia, Hispania, Irlanda y Occidente desarrollaron usos propios. Por esta razón, no conviene proyectar sobre todos los cenobios un único horario o una estructura litúrgica uniforme.

Trabajo y estudio

El trabajo manual forma parte de la disciplina cenobítica. Los monjes cultivan la tierra, elaboran bienes necesarios para la comunidad, atienden a los enfermos, reciben a los huéspedes y desempeñan otras tareas compatibles con su estado de vida.

La tradición benedictina sintetizó esta orientación en la unión entre oración y trabajo. El trabajo evita la ociosidad, sostiene la comunidad y ofrece un ámbito concreto para la obediencia y el servicio fraterno. El estudio, la lectura espiritual y la copia de manuscritos también adquirieron una función relevante en numerosos monasterios occidentales. La actividad intelectual favoreció la conservación y transmisión de textos bíblicos, patrísticos, litúrgicos, filosóficos y jurídicos.7

Bienes compartidos

El cenobitismo pone los bienes al servicio de la comunidad. La renuncia a la propiedad individual no significa desprecio por los bienes creados, sino una forma de vivir la pobreza evangélica y de evitar que la posesión particular rompa la fraternidad.

Juan Casiano relaciona la vida cenobítica con la comunidad de Jerusalén descrita en los Hechos de los Apóstoles: los creyentes formaban «un solo corazón y una sola alma» y distribuían los bienes según las necesidades de cada uno. Casiano interpreta esa comunión apostólica como el modelo espiritual del cenobio.8

El reparto de los recursos debía atender a la situación concreta de cada hermano. San Jerónimo describe una administración común que proporcionaba vestido, alimento, alojamiento y cuidados a quienes los necesitaban, especialmente a los enfermos, los ancianos y los jóvenes.4

Disciplina comunitaria

La convivencia exige silencio, moderación, puntualidad, corrección fraterna y capacidad de renuncia. El cenobio limita la autonomía individual para favorecer una libertad más profunda: la libertad respecto del egoísmo, la búsqueda de prestigio y la dependencia de los propios deseos.

San Benito contrapone la estabilidad regulada del cenobita a los grupos que viven sin regla ni superior, así como a los monjes errantes que pasan de una casa a otra sin arraigo. Su crítica no pretende negar toda movilidad legítima, sino denunciar una forma de vida sin disciplina estable y sometida al capricho personal.3

Origen cristiano

El ideal apostólico

La tradición cenobítica encuentra su fundamento espiritual en la comunión de la primera Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles presentan a la comunidad de Jerusalén unida en la enseñanza apostólica, la oración, la fracción del pan y la comunión de bienes.

Los Padres monásticos interpretaron este modelo como una expresión de la vocación cristiana a la unidad. El cenobitismo no pretende crear una comunidad separada de la Iglesia, sino reproducir, dentro de una forma ascética concreta, algunos rasgos de la comunidad apostólica: perseverancia en la oración, escucha de la enseñanza, fraternidad y atención a los necesitados.

La vida monástica no apareció plenamente formada desde el comienzo de la Iglesia. El ascetismo cristiano de los primeros siglos incluyó la virginidad consagrada, el ayuno, la limosna, la continencia y la renuncia a los bienes, pero todavía no constituía necesariamente una institución monástica organizada. Con el desarrollo del monacato, estas prácticas adquirieron estructuras comunitarias estables.9

Egipto y el nacimiento del cenobitismo organizado

El cenobitismo adquirió una forma decisiva en Egipto durante el siglo IV. La tradición reconoce a san Pacomio como su principal fundador. Después de su experiencia ascética junto a otros ermitaños, Pacomio estableció una comunidad en Tabennisi, en el Alto Egipto, y organizó una forma de vida que permitía reunir a numerosos monjes bajo una disciplina común.

La primera comunidad pacomiana integró oración, trabajo, alimentación compartida, obediencia y formación progresiva. Pacomio no impuso de manera brusca todas las exigencias de la vida comunitaria a quienes procedían de la soledad eremítica; acompañó gradualmente a los nuevos miembros y asumió inicialmente buena parte de las cargas materiales de la fundación.10

El movimiento creció con rapidez. Antes de la muerte de Pacomio, la congregación contaba con varios monasterios masculinos y femeninos. Las comunidades disponían de espacios destinados a la oración, el comedor, la cocina, la enfermería y la acogida de huéspedes. El conjunto podía adquirir la apariencia de una aldea amurallada, aunque conservaba una arquitectura sencilla y funcional.11

La organización pacomiana no eliminó la tradición eremítica. Pacomio mantuvo relaciones de respeto y afecto con los ermitaños, y su sistema ofreció una estructura accesible a personas que no podían sostener la soledad absoluta. La vida cenobítica facilitó así la incorporación de muchos candidatos a la ascesis monástica sin reducir la exigencia espiritual de la vocación.10

La teología de la koinonía en los Padres del Desierto

Comunión como participación en la vida de Cristo

La koinonía significa comunión, participación y solidaridad. En la espiritualidad de los Padres del Desierto, esta comunión no se reduce a la convivencia física. La comunidad monástica participa en la vida de Cristo mediante la caridad, la obediencia, la oración y la mutua entrega.

