Reservar en la Iglesia: contexto antiguo
Durante los primeros siglos, la Eucaristía no solía reservarse habitualmente en las iglesias por el riesgo de profanación y las persecuciones. Aun así, algunos fieles conservaban las especies en cajas de plata en casa para recibirlas en el momento de la muerte.
En los siglos IV, hay indicios de reserva en las iglesias, pero especialmente para los enfermos.
A partir de los siglos V y VI, se extendió más la reserva, y el modo de custodiar el Sacramento variaba según el tiempo y el lugar.
Diversidad de recipientes en la antigüedad
La Enciclopedia indica que los vasos donde se conservaban las especies eran denominados de manera indistinta con términos como capsa, pyxis, cuppa, turris, columba y ciborium, y que, a su vez, dichos recipientes podían guardarse en lugares diferentes: en una cámara de sacristía, en una hornacina en el muro o pilar (ámbito del ambry), bajo el altar o en otros espacios designados por términos como diaconium, pastophorium, vestiarium, etc.
Con el tiempo, se consolidaron formas más características:
recipientes en forma de paloma (columb) suspendidos por cadenas desde la estructura que cubría el altar, o
recipientes tipo torre (turres), colocados usualmente en el armario.
Más adelante, en el siglo XVI, muchas de estas formas comenzaron a desaparecer y fueron sustituidas por el tabernáculo, práctica que con el tiempo se extendió en la Iglesia occidental.
Permanencia de modelos antiguos
La fuente añade que todavía pueden verse en tesoros de algunas catedrales de Europa recipientes antiguos de reserva (por ejemplo, en Milán, Colonia, Ruán y otros lugares).