La clemencia se define como la virtud que inclina a la moderación en la aplicación del castigo, mostrando indulgencia hacia quienes han cometido faltas1. Es una cualidad que se manifiesta en la acción de perdonar o de reducir la severidad de una pena. En la doctrina católica, la clemencia está intrínsecamente ligada a la misericordia (misericordia), la cual es considerada una perfección de Dios infinito2. La misericordia es descrita como la revelación histórica y la actualización moralmente perfecta de la caridad ante la realidad del mal2. La clemencia, por tanto, es una expresión concreta de esta misericordia, especialmente en el ámbito de la justicia humana.
Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologiae, explica que la misericordia, y por extensión la clemencia, es una virtud cuando el movimiento del alma es regulado por la razón3. Él cita a San Agustín, quien afirma que este movimiento mental de misericordia obedece a la razón cuando se concede de tal manera que la justicia es salvaguardada, ya sea dando al necesitado o perdonando al arrepentido3. Así, la clemencia no se opone a la justicia, sino que la perfecciona, y es una forma de amor que supera el mal con el bien2.