El monje abandona una forma de existencia centrada en la posesión y en la voluntad propia para incorporarse a una comunidad donde los bienes, el tiempo y las capacidades se ordenan al bien común. La fraternidad constituye, por tanto, una expresión concreta de la conversión cristiana.

La unidad no elimina la diversidad de dones ni las diferencias personales. El cenobio busca una comunión en la que cada hermano contribuya con su trabajo, su experiencia, su oración y su paciencia. La comunidad sostiene al débil, corrige al negligente y modera al fervoroso cuando su ascesis amenaza el equilibrio de la vida común.

«Un solo corazón y una sola alma»

Casiano interpreta la comunidad apostólica de Jerusalén como el origen espiritual del cenobitismo. La fórmula «un solo corazón y una sola alma» expresa la unión interior que debe acompañar a la posesión común de los bienes. La comunidad exterior carecería de autenticidad si no naciera de la caridad.

La koinonía exige compartir mucho más que recursos materiales. Los monjes comparten la escucha de la Palabra, la oración litúrgica, las comidas, el trabajo, las pruebas, la enfermedad y el camino de purificación. La vida común convierte las relaciones ordinarias en un lugar de ascesis.

Comunión y obediencia

Los Padres del Desierto entendieron la obediencia como un remedio contra la autosuficiencia espiritual. El monje que vive solo puede confundir fácilmente sus deseos con la voluntad de Dios. La regla y el superior introducen una mediación comunitaria que ayuda a discernir, corregir y perseverar.

La autoridad, por su parte, debe ejercerse con prudencia y caridad. El superior no posee la comunidad como dueño, sino que la sirve como responsable de su unidad y de la salvación de sus miembros. El modelo pacomiano y las tradiciones posteriores combinaron la obediencia con la atención personal a cada monje.

Cuidado de los débiles

La koinonía incluye una responsabilidad especial hacia quienes sufren. San Jerónimo describe cómo los monjes visitaban a los hermanos desanimados, animaban a quienes necesitaban crecer en fervor y cuidaban a los enfermos con una atención que procuraba que no echasen de menos el afecto familiar.4

Esta dimensión revela que el cenobitismo no persigue una perfección individual aislada. La santidad del monje pasa por la paciencia concreta, la hospitalidad, el cuidado de los ancianos, la educación de los jóvenes y la disponibilidad para cargar con las limitaciones ajenas.

Diferencia respecto de otras formas monásticas

Cenobitismo y eremitismo

El eremitismo consiste en vivir en soledad o con un mínimo contacto comunitario, bajo la guía espiritual de un maestro o con una regla adaptada a la vida solitaria. La tradición considera a san Antonio de Egipto una figura principal del eremitismo.1

El cenobita, en cambio, permanece integrado en una comunidad estable. Comparte con el ermitaño la búsqueda de Dios, la conversión ascética y la renuncia a los valores mundanos, pero vive esas exigencias mediante la obediencia, la fraternidad y la disciplina común.

La oposición entre ambas formas no debe interpretarse de modo absoluto. Muchos ermitaños recibieron una formación inicial en un cenobio, y varias tradiciones monásticas consideraron la vida comunitaria como una preparación necesaria para una eventual soledad más rigurosa. San Benito presenta al anacoreta como alguien que, después de una larga prueba en la disciplina comunitaria, puede afrontar el combate espiritual de la soledad.3

Cenobitismo y semieremitismo

Las formas semieremíticas o semianacoréticas combinan la pertenencia a una comunidad con periodos prolongados de soledad. Los monjes pueden vivir en celdas separadas o en ermitas próximas y reunirse para determinados actos comunes.

