Las causas teológicas fueron reales y no pueden reducirse a simples pretextos políticos. Sin embargo, tampoco explican por sí solas la ruptura. Los desacuerdos doctrinales adquirieron una fuerza divisiva mayor porque actuaron dentro de un contexto de rivalidades culturales, conflictos jurisdiccionales y enfrentamientos políticos.
La cuestión del Filioque
El término latino Filioque, que significa «y del Hijo», fue incorporado al Credo latino para expresar que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La forma griega del Credo afirma que el Espíritu Santo procede del Padre.
La tradición católica entiende el Filioque como una formulación legítima de la relación eterna entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La tradición bizantina objetó tanto el contenido teológico de la expresión como su incorporación unilateral al Credo ecuménico.
Para muchos teólogos orientales, el Padre es la única fuente u origen de la divinidad. Desde esa perspectiva, afirmar la procesión «del Padre y del Hijo» podía parecer una alteración del orden trinitario y una disminución de la monarquía del Padre.
La controversia también afectaba a la autoridad eclesial. Los orientales reprochaban a Roma haber añadido una expresión al Credo sin el consentimiento de un concilio ecuménico. Roma, por su parte, defendía que la fórmula latina explicaba fielmente la doctrina trinitaria y no introducía una nueva fe.
El Filioque no constituyó una causa aislada. La controversia se entrelazó con diferencias de lenguaje, historia y cultura. En el diálogo católico-ortodoxo contemporáneo, numerosos teólogos han reconocido que las dos tradiciones emplean formulaciones diferentes para expresar una fe trinitaria compatible en sus elementos fundamentales, aunque persistan cuestiones doctrinales y canónicas por resolver.
El uso de pan ácimo y pan fermentado
Otro conflicto giró en torno al pan utilizado para la Eucaristía. La Iglesia latina empleaba pan ácimo, mientras que la tradición bizantina utilizaba pan fermentado. Los bizantinos llamaban azymos al pan sin levadura y reprochaban a los latinos esa práctica.
La controversia de los ázimos no fue una cuestión superficial para los bizantinos. Miguel Cerulario la consideró un verdadero problema litúrgico y teológico, relacionado con la identidad de la tradición bizantina y con la acusación de que los latinos se apartaban de la práctica recibida en Oriente.
La Iglesia católica reconoce la legitimidad de las diversas tradiciones litúrgicas. El uso de pan ácimo en la liturgia latina y de pan fermentado en las liturgias orientales no destruye por sí mismo la validez de la Eucaristía, siempre que el pan sea verdaderamente de trigo y se respeten las condiciones sacramentales.
Otras diferencias litúrgicas y disciplinares
Las Iglesias latina y bizantina también diferían en diversas prácticas:
- El celibato obligatorio de los presbíteros en Occidente y la posibilidad de ordenar hombres casados en Oriente.
- El modo de administrar la confirmación o crismación.
- Las normas sobre el ayuno.
- La fecha y la disciplina de ciertas celebraciones.
- La forma de celebrar la liturgia.
- El uso de imágenes y las costumbres devocionales.
- La relación entre la autoridad episcopal, patriarcal e imperial.
Estas diferencias no rompían necesariamente la comunión eclesial. Durante muchos siglos coexistieron legítimamente dentro de la Iglesia católica. El problema surgió cuando las prácticas particulares comenzaron a presentarse como criterios de superioridad o como pruebas de infidelidad a la tradición apostólica.