Función litúrgica
El ciborio sirve para contener las formas consagradas destinadas a la Comunión de los fieles. Durante la Misa puede utilizarse para presentar y distribuir la Comunión; después, las formas consagradas que permanecen pueden guardarse en el sagrario, siempre conforme a la disciplina litúrgica vigente. El vaso no constituye el sagrario ni lo sustituye: cumple la función de recipiente interior para las formas eucarísticas.,
La reserva eucarística tiene como lugar propio el sagrario. El ciborio puede permanecer dentro de él cuando contiene formas consagradas destinadas a la Comunión de los fieles, pero ambos elementos desempeñan funciones distintas:
- El sagrario es el receptáculo estable y digno destinado a la reserva del Santísimo Sacramento.
- El ciborio es el vaso que contiene las formas consagradas.
- Durante la Misa, el ciborio puede emplearse para llevar y distribuir la Comunión.
- Después de la distribución, el ciborio con las formas restantes puede regresar al sagrario.
Por tanto, no resulta exacto afirmar que el ciborio sea simplemente «el lugar donde se reserva» la Eucaristía. Su naturaleza propia es la de vaso eucarístico, mientras que el sagrario es el lugar de reserva.
Forma y elementos
El ciborio suele presentar los siguientes elementos:
- Una copa ancha y redondeada, adecuada para contener numerosas formas.
- Un pie estable, normalmente unido a un fuste.
- Un nudo o ensanchamiento que facilita su manejo.
- Una tapa ajustada, destinada a proteger las formas.
- Una cruz u otro signo cristiano en la parte superior de la tapa.
- Un fondo ligeramente elevado en el centro, que facilita la recogida de las últimas partículas y la purificación del recipiente.,
La base debe proporcionar estabilidad suficiente. La tapa ha de cerrar correctamente para evitar que las formas queden expuestas innecesariamente y para favorecer el respeto debido al Santísimo Sacramento.
Materiales
La normativa litúrgica actual permite que los vasos sagrados estén fabricados con materiales sólidos y dignos, adecuados para el uso sagrado y resistentes al deterioro. Por ello, el ciborio no queda limitado de manera absoluta al oro o a la plata. La elección del material debe responder a la dignidad del sacramento, la seguridad, la durabilidad, la facilidad de limpieza y las costumbres legítimas del lugar.
La tradición ha concedido una especial preferencia a los metales nobles, sobre todo al oro y a la plata. No obstante, el principio litúrgico fundamental exige un material sólido, digno y apto para contener las formas consagradas, no una determinada materia preciosa en todos los casos. La normativa citada admite también otros materiales sólidos considerados valiosos en el contexto local, siempre que resulten apropiados para el culto y no se rompan o deterioren con facilidad.
Cuando el ciborio está fabricado con un material distinto del oro, la tradición litúrgica ha exigido particularmente el revestimiento dorado de la parte interior de la copa. Las normas concretas pueden depender de la legislación litúrgica vigente y de las disposiciones de la autoridad competente.
No resultan adecuados los materiales frágiles, fácilmente quebradizos, porosos o indignos de la función eucarística. El valor artístico puede enriquecer el vaso sagrado, pero nunca debe comprometer su resistencia, su limpieza o su finalidad litúrgica.
Velo del ciborio
Cuando el ciborio contiene el Santísimo Sacramento, puede cubrirse con un velo blanco, normalmente confeccionado con tela digna y, en ocasiones, adornado con bordados. El velo expresa respeto hacia las formas consagradas y recuerda que el recipiente contiene el Sacramento reservado. La tradición litúrgica distinguía entre el ciborio que contenía el Santísimo y el recipiente vacío o purificado, que no recibía el mismo tratamiento externo.,
El velo no convierte el ciborio en un sagrario ni sustituye la custodia propia del tabernáculo. Su finalidad es simbólica y práctica: manifiesta la presencia del Sacramento y protege el recipiente en los momentos en que permanece fuera del sagrario.