La tradición de las lauras orientales ofrece un ejemplo característico: los ascetas habitaban en celdas individuales, pero acudían a un centro común para la liturgia y para ciertos servicios comunitarios. El cenobio estricto, por el contrario, acentúa la vida compartida, la uniformidad de la disciplina y la participación frecuente en las actividades comunes.11

Cenobitismo y vida religiosa apostólica

El monacato cenobítico tiene normalmente una orientación contemplativa, aunque sus comunidades puedan desarrollar tareas educativas, culturales, misioneras, asistenciales o pastorales. En la tradición occidental, la vida activa de los frailes mendicantes y de muchas congregaciones religiosas presenta una estructura distinta: la predicación, la atención pastoral o una obra apostólica concreta forman parte directa de la finalidad institucional.

Los monasterios cenobíticos pueden colaborar intensamente con la Iglesia y con la sociedad sin dejar de conservar su identidad monástica. El servicio exterior nace de la vida litúrgica, de la hospitalidad, del trabajo y de la intercesión de la comunidad.

Basilio de Cesarea y la consolidación oriental

San Basilio de Cesarea contribuyó decisivamente a la configuración del monacato oriental. Su orientación favoreció la vida comunitaria frente a una interpretación individualista de la soledad. Basilio insistió en que la comunidad permite vivir la caridad de manera efectiva, porque el monje necesita hermanos a quienes servir y de quienes recibir ayuda.

La tradición basiliana integró oración, trabajo, estudio de la Escritura, atención a los pobres y obediencia. También sometió la austeridad al discernimiento del superior: una penitencia que debilitase al monje hasta impedirle cumplir sus deberes podía convertirse en una comprensión equivocada de la mortificación.12

En el cristianismo oriental, el cenobitismo quedó vinculado a la vida de cada monasterio y a su típico, es decir, al conjunto de normas litúrgicas, disciplinarias y administrativas que ordenan la comunidad. La tradición oriental no desarrolló, en términos generales, órdenes monásticas centralizadas según el modelo latino, aunque algunas instituciones surgieron posteriormente bajo influencia occidental.1

El cenobitismo en Occidente

La Regla de san Benito

La Regla de san Benito, redactada en el siglo VI, proporcionó al cenobitismo occidental una de sus formulaciones más influyentes. San Benito define la comunidad, regula la autoridad del abad, establece la recepción de los candidatos, ordena la oración y el trabajo y ofrece criterios para la corrección fraterna y el gobierno del monasterio.

La estabilidad ocupa un lugar esencial en la tradición benedictina. El monje no vive de comunidad en comunidad siguiendo sus preferencias, sino que arraiga en una casa concreta y aprende a buscar a Dios mediante la perseverancia cotidiana. La regla también procura adaptar la disciplina a la edad, la salud y la capacidad de cada hermano.

La tradición benedictina distinguió cuatro clases de monjes: cenobitas, anacoretas, sarabaítas y giróvagos. San Benito aprueba los dos primeros, porque viven bajo una regla o han recibido una preparación suficiente para la soledad, y critica los otros dos por su falta de disciplina y estabilidad.3

Expansión monástica

La Regla benedictina se difundió por Italia, la Galia, Hispania y las islas británicas. Los monasterios se convirtieron en centros de oración, evangelización, educación, hospitalidad, agricultura, asistencia y transmisión cultural.

La influencia benedictina no eliminó otras reglas ni otras formas de vida. Durante la Edad Media convivieron comunidades vinculadas a tradiciones diversas, reformas monásticas y nuevas familias religiosas. El cenobitismo occidental adquirió expresiones distintas en los monasterios benedictinos, cluniacenses, cistercienses, camaldulenses y cartujos, aunque algunas de estas últimas formas acentuaron la dimensión eremítica.

Cluny y Císter

La reforma cluniacense organizó una amplia red de monasterios alrededor de una fuerte coordinación institucional y de una especial solemnidad litúrgica. El Císter, fundado en torno a 1098 en Cîteaux, procuró recuperar una observancia más austera de la tradición benedictina y reforzó la unidad entre monasterios mediante visitas, capítulos generales y vínculos de filiación.

La Carta de la Caridad cisterciense articuló la relación entre la casa madre y las comunidades afiliadas. Cada monasterio conservaba su identidad familiar, mientras una estructura común promovía la uniformidad disciplinaria y la corrección recíproca.13

Liturgia y organización de la jornada

La jornada cenobítica organiza el tiempo en torno a la oración. La salmodia, las vigilias, las lecturas bíblicas, el trabajo, las comidas y el descanso aparecen integrados en un ritmo que busca santificar las horas del día.

