El título latino de la obra es Caeremoniale Episcoporum. Aunque recibe el nombre de libro litúrgico, la edición de 1984 precisa que no constituye un libro litúrgico en sentido estricto: los celebrantes no lo utilizan como libro de oraciones durante las ceremonias. Su función consiste en ayudar al obispo, a los ministros de distintos grados y al maestro de ceremonias a conocer las tareas que corresponden a cada uno en las celebraciones.1
El Ceremonial ordena los gestos, los desplazamientos y las funciones de los participantes. No sustituye los libros que contienen los textos de la liturgia ni desplaza las normas ya establecidas por la Santa Sede o las rúbricas de esos libros. La promulgación de 1984 mantiene la fuerza obligatoria de esas disposiciones anteriores, salvo cuando el propio Ceremonial las corrige. Sus otras orientaciones buscan que las celebraciones episcopales alcancen mayor seguridad y expresen de manera auténtica, sencilla y clara la dignidad pastoral del obispo.1
Este libro presenta los ritos que ha de realizar el obispo de modo que puedan conservarse las tradiciones y las exigencias propias de los lugares.1
Esta orientación combina una pauta común para la Iglesia con un margen para las tradiciones legítimas y las circunstancias locales. El Ceremonial favorece la unidad espiritual y, al mismo tiempo, evita que la uniformidad suprima costumbres locales legítimas. También procura evitar las singularidades innecesarias, es decir, diferencias que no contribuyen a la celebración ni a su sentido pastoral.1

