La muerte de Ignacio
Ignacio murió en 877. Antes de su muerte, había alcanzado la reconciliación personal con Focio y, según la tradición transmitida por fuentes eclesiásticas, habría aceptado que Focio le sucediera. Basilio I permitió entonces el regreso de Focio y su restauración en el patriarcado. Focio también asumió la educación de los hijos del emperador.,
La muerte de Ignacio modificó el problema jurídico y político. Ya no se trataba simplemente de defender a un patriarca legítimo depuesto, sino de encontrar una fórmula que restaurase la comunión eclesial sin prolongar indefinidamente las condenas y represalias.
La política de Juan VIII
El papa Juan VIII, elegido en 872, desempeñó un papel decisivo en la reconciliación. Su pontificado estuvo marcado por la defensa de los derechos de Roma en Europa oriental y por su preocupación por la evangelización de los pueblos eslavos. También intervino en favor de san Metodio, cuya misión en Moravia afrontaba la oposición de autoridades germánicas. Juan VIII examinó las acusaciones contra Metodio, reconoció su ortodoxia y permitió nuevamente el uso de la lengua eslava en la liturgia.
Ante la restauración de Focio, Juan VIII adoptó una actitud conciliadora. El papa aceptó entrar en comunión con él bajo determinadas condiciones, para acabar con la división y restablecer la paz entre Roma y Constantinopla. La documentación pontificia presenta la recepción de Focio como una medida destinada a eliminar el escándalo del cisma y a recuperar la unidad eclesial.,
La política de Juan VIII no equivalía a considerar irrelevante la crisis anterior. El papa había apoyado los derechos de Ignacio y había rechazado la usurpación de su sede. Después de la muerte de Ignacio, sin embargo, la reconciliación exigía integrar a Focio en un nuevo orden de comunión. Juan VIII privilegió la restauración de la unidad, aunque la aplicación concreta de las condiciones pactadas provocó nuevas tensiones.
El concilio de 879-880
Durante el pontificado de Juan VIII tuvo lugar un nuevo sínodo en Constantinopla, celebrado en 879-880. Focio fue reconocido nuevamente como patriarca y la situación creada por el conflicto anterior quedó parcialmente superada. La recepción de Focio por Roma no eliminó todas las diferencias sobre Bulgaria ni resolvió definitivamente las divergencias acerca de la autoridad papal.
Las fuentes conservadas presentan interpretaciones distintas sobre el alcance exacto de este sínodo. La reconciliación fue real durante un periodo considerable, pero no estableció una solución definitiva para todas las cuestiones que habían alimentado la controversia.
Juan VIII condenó posteriormente a Focio por incumplir las condiciones aceptadas para la restauración de la comunión. Aun así, su intervención marcó un momento fundamental: el papa intentó sanar la ruptura mediante la readmisión de Focio y no mediante la perpetuación de las sanciones.,