La tradición antigua concedió especial importancia a la oración nocturna, entendida como vigilia espiritual y espera del Señor. Una celebración podía incluir salmos, lecturas, silencios y una oración conclusiva; las formas concretas variaban según la región y la época.5

La liturgia monástica no debe confundirse con una única estructura universal. Algunos monasterios conservaron usos propios, mientras otros adoptaron elementos de la liturgia catedralicia. La tradición oriental desarrolló sus propios libros y órdenes litúrgicos; el Occidente latino evolucionó hacia formas vinculadas a la regla, al breviario y a las costumbres de cada familia monástica.

La celebración de la Eucaristía ocupa el centro sacramental de la vida cristiana, aunque la frecuencia, la forma y la organización de la celebración monástica han variado históricamente. Junto a la Eucaristía, el Oficio divino constituye una expresión privilegiada de la oración pública de la Iglesia confiada a las comunidades monásticas.

Arquitectura del cenobio

El cenobio necesita espacios que hagan posible la vida común. Las primeras comunidades pacomianas contaban con iglesia, refectorio, cocina, enfermería, alojamiento y hospedería. Los edificios respondían a las necesidades de la comunidad y no a un modelo arquitectónico único.11

En Occidente, el monasterio medieval desarrolló progresivamente una organización alrededor del claustro. La iglesia, la sala capitular, el dormitorio, el refectorio, la cocina, los talleres, la enfermería y la hospedería formaban un conjunto destinado a ordenar las relaciones entre oración, trabajo y descanso.

La arquitectura expresa la teología cenobítica. El claustro simboliza la estabilidad y la orientación de toda la vida hacia Dios; el refectorio manifiesta la comunión de mesa; la sala capitular sirve para la escucha de la regla y la toma de decisiones; la hospedería recuerda que la comunidad debe recibir al forastero como a Cristo.

Finalidad espiritual

El cenobitismo busca la conversión permanente y la unión con Dios. La separación del mundo no significa desprecio por las personas ni rechazo de la creación. El monje renuncia a determinadas realidades legítimas -propiedad privada, matrimonio y autonomía personal- para entregarse de modo indiviso a la oración y al servicio de Dios.

La ascesis cenobítica persigue la purificación del corazón. El ayuno, el silencio, la obediencia, la vigilancia, el trabajo y la estabilidad ayudan a combatir el egoísmo y a adquirir la caridad. La comunidad convierte la vida ordinaria en una escuela espiritual: el monje aprende a amar no en abstracto, sino mediante personas concretas, con sus virtudes, límites y necesidades.

La tradición monástica también entiende el cenobio como una forma de intercesión eclesial. La comunidad ora por la Iglesia, por los gobernantes, por los pobres, por los difuntos y por el mundo entero. Su fecundidad no depende exclusivamente de una actividad exterior visible, sino de la fidelidad a la oración, a la conversión y a la comunión fraterna.

Hospitalidad, cultura y misión

Aunque la contemplación ocupa el centro de la vida cenobítica, el monasterio nunca queda reducido a un espacio de aislamiento absoluto. La acogida de huéspedes forma parte de numerosas reglas. La hospedería ofrece descanso a viajeros, peregrinos, sacerdotes, investigadores y personas que buscan silencio o acompañamiento espiritual.

Los monasterios también han contribuido a la evangelización. La expansión benedictina por Europa vinculó la vida monástica con la fundación de iglesias, escuelas y centros de misión. Los monjes participaron en la transmisión de la fe, en la educación y en la formación del clero.7

La labor cultural monástica incluyó la copia de manuscritos, la enseñanza, la conservación de lenguas y textos, el desarrollo de técnicas agrícolas y la atención a enfermos y necesitados. Estas actividades no sustituyen la finalidad contemplativa del monasterio, pero manifiestan la fecundidad social de una comunidad arraigada en la oración.

El cenobitismo femenino

Desde sus orígenes, el cenobitismo incluyó comunidades femeninas. La organización pacomiana contó con monasterios de mujeres, y la tradición occidental desarrolló comunidades de vírgenes consagradas, monjas benedictinas, cistercienses, clarisas, carmelitas y otras familias contemplativas.

La vida cenobítica femenina comparte los elementos esenciales de la forma monástica: consagración, regla, superiora, oración litúrgica, vida común, trabajo, formación, estabilidad y bienes administrados según la disciplina de la comunidad. Las modalidades concretas dependen del carisma, la tradición litúrgica y las normas propias de cada instituto.

Valor eclesial

El cenobitismo pertenece a la vida y a la santidad de la Iglesia. La comunidad monástica ofrece un testimonio público de que la existencia humana alcanza su plenitud en Dios y de que la comunión cristiana exige compartir bienes, tiempo, responsabilidades y sufrimientos.

