El cimborrio ocupa habitualmente el punto donde se cruzan la nave principal y el transepto, aunque su disposición depende de la planta y de la estructura de cada iglesia. En los edificios de planta cruciforme, ese espacio central puede quedar bajo una cúpula que domina el conjunto. La arquitectura cristiana también desarrolló iglesias de planta central, en las que una cúpula cubre el núcleo del edificio y las dependencias se organizan a su alrededor.1
El cimborrio puede incluir un tambor, es decir, un cuerpo vertical levantado entre los elementos que sostienen la cúpula y la propia cubierta. El tambor puede ser cilíndrico o poligonal y admitir ventanas. Cuando no existe, los huecos de iluminación pueden abrirse directamente en la cúpula, cerca de su arranque. La elevación del tambor también permite aumentar la altura interior y aporta masa a la base de la cúpula, lo que ayuda a contrarrestar sus empujes.2
En algunos edificios, una linterna corona la cúpula. Es una pequeña construcción situada sobre ella, que puede incorporar aberturas para favorecer la entrada de luz y la ventilación, o cumplir principalmente una función ornamental. Por tanto, la linterna y el cimborrio no son términos equivalentes: la primera puede ser un remate del segundo, pero el cimborrio comprende el volumen arquitectónico que cubre el espacio central.3



