El centenario de Rerum novarum
León XIII publicó Rerum novarum el 15 de mayo de 1891, en plena expansión de la industrialización. La encíclica respondió a la explotación de los trabajadores, la insuficiencia de la legislación laboral, la concentración de la riqueza y la difusión del socialismo revolucionario.
Juan Pablo II quiso conmemorar el centenario de aquel documento mediante una nueva encíclica social. Centesimus annus no constituye una simple repetición de las enseñanzas de León XIII. El Papa retoma los principios de Rerum novarum y los aplica a las transformaciones políticas, económicas y culturales del siglo XX. La encíclica presenta así la doctrina social de la Iglesia como una enseñanza viva, capaz de juzgar realidades históricas nuevas sin abandonar sus fundamentos antropológicos y morales.1
El final de los regímenes comunistas
La encíclica apareció poco después de los acontecimientos de 1989, que condujeron a la caída de varios regímenes comunistas europeos y prepararon la disolución de la Unión Soviética. Juan Pablo II interpretó aquellos acontecimientos como el resultado de diversos factores: la violación de los derechos de los trabajadores, la ineficacia económica, la ausencia de libertad, la crisis moral y el vacío espiritual provocado por el ateísmo.2
El Papa reconoció la importancia de la negociación, la resistencia pacífica, la solidaridad y el espíritu evangélico en la transición política. Sin embargo, rechazó cualquier lectura triunfalista. La desaparición del marxismo como sistema político no eliminó automáticamente la pobreza, la injusticia ni la opresión. La crisis del comunismo dejó al descubierto problemas sociales que ya habían alimentado su expansión.3

