La crisis política de finales del siglo XVIII
La constitución nació en el contexto de la expansión de la Francia revolucionaria y de la guerra que afectó profundamente a la península italiana. La Santa Sede había perdido territorios y recursos a raíz de las campañas francesas. El Tratado de Tolentino, firmado el 19 de febrero de 1797, obligó a Pío VI a ceder Aviñón, el Condado Venesino, Ferrara, Bolonia y la Romaña, además de imponerle fuertes cargas económicas y la entrega de obras de arte y manuscritos.
La situación empeoró en 1798. Las tropas francesas ocuparon Roma el 10 de febrero y proclamaron la República Romana cinco días después. Pío VI rechazó someterse y fue expulsado de Roma el 20 de febrero. Trasladado sucesivamente a Siena, Florencia, Parma, Piacenza, Turín, Briançon, Grenoble y Valence, murió en el exilio el 29 de agosto de 1799.
Aunque Christi Ecclesiae fue promulgada antes de la expulsión definitiva del papa, Pío VI ya percibía la fragilidad de las circunstancias políticas. La incertidumbre afectaba tanto a la seguridad personal del pontífice como a la libertad de los cardenales, cuya reunión podía quedar impedida por la guerra, la ocupación militar o la violencia popular.
La presión militar y la libertad del Colegio Cardenalicio
El problema no consistía solamente en encontrar un lugar adecuado para las votaciones. La presión exterior podía impedir físicamente la reunión de los electores o someterlos a influencias contrarias a la libertad necesaria para una elección pontificia.
Pío VI describió posteriormente la dispersión del Colegio Cardenalicio como una amenaza real: algunos cardenales habían sido expulsados de sus sedes, otros encarcelados o perseguidos, y varios tuvieron que abandonar sus territorios y atravesar el mar en pleno invierno, privados de sus bienes y separados por grandes distancias. Las tropas enemigas controlaban los caminos y dificultaban la correspondencia y los desplazamientos.
El pontífice también denunció la ocupación de Roma, el saqueo de los bienes eclesiásticos, la secularización de monasterios y la limitación de la autoridad y de la libertad del clero. Además, afirmó que él mismo había sido expulsado de la sede romana y obligado a vivir fuera de sus dominios.