La vida cenobítica recuerda a la Iglesia que la unidad no procede de la uniformidad superficial, sino de la caridad, de la verdad compartida y de la obediencia a una vocación común. El monasterio anticipa, de manera limitada y ascética, la comunión definitiva del Reino de Dios: muchos miembros, una sola esperanza y un mismo centro, Cristo.

Conclusión

El cenobitismo constituye la forma clásica de monacato comunitario. Nacido de la búsqueda cristiana de la comunión apostólica y organizado decisivamente por san Pacomio, recibió formulaciones de gran influencia en san Basilio, san Benito, san Jerónimo y otros maestros monásticos. Su estructura integra regla, autoridad, oración litúrgica, trabajo, pobreza, estabilidad y caridad fraterna.

La koinonía cenobítica no consiste únicamente en vivir bajo el mismo techo. Representa una forma de participar juntos en la vida de Cristo, compartir los bienes según las necesidades, sostener a los débiles y buscar la santidad mediante la obediencia y la perseverancia. Mediante sus monasterios, el cenobitismo ha ofrecido a la Iglesia un testimonio duradero de oración, comunión, hospitalidad y esperanza escatológica.

Citas y referencias

  1. Cenobitismo, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Cenobitismo (2015). 2 3
  2. La respuesta. - Piamun: Aunque mucha gente habla indistintamente de monasterios en lugar de cenobios, sin embargo hay una diferencia: el monasterio es el título del edificio y no significa más que el lugar, es decir, la morada de los monjes, mientras que el cenobio describe el carácter de la vida y su sistema. Y el monasterio puede ser la vivienda de un solo monje, mientras que no puede hablarse de un cenobio sino donde habite una comunidad unida de un gran número de hombres que viven juntos. Sin embargo se les llama monasterios a los grupos de sarabitas, Juan Casiano. Conferencia 18. Conferencia del abad Piamun. Sobre los tres tipos de monjes, Capítulo X.
  3. Capítulo I. - De los diversos tipos de monjes, Benedicto de Nursia. Regla de Benedicto, I (530). 2 3 4
  4. Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). Carta 22 - A Eustochio (Roma), 35 (384). 2 3
  5. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 46 (1999). 2
  6. Bibliografía, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 48 (1999).
  7. Vida religiosa, . Enciclopedia católica, Vida religiosa (1913). 2
  8. De los fundadores que originaron la orden de los cenobitas. - Así, el sistema de los cenobitas surgió en los días de la predicación de los apóstoles. Porque tal era la multitud de creyentes en Jerusalén, que así se describe en los Hechos de los apóstoles: «Mas la multitud de los creyentes era de un corazón y una sola alma, ninguno decía que lo que poseía era suyo; pero tenían todas las cosas en común. Vendían sus propiedades y bienes y los repartían a todos según la necesidad de cada uno». Y otra vez: «No había entre ellos quien faltara; pues cuantos poseían campos o casas los vendían, traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se distribuía a cada uno según su necesidad». La iglesia entera, digo, era entonces como ahora son esos pocos que con dificultad pueden hallarse en los cenobios. Pero cuando, a la muerte de los apóstoles, la multitud de los creyentes comenzó a enfriarse, y sobre todo la multitud que había llegado a la fe de Cristo procedente de diversas naciones extranjeras, de quienes los apóstoles, por consideración a la infancia de su fe y a sus arraigados hábitos paganos, requerían nada más que abstenerse de cosas sacrificadas a ídolos, de fornicación, de animales estrangulados y de sangre (Hechos 15:29), y así la libertad concedida a los gentiles por la debilidad de su fe recién nacida, fue empezando a empañar gradualmente la perfección de aquella iglesia que existía en Jerusalén; y el fervor de esa fe primitiva se enfrió debido al número cada día mayor tanto de nativos como de extranjeros, y no sólo de los que habían aceptado la fe de Cristo, sino incluso de los que eran los líderes de la iglesia, que relajaron algo esa estricta disciplina, Juan Casiano. Conferencia 18. Conferencia del abad Piamun. Sobre los tres tipos de monjes, Capítulo V.
  9. Monacato, . Enciclopedia católica, Monacato (1913).
  10. San Pacomio, . Enciclopedia católica, San Pacomio (1913). 2
  11. Abadía, . Enciclopedia católica, Abadía (1913). 2 3
  12. Regla de San Benedicto, . Enciclopedia católica, Regla de San Benedicto (1913).
  13. Monacato occidental, . Enciclopedia católica, Monacato occidental (1913).
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