Dignidad de la persona y trabajo
Juan Pablo II reitera que el trabajo es vocación y expresión de la personalidad del ser humano, y que su dignidad no puede ser reducida a meras mercancías.
Solidaridad
Define la solidaridad como «la determinación firme y perseverante de comprometerse con el bien común de todos y de cada individuo, porque somos realmente responsables de todos». La encíclica rastrea la evolución del concepto desde «amistad» (León XIII) hasta la «civilización del amor» (Pío VI).
Propiedad privada y destino universal de los bienes
Reconoce el derecho a la propiedad privada como esencial, pero subraya que los bienes tienen un destino universal que obliga a su distribución equitativa.
Economía de mercado al servicio del bien común
Juan Pablo II propone una «sociedad de trabajo libre, de empresa y de participación», que supera tanto el socialismo centralizado como las deficiencias del capitalismo desenfrenado. Señala que el capitalismo es aceptable solo cuando está encuadrado en un marco jurídico que sirva a la libertad humana total, es decir, una economía de mercado ética y solidaria.
Globalización y responsabilidad moral
El Papa advierte que la globalización puede profundizar las desigualdades si no se guía por la solidaridad y la justicia. Instó a crear agencias internacionales eficaces que orienten la economía al bien común,.
Subsidiariedad
Reafirma que la familia y las organizaciones intermedias deben ser el centro de la vida social, evitando la sobre‑intervención del Estado.